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MARIÁNGEL SOLOMITA
Fotos: T.Costs y L.Mangado
Usted es la culpable. Usted señora de bufanda roja que espera en la puerta del Banco de Previsión Social y que no imaginó que, en una mañana lluviosa y helada de junio, en medio de la Plaza Matriz, El Cuarteto del Amor comenzaría su rutina cantándole Bella flor.
"Han llegado nuevas flores de ilusión, flores que hablan del amor y de los dos, una dulce melodía de placer me ha acercado a tí, la más bella mujer."
Se le ve la vergüenza en sus manos que aprietan la cartera y en una mueca en el rostro de sonrisitas nerviosas, miradas al piso y hacia el costado buscando la comprensión de otra señora cincuentona que la compadece con la mirada.
El Cuarteto del Amor insiste y a una distancia prudente, desde la peatonal Sarandí, pegados al carrito de helados de La Cigale, sigue: "bienvenida eres tú a mi corazón como reciben las flores al calor del sol. Hoy miramos juntos el amanecer luego de recordar nuestro amor. Hoy es el mejor momento de decirte que yo estoy para tí, bella flor."
Los cuatro integrantes le hacen ademanes, sin quitarle ojo. Uno, el cantante principal, se adelanta, coloca su sombrero en una mano y lo estira hacia usted, que a unos metros le devuelve la intención inclinando levemente la cabeza.
Retoman el estribillo cambiando de postura, ahora los cuatro músicos están más juntos y la miran de perfil, dos se agachan, los otros se adelantan, y diciendo lento, casi sin música, le repiten: "hoy es el mejor momento de decirte que yo estoy para tí, bella flor".
Terminó su serenata, 2 minutos que la hicieron sonrojar y reír entre decenas de transeúntes que miraban a la banda y la miraban a usted sorprendidos. Algunos trancaron el tránsito de a pie deteniéndose por un ratito, para ser testigos de su momento y darle una pausa romántica a ese lunes invernal.
Amor internacional. El 7 de marzo de 2011 Andrés Lazaroff tuvo un sueño que le cambió la vida. "Estaba en una calle de adoquines, húmeda, era de noche y tenía una luz extraña, iluminada por farolitos. Yo caminaba y escuchaba el tic tic tic de mi toc-toc. Y un sonido, como si estuviera tarareando. Había varias puertas como si fueran entradas a galerías, y yo entraba, cantaba y salía. Hacía lo mismo en cada galería. Cuando me desperté sabía que tenía que cantar serenatas y que el grupo tenía que llamarse El Cuarto del Amor. Me anoté la fecha para no olvidarme de ese día".
En ese tiempo Andrés vivía en Córdoba, donde fue para estudiar música, integró la banda Biernes y se quedó 7 años. Los últimos meses los pasó junto a otros tres músicos y amigos vestido de moña y zapatos negros, maracas en mano y toc-toc en el bolsillo del saco. Con voz de locutor de emisora de tangos, anunciaba en el centro de Córdoba la presencia del Cuarteto del Amor y su espectáculo "El Coconut Arenas", entre los que destacaba la inclusión del éxito, Melón melocotón.
En febrero de 2012, de vuelta en Uruguay, Lazaroff creyó conveniente hacer convivir su participación en la murga Falta y Resto (compone la música y actúa) con la creación de un nuevo Cuarteto del Amor esta vez montevideano.
"Pretendo la unión de los cuartetos del amor, que los dos que existen toquen los mismos temas. Quiero crear la orquesta del amor: juntar en algunos espectáculos a las dos formaciones que ya existen. Es algo que me divierte mucho: quiero crear cuartetos del amor por todo el mundo".
Al lado de tí. Primero conoció a Javier "Bellini" Alves, guitarrista que gusta de entonar tangos en tonos altos mientras la banda camina por las calles buscando una nueva ubicación.
"Bellini" llegó temprano y espera junto a Nicolás "Benito" Almada, o "Nicoleto", o "Benny" -en cada presentación el apodo cambia-sentados en un banco que mira hacia la fuente de mármol blanca. Desde la calle Ituzaingó se ve venir a Andrés "Andrade" Lazaroff, y como si estuvieran coordinados, Mauricio "El pibe" Sepúlveda se acerca caminando por Juan Carlos Gómez.
