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UN INNOVADOR DE ESTRUCTURAS

Transar cuando no hay más remedio


Stanford Anderson, (desde Cambridge, Massachusetts)

RACIONALISTA y poeta. Pensador profundo e íntegro. Un adalid de la justicia social. Un constructor con sentido práctico. Un ingeniero y arquitecto. Esto no es sin embargo el total de Eladio Dieste. Su idea y su obra están tan unidas, de un nivel a otro, que ya no es adecuado enfocarlas deductiva o inductivamente. Conviene comenzar por los ejemplos, porque quizás esa sea la única forma de llegar a la densidad en que se apoya la superestructura del pensamiento y el ser de Dieste.

El uruguayo virtualmente inventó la construcción en cerámica armada y se hizo el maestro de ella. La producción de su firma de ingeniería y construcción, Dieste & Montáñez, es considerable. La mayor parte de esa obra fue construida para propósitos tan humildes como los depósitos, la producción fabril y las instalaciones para deportes menores. Fueron hechas bajo los límites financieros que esos encargos suponen, pero Dieste trascendió tales restricciones.

ELEGANCIA Y ECONOMIA. Casi todas las obras de Dieste emplean uno de los dos tipos fundamentales de estructura que él desarrolló a partir de la cerámica armada. Dio el nombre de Gausas a un sistema de bóvedas de doble curvatura, que está bien ejemplificado por una fábrica de TEM en Montevideo (1960-62, con una luz de 43 metros), la planta empaquetadora de cítricos en Salto (1971-72, con 46.5 metros) y el depósito de la Administración Nacional de Puertos en Montevideo (1977-79, con 50 metros). Con una luz tan amplia, el ascenso proporcional de la bóveda debe ser pequeño.

Dieste dio una solución elegante y económica a ese problema. La firma Cítricos Caputto es un ejemplo de bóveda de doble curvatura discontinua. La cubierta consiste en una sucesión de bandas, cuya sección en forma de "S" proporciona, con economía de recursos, la resistencia necesaria para soportar los esfuerzos.

La parte alta de cada "S" coincide con la parte baja del siguiente, de modo que entre ambas se produce una generosa abertura (lucernario) que proporciona una excelente calidad y distribución de la luz natural en el espacio interior. Cada sección transversal de la bóveda es una curva catenaria que, bajo la carga del peso propio, asegura fuerzas de compresión dentro de la bóveda.

En los silos horizontales para depósito de granos, como el de Young (1976-78, con 30 metros de luz), la altura es una ventaja y en cambio la iluminación es perjudicial. En tales términos, Dieste utilizó bóvedas de doble curvatura continua. Un reciente silo en Nueva Palmira (1996-97) tiene una luz de 45 metros y una capacidad de 75.500 toneladas. De índole utilitaria, los silos son sin embargo impresionantes por su escala y su apariencia visual.

El otro tipo característico de bóveda de Dieste es la bóveda autoportante, utilizada en dramáticas y variadas formas en las Agroindustrias Massaro (1976-80). Estas bóvedas son capaces de actuar como vigas. Las bóvedas pueden prolongarse en largos voladizos. El espacio principal de trabajo en Massaro se compone de cinco largas bóvedas, unidas en fila. Cada una tiene una escala considerable. Un área cubierta, de nueve mil metros cuadrados, requiere solamente 24 columnas.

La zona de entrada a Massaro aumenta el interés y el dramatismo de los voladizos. Este dramatismo de forma y luz se acrecienta por lo delgado del espesor de las bóvedas. Parece correcto, entonces, que la frase "liviano como un ladrillo", según titula Juan Martin Piaggio su libro Leggero como un mattone: La architetture de Eladio Dieste, haya sido inventada para su obra.

LA IGLESIA DE ATLANTIDA. Dieste construyó algunas obras de superior y exitosa ambición arquitectónica, empleando sus innovaciones estructurales. Este es otro signo de la compleja integración de pensamiento y obra de Dieste, de que era un arquitecto tanto como un ingeniero: sus mayores logros arquitectónicos no esperaron a la evolución de sus innovaciones técnicas. Dos de sus más notables obras arquitectónicas, la iglesia de Atlántida (1958-60) y su propia casa (1961-63) fueron realizadas tempranamente y suponían ya algunos pasos en el progreso de su programa técnico.

Atlántida es una pequeña zona de trabajadores agrícolas y manuales. Los donantes de la iglesia querían sólo poco más que una estructura utilitaria. Como hombre religioso, pero aun más como hombre de convicciones sociales, Dieste transformó el encargo en otro distinto, al que, dándole la generosidad de su propio tiempo, convirtió en un sitio de culto e inspiración para esa comunidad y para quienes lo visiten.

Los muros de la iglesia son una serie de conoides, que formando una superficie curva se elevan desde una línea recta en el piso a una serie de profundas curvas sinusoidales en la parte superior del muro. El techo es una bóveda continua de doble curvatura, calculada de tal forma que las curvas del techo y de la pared se encuentran entre sí, notablemente, en cierto nivel. Esta etapa de Dieste es todavía un momento temprano en su desarrollo de la bóveda de doble curvatura y es radicalmente innovadora en la relación entre techo y muro.

