ELADIO
DIESTE (1917-2000)
El
Señor de los ladrillos
László Erdélyi
MIENTRAS
LOS uruguayos ven con cierta indiferencia las construcciones en
cerámica armada de Eladio Dieste, los extranjeros vienen
cual modernos peregrinos a visitarlas desde Asia, Europa,
Norte y Sudamérica, para admirarlas con devoción casi
religiosa. Mientras su obra es ocultada y demolida en forma progresiva,
como sucede en el caso del Montevideo Shopping Center, en el 2004
fueron publicados en Estados Unidos y en Italia dos libros lujosos
sobre sus realizaciones, por editoriales de arquitectura de primera
línea que han publicado a Le Corbusier, Frank Lloyd Wright,
Frank Gehry, Aldo Rossi, o Louis Sullivan, es decir, que Dieste
ha pasado a integrar el selecto club de los más grandes arquitectos
del mundo. Algo raro está sucediendo.
Siguiendo
la línea de los números especiales de El País
Cultural, y en particular el dedicado a Joaquín Torres-García
(No. 736), el Especial Dieste convocó a figuras importantes
del mundo, en este caso arquitectos e ingenieros allende fronteras.
Para
muchos de estos extranjeros esa genialidad desborda lo meramente
técnico y alcanza rasgos metafísicos. Para el decano
de arquitectura del MIT de Massachusetts, Stanford Anderson, la
Iglesia de Durazno es uno de los logros arquitectónicos más
perfectos de la segunda mitad del siglo XX a nivel mundial, y la
compara con la Iglesia de Ronchamp, obra emblemática de Le
Corbusier. Otros, también desde el Primer Mundo, insisten
en señalar cómo la filosofía de Dieste debería
ser una guía para sus propios compatriotas sobre cómo
operar en un mundo de oportunidades desparejas, dejando de mirar
a ese Primer Mundo y confiando en los recursos intelectuales y materiales
propios. Por último, hay quien afirma que la carrera de Dieste
ofrece un modelo para la innovación aplicable a cualquier
disciplina.
Estas
páginas ofrecen aportes desde tres continentes.
|