Hace un mes que El Cuarteto está en acción. Y como aquella primera vez en que aseguran que Benny tenía la espada en la espalda de lo duro que estaba, el recorrido musical de hoy comienza en el ombligo de la Ciudad Vieja. Para calentar gargantas, primero, un traguito de grapa. Se acomodan el vestuario y estudian un posible escenario. La presencia femenina es determinante.
Mariposa consentida. Observando el protagonismo de la señora de bufanda roja, y de una pareja de recién casados -ella venezolana y él uruguayo- que bailó apasionadamente Al lado de tí, con pequeñas intervenciones de la joven y bella novia que respondía ante versos como "hoy amanecí y tu cara fue lo primero que vi, qué belleza de empezar otro día más con tus ojos dedicados a mí. Nos despertamos de un modo inesperado, los sueños se han convertido en realidad, hoy la mañana es de los dos testigo, entre tú y yo", con grititos sensuales y entusiastas, la joven de lentes marrones, cerquillo y saco verde se sentó en un bando de frente a la banda.
Lo pedía: "Para la joven de verde, El Cuarteto del Amor le dedica, Mariposa consentida." Sin quitarse los lentes grandes, prendió un cigarrillo y lo fumó elegantemente, abstraída del movimiento de ejecutivos y turistas, disfrutando sus 2 minutos de falso amor.
Dos veteranos que miraban de costado la función aplaudieron sonrientes, fueron hasta el estuche de guitarra abierto y sobre el forro de terciopelo violeta depositaron un billete cada uno como donación y se llevaron las tarjetitas para contratar "serenatas a domicilio, agasajos, eventos y casamientos."
Amor caribe. En su tiempo como serenatistas anti mariachi, El Cuarteto del Amor ha funcionado como banda de sonido de distintos acontecimientos fuera de lo común. Musicalizaron un cumpleaños de 90 años, tocaron los últimos temas que una pareja bailó junta para celebrar su divorcio, se sorprendió ante el pedido de casamiento de un cliente. Ha visitado a quinceañeras que recibieron a los músicos cuales Beatles, con gritos que anunciaban su llegada y pedidos de fotografías. Y se emocionó, hasta contener las lágrimas, cuando Felipe, un jovencito que se los cruzó en la calle, bailó con su novia Joaquina 20 minutos de serenatas. Este cuarteto mensajero de lo común del amor, comprende que esa actitud alegre y amorosa mueve quién sabe qué cosas en el interior de sus receptores que provocan reacciones de todos tipo, y a veces la emoción ajena puede darles ganas de llorar.
Otras veces, como cuando se proponen hacer cuatro temas en 18 de Julio y Convención, compitiendo con el ruido de los motores y un parlante que emite a Maná, cantan para nadie. Pero la canción se canta enterita, la coreografía se respeta y la reverencia se hace aunque el aplauso no llegue nunca.
Por ahí se acerca alguna mujer, divertida por la pinta de estos jóvenes, y no sabe lo que le espera. Qué le digan "para usted señora, está dedicada esta dulce Amapola" y la sigan hasta la parada del ómnibus, llena de gente, abandonando el estuche media cuadra atrás. Ella escucha los versos tapándose el rostro, agradeciendo, y hace un gesto de que llegó su ómnibus "¡No, no podés!", le grita un observador. Y el cuarteto enamorado, plantado en la vereda, la mira subir, comprar el boleto y abrirse paso mientras le sigue cantando, hasta que ella consigue un asiento y le manda un beso desde la ventanilla.
El sonido del cuarteto: guitarra clásica, clarinete, maracas, toc-toc, tiple chileno y las cuatro voces.
Los cuatro músicos que integran a este cuarteto que canta serenatas propias y de antaño, recorren las calles del centro de Montevideo las mañanas de los lunes, martes y viernes. Los fines de semana visitan ferias y eventos públicos. Van a domicilios, van a fiestas, van a dónde se los necesite. Para contactarlos búsquelos en facebook, o esté atento a cruzárselos cuando menos se lo imagine.





