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 Sábado 20.11.2010, 05:53 hs l Montevideo, Uruguay
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Sábado Show

Metamorfosis Álvarez

Chau etiquetas. El periodista Ignacio Álvarez no arriesga un rótulo para enmarcar a Las cosas en su sitio, que lleva 10 años al aire. Periodístico, pero con apuesta al humor y al entretenimiento.

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Por: M.Bardesio y M.Varela

Soy alguien en permanente cambio. La consigna de Ignacio Álvarez se probó más de una de una vez para su ciclo radial Las cosas en su sitio (9:00 a 12:00, Radio Sarandí). Primero fue la mudanza en el dial: de FM a AM, de la 91.9 a Sarandí. Ese clic en la perilla era de temer para un joven perteneciente a la generación Frecuencia Modulada, que se detenía en AM sólo para escuchar los relatos de fútbol. Apenas recibió la propuesta se quiso morir: "Era la frecuencia que escuchaban mis abuelos", confiesa. Pero revivió y asumió el cambio como la oportunidad que significaba: "Suponía empezar a jugar en la cancha grande y sentarse en el sillón donde había estado Néber Araújo y Jorge Traverso. Y competir de igual a igual con Emiliano Cotelo", reconoce el periodista.

Un nuevo quiebre aconteció tiempo después, con la retirada de uno de los máximos exponentes del ciclo, Darwin Desbocatti. Sin esa presencia al aire, Álvarez sintió que se le venía la noche, y en su momento pensó: "Esto va a ser durísimo". Mantuvo la calma, no se desesperó ni salió corriendo en busca de un suplente. "Creo que fue una buena decisión. Haberlo hecho hubiera sido mandar a la guerra a quien fuera que viniera detrás, así fuera Pelé", dice al respecto. El equipo optó por fortalecer las armas que tenía y las cosas se volvieron a poner en su sitio solitas. La aparición de Gustaf y su versatilidad marcaron el punto de partida para una nueva etapa del programa. La gran batería de personajes que hoy desarrolla el cómico al aire integran una pata central en Las cosas en su sitio. La incorporación de Martín Fablet, que entró haciendo "un chivo" de su empresa y se quedó con la coconducción, también jalonó sus hilos para que el ciclo se transformara en lo que es hoy.

¿Y qué es hoy?

Ni siquiera Álvarez encuentra palabras certeras para definirlo y enmarcarlo en un género particular. Las cosas en su sitio actual dista bastante de aquel que desembarcó en AM en 2001. Es innegable que sigue habiendo espacio para el contenido periodístico y queda demostrado a partir de informes con periodistas que se "embarran" en la realidad y entrevistas arriesgadas. Sin ir más lejos, uno de los periodistas del ciclo, Juan Miguel Carzolio, puso al descubierto un caso de coima en la IMM y otro, Daniel Ríos, cronicó desde adentro las vivencias en el edificio ocupado de Br. Artigas y Maldonado.

Pero en la mañana de Sarandí las cosas siguen su sitio, pero distintas. De un tiempo a esta parte, la desfachatez ganó terreno. Álvarez es consciente de esa mutación aunque no considera que ello signifique estar "descarrilando": "El programa es un organismo vivo y está en permanente cambio, en metamorfosis continua. Más que descarriló, yo diría que está explotando y eso es bueno", confirma.

El objetivo es evitar que el programa decaiga y no interesa "encorsetarse" en un formato o en otro, mientras se logre la meta: "Además del periodismo está todo lo otro, el humor, el entretenimiento. Si tenemos ganas cantamos al aire, nos matamos de risa, la pasamos bien, chusmeamos. Ponemos consignas para hablar sobre cuestiones porque son parte de la vida misma. El programa está abierto a todas esas cosas", dice.

La nueva faceta de Las cosas en su sitio va de la mano con crecimiento y madurez personal de su conductor. Hoy se siente periodista pero también comunicador y elige no encasillarse en un rol específico o exclusivo. "Hace un tiempo la palabra comunicador la veía con desprecio, como alguien a quien no había que tomar tan en serio. Y la verdad es que es bastante estúpido ese razonamiento porque un periodista que no comunica, no sirve de mucho", dice.

