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El actor abrió las puertas de su casa. Su carrera, el dolor por la muerte de su mamá y la labor humanitaria
Por: Victoria Molnar/Buenos Aires
Osvaldo Laport acaba de cumplir 55 años -"los gallegos", se sonríe-, mira para atrás y recuerda que a los 18 decidió dejar su natal Juan Lacaze y radicarse en Buenos Aires. Quería estudiar actuación. Era el comienzo de un sueño en el que la hermosa casa con aires de campo ubicada en la localidad bonaerense de Benavidez, en la que recibe a Sábado Show con mate uruguayo, termo de Nacional y tarta de manzanas que "hizo mi mujer" (Viviana Sáez), ni se asomaba en sus planes.
"En ese momento sentí que me costó mucho, pero a la distancia veo que no, que me pasó lo que le pasaría a cualquiera que viene con un objetivo", dice Osvaldo sobre aquellos tiempos en que trabajó de "lo que sea". "En algunos lugares era un sapo de otro pozo, me acuerdo que cuando dejé de trabajar en una obra en construcción mis compañeros me hicieron un tradicional asadito y me regalaron un ladrillo con sus firmas", agrega.
Un ladrillo que, si bien perdió en alguna mudanza, forma parte de esa casa propia para "echar raíces" a la que accedió antes de interpretar con un osado taparrabos a Catriel, el personaje de Más allá del horizonte (1994) junto a Grecia Colmenares. "Ese torso desnudo todos los días en la pantalla era tan transgresor para la época como lo que hace ahora (Marcelo) Tinelli, pero con una historia atrás", expone y asegura que desde ahí para todos los trabajos tuvo que "pelar lomo". Una caracterización emblemática que consolidaría su carrera y que en su trayectoria actoral quizás sólo pudo igualar el rudo y costumbrista boxeador Guido Guevara en Campeones de la Vida (1999/2000)
-¿Sentís que con el tiempo han cambiando los papeles que representás?
-Mi carrera actoral es una carrera atípica porque han sido siempre personajes fuertes, que fluyen con cierta naturalidad en lo cotidiano pero con una vuelta de tuerca. Los colegas me dicen: ¿Dónde te metiste? ¡Sólo vos lo podés hacer! Omar Romay, con quien trabajé mucho, siempre me dijo que soy un actor que se tira a la pileta, con agua o sin agua. Por otro lado, casi todos mis personajes han sido antihéroes y fueron no sé si llamarlos emblemáticos pero si populares. Yo siempre insisto en que soy un artista de la gente, de la calle y que el público es quien me ha dado la posibilidad de la continuidad en el trabajo. Uno de mis orgullos es que le llego al público masculino. Un hombre me dijo una vez: "¿Sabés lo que pasa, Laport? Que vos no sos competencia para nosotros. Las mujeres están muertas con vos, pero vos sos como nosotros, vos no estás de galancito". Otra preocupación mía fue siempre darle algo externo a los personajes, un distintivo, por ejemplo con Guevara no podía tener un cuerpo armónico, tenía que ser un cuerpo tosco y ahora -se toca el pelo- estoy teñido con mechas medio rubias buscando la estética de mi próximo personaje, tengo ganas de llevarlo al blanco y lo estoy haciendo de a poco…
-¿Qué rol juega el cuidado del físico en tu rol de actor?
-El cuidado del cuerpo, la exacerbada exposición física, empezó con Catriel y a partir de ahí en todas las convocatorias siempre hubo que pelar lomo. O sea que en aquel entonces estaba relacionado con lo estético, sí o sí. Pero hoy está relacionado con la salud y, sin bien soy un tipo al que le gusta verse bien, lo estético quedó en un segundo plano. Como sano de lunes a viernes y los fines de semana tengo mis permitidos, que tienen que ver con el recreo de la vida y que para mí son el asado, las empanadas, el buen vino, las tortas. Obviamente también hago gimnasia aunque no tanto fierro como cuando hice a Guevara, ahora por ejemplo descubrí el Cracking, una nueva máquina donde trabajás los músculos de la cintura para arriba y es 100% ejercicio cardiovascular.
de resonancia. "Sí, ahora canto ¿y qué?", la frase escrita a mano y repasada con resaltador sobresale cual globa de caricatura de una nota periodística en la que se anuncia uno de sus CD. Está colgada en una de las paredes de su estudio de grabación, muy lejos de la que el mismo llama la "Habitación del Narcisismo" en la que están todas las tapas de revista que consiguió, incluida su primer nota para Uruguay publicada en Sábado Show, que data de 1988. Al lado de la morisqueta la actriz estadounidense Barbra Streisand -"Ella me encanta, quiero conocerla", subraya- le sonríe pícara como su Monalisa desde una foto autografiada.
El actor uruguayo estudia canto con Oscar Patiño -el cantante del programa de Susana Giménez- y ya va por su segundo disco al que califica como "una vuelta a sus raíces de campo, a su identidad y relacionada a los candombes, a los guaymas y al flamenco", lo llamó Resonancia en homenaje a su madre Teresa Natividad Laport quien falleció en marzo pasado tras padecer durante años Esclerosis Lateral Amiotrófica (conocida por su abreviación ELA) una cruel enfermedad degenerativa neuromuscular. "Ahora también tengo a mi viejito internado, parece que bajó la guardia, que quiere tirar la chancleta", dice con tristeza y agrega: "Pero así es la vida, mijo -como decía de latiguillo siempre él".