La entrada a la iglesia se hace por la fachada norte, que es la dirección del sol. Sin embargo, debe considerarse antes la entrada simbólica a la iglesia, que subraya el compromiso de Dieste con la ceremonia, con el rito del bautismo y con el movimiento en la iglesia. Antes de la fachada y a la izquierda hay una simple y pequeña estructura en ladrillo, que alberga a una escalera, la que desciende hasta un baptisterio subterráneo, con una claraboya de ónix. Tras esta entrada sacramental a la iglesia, un pasillo conduce bajo la iglesia y asciende hasta otro sitio, justo debajo de la entrada principal. Desde este punto de llegada se abre una vista a la planta simple y abierta de la iglesia, con sus complejas y fuertes superficies pero con una fácil continuidad desde la nave al santuario, desde el público al sacerdote. Dieste ya proponía aquí una relación directa, antes de que ésta fuera proclamada por el Segundo Concilio Vaticano.

En la iglesia la luz es suave. Desde la entrada no hay una aparente fuente de luz y sin embargo los muros están bañados por una luz reflejada dentro de la nave. Hay asimismo un evidente resplandor en las bóvedas. Estos dos fenómenos de la luz son provocados, respectivamente, por ventanas en el reverso de los muros y por una serie de placas de cerámica armada dejando espacios entre sí, que se cubren con delgadas hojas de alabastro en la fachada sobre la entrada. La separación con una línea de luz acusa la independencia estructural entre el muro de fachada y la bóveda del techo. Todas estas fuentes reciben la dominante luz del norte, pero la difunden en el espacio. Un anillo de pequeñas aberturas en la bóveda del techo agrega iluminación al altar.

En su residencia familiar, por otra parte, Dieste construyó una casa con patio para su vasta familia en una altura junto al Río de la Plata, en el barrio montevideano de Punta Gorda. Como le era característico, Dieste unió las realidades prácticas del hogar con sus mayores ambiciones. Aquellas son las realidades de acomodar a su extensa familia, las restricciones impuestas por el sitio, el compromiso con un material no dominado y el sistema estructural. Todo ello se hace integral con una simple pero elocuente organización del espacio, el flujo de la luz natural según las estaciones y las sutilezas de la escala y del detalle. Dieste es otra vez el arquitecto.

LAS LEYES DE LA FISICA. Es la calidad integral del pensamiento y la obra de Dieste lo que le destaca como maestro en el arte estructural y como arquitecto. Sigue siendo cierto que su formación fue la de un ingeniero. Los largos voladizos de sus bóvedas o la condición mágica del volado en cuatro direcciones en la Gaviota de Salto, nos conducen a la maravilla. Pero Dieste advirtió: "yo también obedezco a las leyes de la física". La observación no fue una mera expresión de modestia. A Dieste le encantaba la teoría, como lo demuestra su querida cita de la expresión de un maestro suyo cuando fue enfrentado a la duda sobre la teoría. "Teórico, teórico, ¡el teórico que fracasa en la realidad es porque no es lo bastante teórico!". Dieste innovó en estructura precisamente porque no aceptó los límites de la práctica existente y de las reglas ya codificadas. Partió de las leyes de la mecánica, combinándolas con su incisiva comprensión de sus problemas y potencialidades. De allí surgió su inventiva estructural y después la necesidad del invento en la construcción. Al final, se unieron las leyes de la física y la simple apreciación sobre el ladrillo.

Entre los principios de Dieste es fundamental su preocupación con las superficies. No sólo evitó los sistemas de cuadros rectilíneos sino las formas curvadas bidimensionales, como los arcos y las costillas. Las múltiples líneas catenarias de las bóvedas de doble curvatura giran en el espacio. La simple curvatura de las bóvedas autoportantes puede ser descrita en dos dimensiones, pero es su extensión en las superficies catenarias y su economía en las vigas lo que las hace efectivas. La evidencia está allí. El compromiso de Dieste con estructuras efectivas de superficie ha sido tan lograda que nos inclinamos a ver sus vastas y delgadas bóvedas como línea o como borde.

Más allá de su compromiso fundamental con la integridad estructural y con la técnica correcta, Dieste insistió en que algo más era necesario y exigible. Sus estructuras de superficie son también un compromiso con la importancia de la forma, no sólo en términos estructurales. Ingresó al reino de la arquitectura y la vio como un arte. El detalle y la perfección de la obra de albañilería en la iglesia de San Pedro de Durazno no son fines en sí mismos sino la comprensión de lo que era necesario para que ese espacio alcanzara su elocuencia.