Ignacio Álvarez recibió a Sábado Show en su casa para charlar acerca de este proceso personal y profesional, así como la importancia que le da al rating en su programa. También habló acerca de aquel revolucionario Zona Urbana, que lo tuvo como protagonista, las propuestas que vinieron después, e intentó explicar por qué hoy la televisión no lo tiene en sus filas.

Aclaración: esta entrevista se realizó dos días antes de la muerte de Gustavo Escanlar, quien trabajó con Álvarez en Zona Urbana, Pan y circo y Las cosas en su sitio. Una vez acontecido el fallecimiento, Álvarez escribió unas líneas sobre su compañero. Sábado Show las reproduce textualmente en la página siguiente.

-Asumís que Las cosas en su sitio se apartó de la estructura de hace diez años.

-El programa aspira a tener un dinamismo donde no necesariamente hay secciones rígidas. En cualquier momento puede entrar o salir Martín (Fablet) y meter una pastillita, o Gustaf, o estar yo desarrollando determinada información seria. La idea es que el programa nunca decaiga, estar siempre pegando. Estamos acompañando a la gente que nos está escuchando durante tres horas. La radio es compañía y lo es minuto tras minuto, hora tras hora, día tras día... Y la gente quiere que le hagas llevadera esa compañía.

-¿Hoy es más dúctil que en tiempos iniciales donde el periodismo dominaba?

-Sí, claramente hay un fenómeno comunicativo que excede lo estrictamente periodístico y va mucho más allá. Todos los días la gente me dice: "me mato de risa con ustedes", o "me emociono con tal cosa". La comunicación, ante todo, es generar un vínculo. Y vos te estás metiendo dentro de la casa y del corazón de las personas. Eso es muy fuerte.

-¿Esa modificación en el programa viene acompañada de un cambio tuyo?

-Sí, creo que también tiene que ver con un crecimiento personal. Cuando uno está dando sus primeros pasos precisa aferrarse a ciertas definiciones o etiquetas. Yo estudiaba comunicación y estaba orgulloso de tener mi "carné" de determinado medio y decía: soy periodista. Y en mi primer pasaporte decía periodista. Me jactaba de eso. Cuando uno va madurando ya no tiene la necesidad de aferrarse a una etiqueta y se anima a asumirse y descubrirse cómo es. Soy periodista, pero también me animo a tener algo de comunicador, de showman, humorista, o de hasta de ridículo. Alguien puede decirte: "pero entonces no sos tan periodista serio". Y no, tan serio no. Pero ¿quién soy en definitiva? Alguien en permanente cambio y eso está bueno.

-¿El rating es lo más importante cuando salís al aire?

-No, lo más importante no. Pero es muy importante. Como para el dueño de un restaurante es importante cuántas mesas ocupadas tiene. Vos laburás para un público y si no tenés público, te vas a morir de hambre. Además hay un tema de gratificación personal y profesional. Yo hablo por el micrófono para que esto se escuche. Si no me quieren escuchar es porque lo que yo digo no es interesante, no vale la pena, no es atractivo... Conclusión: no hago bien mi trabajo. Después hay otro discurso, aquello de que no me escuchan porque la gente es boba o no alcanza a mi nivel. Están esos "iluminados" que dicen que la culpa es de Tinelli, de la sociedad de la TV chatarra. Yo no me pongo en esa, no menosprecio a la gente, no la subestimo; la valoro y no creo que sea ganado. Para mí, es muy importante saber si me escucha mucha o poca gente. Y qué pasa con la competencia.

-¿Seguís lo que hace la competencia en cuanto a contenidos?

-No, no tengo idea. No soy de los que está pendiente de lo que hacen. Me concentro en lo que hago yo. No quiere decir que no escuche. Algunas mañanas, cuando voy camino a la radio, pongo a Cotelo mientras voy en el auto. Océano FM no escucho porque empieza casi a la misma hora que nuestro programa. Es imposible.

Tv. Otro quiebre en su carrera llegó a raíz del éxito rotundo de Zona Urbana, una experiencia que revolucionó y marcó tendencia en materia de periodismo nacional en TV. En 2007, hubo una propuesta concreta, con contrato escrito de por medio para que el producto regresara a la pantalla, pero no pudo darse: "No existía el quórum suficiente de los ex integrantes y nos parecía que no daba para volver si no lo hacíamos todos", explica.

