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Una
basílica sin columnas
S.A.
EN 1967, EL
TECHO original de madera de San Pedro de Durazno ardió y
sólo se pensaba en su reemplazo. La iglesia está ubicada
en el costado sur de la plaza principal de la ciudad, y presenta
sólo una fachada hacia la plaza. La fachada posee elementos
románicos y renacentistas. Sobrevivió al incendio
y fue incorporada al diseño nuevo.
El plano de
la iglesia antigua era una basílica simple de tres naves
con naves laterales más bajas más allá de una
hilera de columnas. Si la intención de reconstruir se hubiera
limitado a un techo a prueba de incendio, no se habrían producido
mayores consecuencias arquitectónicas. Sin embargo, querían
reconstruir todo lo que estaba más allá del pórtico,
y Dieste aprovechó al máximo esta oportunidad.
Cualquier nuevo
diseño estaba limitado por el sitio rectangular en medio
del bloque. El diseño de Dieste tiene un plano engañosamente
simple. Es un rectángulo que no sugiere una direccionalidad
definida. Hacia el sur, la nave central sigue hasta un santuario
constituido por cinco lados de un octágono levemente irregular.
La sección transversal de la nave central también
es simple; sin embargo, éste es el primer paso para lograr
una organización espacial sorprendente. Una vez más
el corte es de basílica; sin embargo no hay columnas ni pilares
notablemente nada que separe la nave central de las
naves laterales. Como las naves laterales sumadas son más
anchas que la nave central y comparativamente bajas, la nave central
logra una direccionalidad horizontal vigorosa. Las altas paredes
laterales de la nave central se inclinan hacia adentro de tal modo
que el ancho a nivel del techo es sólo alrededor de la mitad
de la altura de la nave, y la altura aparente se intensifica. Las
direccionalidades horizontal y vertical obtenidas con las paredes
laterales inclinadas de la nave central son así más
enfáticas, y resuenan de significación simbólica
al volcarse sin fisuras en los muros del santuario. Estas paredes
se alzan bien por encima del techo de esta nave, albergando una
amplia ventana al norte que aporta luz solar directa que baja sobre
la pared sur desprovista de ventanas.
El techo de
la nave central es un complemento fuerte de las paredes poderosas,
que continúa hacia la altura del santuario, en una elevación
que parece no tener límites. Como todas las demás
superficies, el techo es todo de ladrillos, formado por largas placas
dobladas que integran un techo bajo a dos aguas. El final de ese
techo bajo en el sur suministra un fuerte punto focal central y
una línea de sombra aguda contra la luz del santuario. Las
amplias placas del techo están estabilizadas lateralmente
por placas horizontales que se extienden más allá
de las paredes de la nave, actuando como vigas horizontales. Y de
pronto, la sorpresa: hay una delgada faja continua de luz entre
la parte superior de la pared de la nave y el techo, que brinda
una suave iluminación en toda la iglesia, sin competir con
la luz focal sobre el altar. La faja horizontal de las ventanas
del triforio hace algo más que admitir la luz. En este edificio
que recuerda tanto la artesanía como la tectónica
sólida, la imposibilidad aparente de esa fuente de luz deja
al espectador con la convicción de que aquí, en esta
iglesia, el propio mundo de lo material ha sido superado.
Debido a esta
ingeniosa estructura, la nave central es, después de todo,
una fuerza direccional poderosa donde las formas, la tectónica
y la luz tienen una coherencia total, centrando sutilmente la atención
sobre la parte más sagrada de la iglesia. La continuidad
espacial de la nave central y de las naves laterales son un fenómeno
secundario, pero de importancia vital para crear un sentido de unidad
entre los congresales y los oficiantes religiosos, de acuerdo con
las convicciones religiosas de Dieste.
Queda una sorpresa
final. Al darnos vuelta para partir, vemos la tercera, y la única
otra fuente de luz a través de una abertura que es un tour
de force de albañilería en ladrillo. La fachada antigua
que enfrenta a la plaza contiene amplias ventanas ojivales que dan
una luz generosa al alto pórtico. En la nueva pared interna
del pórtico (la pared trasera de la nave), Dieste suspende
sobre delgadas varillas de acero cinco "anillos" concéntricos
de ladrillo en un hexágono irregular, creando una ventana
alta que saca su luz de la fachada. También aquí la
belleza de la luz y la improbabilidad del fenómeno material
desafían cualquier intento de comprensión.
Conmoción
Víctor
D. Rodríguez, (desde Durazno)
SI AUN HOY la
obra de Dieste resulta un desafío para mentes entrenadas,
resulta comprensible que cuando la iglesia de Durazno tomó
forma, los habitantes locales miraran con recelo la invención.
Fue tal el impacto
visual para la época que "muchos feligreses dejaron
de concurrir durante un tiempo a la iglesia por temor a que el techo
se les viniera abajo" cuenta el Padre Juan Pedro Villanueva
de 71 años, que trabajaba junto al Padre Silva cuando se
inauguró la nueva iglesia. Tras el incendio del mes de mayo
de 1976 había llegado el turno de determinar qué tipo
de obra se iba a realizar, lo que llevó muchas idas y venidas.
Al final se formó una comisión de notables duraznenses,
asiduos al templo. "Dieste venía a Durazno cada quince
días, y recuerdo que el Padre Silva le decía que cómo
iba a venir cada tanto tiempo, a lo que Dieste le contestaba, ¿acaso
Ud. cree que yo no sé con qué personal estoy trabajando?"
Los insumos en su mayoría ladrillos y gran parte
de la mano de obra eran de Durazno. El Padre Villanueva recuerda
que el capataz de la obra era "un italiano chiquito, fortachón,
un capataz extraordinario, brillante y muy trabajador".
Sobre la obra
en sí, el clérigo disentía sobre las bondades
de la edificación. "Yo le decía a Dieste que
para mí el templo era el lugar donde se reunía la
comunidad para alabar a Dios, un lugar agradable, lindo; pero la
transformación de la iglesia dejaba un panorama oscuro y
monótono".
El maestro jubilado
Pedro Ltaif también tiene frescos en su memoria aquellos
episodios. "La obra de Dieste tuvo mucha resistencia en la
población, se trataba de un diseño totalmente nuevo,
y el pueblo estaba acostumbrado a la iglesia tradicional, la de
toda la vida. Todavía hoy hay quienes objetan este trabajo,
al igual que el Cristo de Claudio Silveira Silva".
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