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ASI
ES LA HISTORIA
El
año de Eladio Dieste en el MOMA de Nueva York
Dieste integra la lista de celebridades a las que el Museo de Arte
Moderno, la Universidad de Princeton y el MIT de Massachusetts,
rinden homenaje y les dedican un año.
Una vez más
Uruguay estará en la mira del mundo cuando el próximo
miércoles 30 el renovado Museo de Arte Moderno de Nueva York
(MOMA) rinda homenaje al fallecido arquitecto e ingeniero uruguayo
Eladio Dieste.
Se trata de la "Conferencia Félix Candela" que
desde 1997 premia cada año a ingenieros estructurales de
primera línea en el mundo; y el 2005 es el año de
Eladio Dieste.
El premio Félix
Candela surgió por un acuerdo entre la asociación
de ingenieros estructurales de Nueva York, el Museo Tecnológico
de Massachusetts (MIT), el MOMA y la Universidad de Princeton. En
este caso, fue el decano de arquitectura del MIT de Massachusetts,
Stanford Anderson, quien abrió la puerta a Dieste al editar
el libro "Innovaciones en Arte Estructural" dedicado a
su obra, y lo presentó en la intendencia de Montevideo meses
atrás.
Stanford Anderson
es un admirador de la obra de Dieste, en especial de la iglesia
San Pedro de Durazno, a la que considera uno de los logros arquitectónicos
más perfectos de la segunda mitad del siglo XX a nivel mundial.
En una edición
especial del suplemento Cultural de este diario que se dedicó
a Eladio Dieste, Lászlo Eldérlyi escribió:
"Mientras los uruguayos ven con cierta indiferencia las construcciones
en cerámica armada de Eladio Dieste, los extranjeros vienen
cual modernos peregrinos a visitarlas desde Asia, Europa,
Norte y Sudamérica, para admirarlas con devoción casi
religiosa."
"En mi
opinión es un evento de una trascendencia muy grande, sobre
todo por lo que significa que una manifestación cultural
de Uruguay se presente en un ámbito como ese", dijo
Esteban Dieste, el segundo de los once hijos de Eladio.
¿Cómo era su padre trabajando?
El era una persona
que tenía una cabeza fuera de lo común, sin duda,
y como tal, trabajar con él no era fácil porque él
tenía muy claro lo que quería hacer y cómo
lo iba a hacer; uno contaba como un ayudante. Tenía una personalidad
muy dominante. El primero que trabajó con él fue mi
hermano Eduardo, que es administrador de la empresa. Luego Antonio,
que es ingeniero civil, trabajó en la empresa durante varios
años hasta que se retiró y formó su propio
estudio de cálculo estructural. Cuando Antonio quiso ser
independiente como ingeniero tuvo que irse, porque al lado de papá
era casi imposible serlo. Hacer su propio camino no era fácil
junto a él, porque vivía tan intensamente lo que hacía
que no daba paso a que otro interviniera. Incluso lo que él
hacía lo entendía como un camino que estaba abierto
y que otros podían seguir. "El camino de la cerámica
armada está lleno de posibilidades", nos decía.
Esteban recuerda a su padre como un gran humanista que se preocupaba
esencialmente por la felicidad del hombre y porque los espacios
llevaran a una vida más feliz. "Esos temas lo preocupaban
y los vinculaba a lo religioso porque era un católico muy
ferviente", cuenta.
Y en su ensayo Tecnología y Desarrollo, el propio Eladio
Dieste escribió : "Es esfuerzo bien gastado todo aquel
que lleve al hombre a ser más feliz, a ser más hombre.
Por eso está bien gastado el esfuerzo dedicado a la ciencia,
al arte, al cuidado de la salud; a hacer de la tierra, de nuestros
campos y nuestras ciudades, de veras el hogar del hombre. Entendido
así el desarrollo es bueno y saludable".
¿Qué siente como hijo de un hombre tan reconocido?
Obviamente un
orgullo muy grande. Es inevitable sentirse orgulloso de una personalidad
así.
¿Alguna vez los hijos lo sintieron como una sombra?
Probablemente
sí. Como aplastados u oprimidos. No ahora sino cuando éramos
más jóvenes. Recuerdo que cuando yo iba a dar un examen,
mi mayor preocupación era que papá se sintiera satisfecho
de lo que uno podía hacer o llegar a ser. Ya desde que era
liceal yo tenía la idea de que él era un hombre fuera
de lo común, que no era igual a los padres de mis compañeros
porque él era un hombre destacado.
¿Eso lo confundía?
Durante algunos
años sentía como la obligación de que si él
era así uno también tenía que ser destacado.
Después los porrazos de la vida le enseñan a uno que
no es así. Genio sos de vez en cuando, y uno aprende que
la felicidad en la vida está en muchas otras cosas también:
en la mujer, en los hijos, en los momentos cotidianos. Pero yo soy
feliz de haberlo conocido. A él, por supuesto, y también
a través de él a otras personas como a Eduardo Yepes.
¿El escultor?
Sí. Para
mí Yepes fue como un segundo padre. Filosóficamente
él era lo contrario de papá porque era republicano,
anticlerical. Era un anarquista puro, un liberal absoluto para el
que no existían reglas más que la fidelidad a una
amistad. Eran íntimos amigos con mi padre. Es curioso que
alguien que era anticlerical hiciera el cristo de la iglesia de
Atlántida. Papá no quería que lo hiciera otra
persona más que él porque lo respetaba mucho como
escultor, como artista y por supuesto como amigo.
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