UNA VISION POLITICA. Para que Dieste fuera eficaz dentro de las restricciones del Uruguay de postguerra, le era necesaria una estrategia. No adaptó por nostalgia o sentimiento hacia el ladrillo lo aprendido sobre el diseño de hormigón armado. La producción de materiales de cerámica era una industria apropiada para el Uruguay. Dieste decidió cómo utilizar con eficacia tales materiales desde un enfoque estructural. Asimismo ideó y practicó, con su propia empresa de construcción, cómo edificar con economía y rapidez. El vasto territorio cubierto por las bóvedas de Dieste atestigua su competitividad. A la unidad de construcción, de ingeniería y de arquitectura podemos agregar la sabiduría de cómo trabajar eficaz y prácticamente, pero también social y culturalmente.

Políticamente, Dieste encara las realidades de la situación en los países subdesarrollados, reconociendo las restricciones pero criticando asimismo los excesos de lo que se toma como positivo en las naciones desarrolladas. La suya es una caracterización humana del desarrollo. Tuvo el coraje de hablar de "la plenitud y felicidad del hombre" como objetivo. En su concepto del desarrollo, los países subdesarrollados pueden llegar a tener ciertas ventajas. Tal argumentación no es ingenua. El reconoce que las áreas significativas de la investigación sólo pueden ser emprendidas por fuertes sistemas económicos. Sin embargo, esto es coherente con su preocupación por enfocar problemas dentro de cada situación. Su momento y su sitio también presentaban problemas que él podía encarar con inventiva, para beneficio de otros.

Esa es la economía cósmica de Dieste y puede ser aplicada no sólo para comprender la organización y la producción de grandes empresas del hemisferio Norte sino para criticar sus deficiencias. Era realista respecto a los límites de lo que su país podía conseguir, pero era optimista y progresista respecto a lo que el país podía alcanzar, en producción pero especialmente en términos de cultura y de igualdad social.

En el homenaje a su tío, el poeta Rafael Dieste, subrayó sus intensas y compartidas preocupaciones: la epistemología científica y la poesía. Leo esto con gratificación, porque he quedado impresionado con las sensatas continuidades que me pareció reconocer en Dieste, desde el peso de un ladrillo hasta los elementos de un discurso teórico y filosófico. Un índice significativo de la posición epistemológica es la visión de los argumentos teleológicos, como lo hace Dieste: "No es fácil tener la imagen clara del fin pero sí de los principios que han de informarlo. Por eso es un error radical lo de que ‘el fin justifica los medios’. No sabemos cuál es el fin; sabemos a qué deberá ser fiel y no lo será si en la acción traicionamos esos principios que han de darle forma. No podemos, pues, posponer para la ciudad futura la belleza y la dignidad que tanto necesitamos para resistir el rigor de la vida; no podemos posponerlos como principio, aunque podamos tener que transigir en la práctica; hay que transigir cuando no hay más remedio y buscando siempre lograrlos".

Esa cita puede inaugurar nuestra consideración sobre lo que aun podemos aprender de Dieste. Aparentemente comparto con él una herencia intelectual que desconfía del determinismo histórico y de ideas tales como el espíritu de los tiempos. Las teleologías, sean de perdición o de ingenuo optimismo, son desvíos. También Dieste llegó a vivir en circunstancias diferentes a las del alto modernismo. Pero ni el "alto modernismo" ni el "posmodernismo" son fenómenos monolíticos. Hay mucha complejidad en cada momento histórico. Para tomar sólo el tema de la racionalidad. No todo el modernismo fue practicado racionalmente y, lo que es más importante, sus mejores obras, incluyendo aquellas de Dieste que procuraban una intención racional, no seguían algún vacío racionalismo lineal. Una racionalidad sutil es no sólo posible sino deseable. Para volver a Dieste: comencemos con los principios apropiados al material que tenemos, sean las leyes de la física o los compromisos de la justicia social, y trabajemos entonces con diligencia y sutileza en los muchos niveles del problema.

LO CONCRETO Y LO TRASCENDENTE. Excepto por las necesarias barras de refuerzo y la lechada, las construcciones de Dieste nada esconden. La estructura que resiste a la gravedad y al viento, y la forma y espacio arquitectónicos son una sola cosa. Compárese esto con la iglesia de Le Corbusier en Ronchamp, donde la estructura del techo está oculta, la albañilería de los muros está cubierta con estuco y la forma y el espacio han sido esculpidos por el arquitecto con independencia de las exigencias estructurales. En su capacidad para construir edificios con forma, espacio, luz, material y estructura para soportar peso, sin comprometer a ninguno de esos factores, Dieste no tiene un igual entre arquitectos o ingenieros.

Es la apelación a los principios lo que se conserva hoy como la más importante lección de Dieste, y no sólo en sus amplios términos filosóficos. Dieste demostró que un material humilde, que había sido fundamental desde viejas épocas de la construcción, podía ser la oportunidad para la innovación práctica, económica, social y artística. Su esfuerzo elevó su propia vida y su producción, la de sus compañeros trabajadores, y la de quienes experimentan su obra. Aparte del interés intrínseco de ese fenómeno, la carrera de Dieste ofrece un modelo para la innovación. El suyo es un logro que alienta a todo diseñador, a todo constructor, ya sea que emplee materiales y técnicas nuevas o tradicionales, para anticipar un potencial sin precedentes en prácticamente toda situación.

(trad. HAT)

 
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