-¿En qué vereda estabas vos?

-Era de los que estaba no del todo convencido, pero si había que elegir una de las dos opciones, me inclinaba levemente por volver, pero tampoco tan convencido. Después me dediqué a otro proyecto, que fue Pan y circo. Y luego, súbitamente quedó todo congelado. Estuve un año contratado en Canal 10 pero sin pantalla, hasta que, sorpresivamente, decidió terminar mi contrato.

-¿Tuviste conversaciones con otros canales a lo largo de este tiempo?

-Chichoneos donde me quedó claro que ninguno de los tres canales privados quería comprarse problemas. Y me asociaban a mí con una figura a la cual valoraban profesionalmente pero que les podía llegar a traer problemas para sus intereses.

-¿Crees que esa imagen de periodista incisivo, de denuncia, te pudo haber perjudicado y coartado caminos en TV?

-Claro. Con ese estilo incomodás, necesariamente. Pero yo creo que el periodismo bien hecho incomoda. Por definición. Porque va a tratar de hurgar en esos intersticios donde, por lo general, el poder va a intentar ocultar las cosas que no le conviene que se sepan. A mí me consta que había gobernantes que no querían que yo estuviera en determinado medio o haciendo TV. Pero viste como es esto, se precisan dos para bailar porque está el que presiona y el que se deja presionar.

-El periodismo en TV no da rating, ¿verdadero o falso?

-Minga. Y la respuesta es Zona Urbana. O Pan y circo, que marcó bien, 9 puntos de promedio.

-¿Aún tenés ganas de regresar a la pantalla chica?

-Te contesto sí con el piloto automático, pero te confieso que le tomé el gustito a una cantidad de cosas que soy consciente que cuando estaba haciendo TV y radio no las tenía. Una cosa que empieza con V y termina con A, tiene cuatro letras, y se llama vida.

-Algo a la que volviste este año fue a tocar, en el espectáculo con tu hermana. Empezó en mayo, era por un mes y todavía siguen en el Bar Tabaré, ¿hasta cuándo?

-No sé, hasta que se hunda el barco, como en el Titanic. Estamos planificando un toque especial para cerrar el ciclo en diciembre, como despedida. Todavía no tengo los detalles pero va a ser un toque especial con una modalidad particular. Empezó siendo casi un juego y una experiencia por un mes, se terminó transformando en un éxito. Renovamos el repertorio varias veces, y empezó a ir cada vez más gente, se fue llenando todos los viernes y nosotros nos entusiasmamos pila también. Gran parte de la gente que va es público del programa de radio. Para ellos por lo que me dicen está bueno verme a mí personalmente y en otra faceta. Y para mí está bueno verla la cara a la gente, ponerle rostro al público que te escucha todos los días.

ESCANLAR

Por Ignacio Álvarez

Gustavo fue un compañero de ruta con el que vivimos experiencias de esas que te unen para siempre: sueños alcanzados, locuras compartidas, carcajadas reídas, broncas mordidas, abrazos sentidos. Lo conocí en el ´95 escribiendo en la revista "Tres", y allá por el ´99 lo llamé para tirar ideas pensando en un piloto para la tele. ¿Cómo no aprovechar aquel talento creativo y su mirada removedora? El proyecto quedó en algún cajón, pero fue la semilla de un programa que años después trascendió con el nombre de "Zona Urbana". Escanlar fue mi socio también en la radio, poniendo "Las cosas en su sitio" (o más bien desacomodándolas cada vez que yo las quería ordenar). Desde su micrófono desafió a las vacas sagradas de la cultura, se burló de los popes venerados por el establishment, cuestionó las verdades asumidas como absolutas, y se cagó en lo que le decían que había que hacer. Se equivocó algunas veces, claro; y feo. Pero como me recordó un amigo en común, cuando el dedo señala la luna, los idiotas miran el dedo. Es que para muchos lo que más importaba era acallar a Escanlar. Y ahora estarán más tranquilos. Y yo más molesto, irritado y confuso.

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