-¿Cómo es tu veta musical?
-Recién ahora lo estoy disfrutando porque al principio tenía una gran traba: el prejuicio que se instaló en algún sector de la prensa que se preguntaba "¿Ahora canta?" y del que automáticamente como efecto rebote me hice cargo. Pero lo vencí y respondí: "¿por qué no? y entonces lo hago con el mismo respeto y trabajo que a cada uno de mis personajes. Considero que el artista no debe tener techo. También he crecido como cantante, le dedico trabajo y ahora voy a empezar una gira por Argentina y a nivel internacional por Israel, Polonia, Rumania y Rusia.
-¿Cómo se relaciona este trabajo con tu madre?
-Parece que cuando yo crucé el charco, mi vieja en sus ruegos y oraciones pedía que "si el hijo tenía que ser artista, fuera un artista de resonancia" y eso me mató de ternura cuando me enteré. Por su enfermedad ella quedó sin habla, incomunicada, y en estos últimos años encontré conexión con ella a través de la mirada, encontré también su resonancia.
-Hablando de la familia, junto a Viviana (Sáez) lograste constituir una pareja duradera en un medio difícil en cuanto a ese tipo de permanencias. ¿Cuál es el secreto de ese éxito?
-Llevamos ya 32 años juntos y es muy meritorio porque la vida es un gran round y pugilísticamente hablando ya hemos enfrentados varios juntos. Nos hemos dolido, pero al mismo tiempo descubrimos que no podemos estar separados, que nos amamos, que nos sorprendemos todo el tiempo. Creo que la continuidad de una pareja también está relacionado con la creación y con lo artístico porque la convivencia es también un arte.
-Juntos tienen a Jazmín. ¿Cómo es la relación con tu hija en plena adolescencia? ¿Ya tuviste que lidiar con los primeros novios?
-Ya tiene 16 años. Tenemos una relación bellísima porque ella siempre encontró a la madre y al padre para sus inquietudes. En cuanto a los novios, ya le "escopeté" a dos -se ríe-, la relación es muy adulta le di el tiempo para que ella se diera cuenta sola de que no eran una buena elección. Además, estoy muy orgulloso de ella porque desde chica empezó a pararse frente al mundo y decir "acá estoy". Por ejemplo, siempre quiso poner un comedor para niños en nuestra casa y curiosamente ahora está dentro de su colegio relacionada con las Naciones Unidas, comenzó a bucear en eso.
-Te heredó el perfil humanitario... ¿Y con respecto a la actuación?
-Sí, a eso también lo heredó y viene reclamando actuar hace tiempo, pero en ese sentido todavía le falta cumplir un ciclo que está relacionado con sus estudios. Va a un colegio doble escolaridad, hace danza y otras actividades y entonces los tiempos son escasos. Pero creo que en este momento se lo vamos a permitir, claro que dosificado y con el acompañamiento de los padres porque es un medio difícil.
-¿Cómo es tu relación personal y profesional actual con Uruguay?
-La relación personal es la que tuve siempre, nunca corté el vínculo. Me siento muy reconocido, pero sigo mirando hacia arriba siendo el pibe que espera, quizás, estar más activo en mi país. En lo laboral ahora tenía un proyecto en TV, Los Bellinis que está medio diluido, porque primero se grababa en enero, luego en marzo, en julio, en agosto y ahora están diciendo para hacer un piloto… Yo intenté muchas veces hacer cosas en mi país y lamentablemente no pudieron continuarse, no había apoyo, faltaba plata… No nos hace falta imitar, existe un gran talento anónimo en Uruguay, ya sea delante como detrás de cámara, y lamentablemente, históricamente no se explota. Creo que ese intento de hacer televisión se debería apoyar, más allá de que lleven o no a colegas argentinos. Por ejemplo, cuando yo empecé mi carrera tuve la fortuna de relacionarme con una productora extranjera que fue la que trajo por primera vez a Verónica Castro. En Argentina todos pusieron el grito en el cielo porque decían: "¡¿Qué necesidad había de traer gente extranjera, cuando acá hay talento?!" Pero Verónica era reconocidísima en el exterior y significaba posibilidad de vender los productos afuera…
-Con "Los Bellini" en pausa. ¿Qué te depara el porvenir actoral?
-Voy a trabajar nuevamente en una tira televisiva de Adrián (Suar) y más que de villano, voy a hacer de un "hijo de puta", un personaje muy interesante por suerte. Es la historia del lobizón y si Dios quiere empezaremos a grabar en noviembre-diciembre y por ahora más no puedo decir. Tengo ganas de disfrutarlo mucho, hay una relación muy linda con Adrián. Esta última etapa mía casi todos los productos han sido con Pol-ka, estamos felices los dos trabajando juntos.









