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Desde ayer El casamiento está en cines Casablanca y Cinemateca. Este excelente documental ya ganó 7 premios en festivales.
MARIÁNGEL SOLOMITA | FOTOS: NICOLÁS SOTO
Cuando Aldo Garay conoció a Julia Brian hacía dos años que se había convertido en una mujer. Desde ese momento cada domingo se llaman por teléfono. Hablan de sus vidas, de las noticias, de fútbol. Un día Julia llamó para avisarle que iba a casarse con Ignacio, su compañero desde hace más de 20 años, y que querían que fuera el padrino. Con esa invitación comienza el documental El casamiento, que esta pareja de ancianos vio por primera vez en una sala de cine repleta de desconocidos, emocionados y alegres por su historia de amor fuera de lo común.
En esa sala de cine también está sentado Aldo Garay, rompiendo una tradición que lo alejó de cualquier exhibición de sus películas. El casamiento, explica, es un film que buscaría para ver.
A Julia Brian y a Ignacio González los filmó por primera vez en el año 1996. Con partes de esa grabación estrenó en 2001 Mi gringa, retrato inconcluso. Puede ser que el cierre que pedía ese título venga a darlo El casamiento. Las dos veces Julia fue protagonista de su propia historia "¿Qué tiene Julia? Me parece que tiene un don de gente bastante excepcional. Es difícil encontrar gente así, aunque las hay, pero hay que conocerlas y, más difícil aún, hacer una película con ellas. El "Caso Julia" es su personalidad, su historia, cómo se construyó me parece muy emocionante. Esa idea de hacerse uno mismo y que en este caso es muy extremo, su construcción identitaria es épica. Y luego está la relación con Ignacio y cómo están afrontando la vejez. Me pareció un combo irresistible como motivo de hacer una película".
Pieza a pieza. La novia de El casamiento es la segunda persona que se sometió a una operación de cambio de sexo en Uruguay. Ignacio la conoció siendo travesti. Era un 24 de diciembre y estaban solos en una plaza. Ignacio vivía en la calle y era alcohólico, Julia, limpiadora, quería compañía. Aquel día empezó una relación que con el tiempo se transformó en amor. Quisieron casarse porque sí, con 65 y 75 años.
"Cuando los conocí la pareja recién estaba instala entonces no había lo que podés encontrar hoy, como esos detalles del cuidado del otro, que es el producto de lo que se puede llamar amor, porque en definitiva, ¿qué es? Cuando se habla de amor, ¿en qué se reduce o en qué se materializa?, ¿en dónde lo ves?"
Garay miró hacia ese lugar. "Hay un período de observación del que surge la creación, así es como funciona. Observé muchas cosas que son como acciones inconclusas que no terminan de desarrollarse, son como intenciones de querer hacer algo, comentarios de algún sueño o de algo que sucedió que puede ser totalmente insignificante y eso puede ser el disparador para generar una situación."
Este director trabaja con calma. Primero piensa, mucho. Dice que es concentrado y desconcentrado, que deja cuestiones para resolver durante el día, mientras está en su trabajo (como realizador en Tevé Ciudad). Piensa en el personaje, en sus contradicciones, y las incorpora. Entonces planifica un rodaje documental casi como si fuera una ficción. Por ejemplo, filma muy poco: El casamiento tiene 13 días de rodaje. Durante esas jornadas, va a buscar. Muchas veces genera situaciones para lograr guardar en la cámara un gesto que ya vio. Puede ser un almuerzo, una ida a dormir, la búsqueda del vestido de novia, el festejo de un cumpleaños.
"Siempre voy como a buscar algo, por ahí las cosas no se dan pero tengo una capacidad de rehacer en función de lo que se da y de lo que no se dio. Decir `bueno, si lo que fui a buscar no se dio quiere decir que algo no lo vi bien o que yo especulé, que le puse una carga subjetiva`. Eso me lo pregunto todo el tiempo, hasta qué punto uno, cuando trata de trabajar ahí en la realidad, en el borde y eso, qué hay del otro y qué hay de uno. Lo que tiene de bueno esta forma de trabajo en que vas rodando y escribiendo y editando es una cosa que a mí me fascina mucho, que es un trabajo bien artesanal, vas pieza a pieza."
Dar y guardar. Preguntarle a Garay cómo hace para ser tan autor de sus películas. Porque lo caracteriza una destreza de manipulación bien intencionada, como si impusiera unas reglas para ver sus obras según las cuales el espectador verá lo que él está mirando, se contagiará de su sensibilidad pero también dudará y querrá información que este director no está dispuesto a darle. En El casamiento no se ve el casamiento.
"Intento mantener un misterio porque creo que hay cosas que no hay que decirlas. Me parece que una película tiene que proponer un diálogo para que el espectador participe ¿Por qué no está el casamiento? Mirá que lo pensé mucho, pero por varias cosas; porque iba para otro lado, porque la película no es esa fiesta, el casamiento es todo esto."
Empieza la película y la música de los créditos anticipa el tono de comedia. Las composiciones de Daniel Yafalián son como los personajes, notas que se repiten en un piano, alegres, dispares, que por momentos marchan juntas y por momentos no, tambaleantes y errantes. Así como se les ve caminar a ellos, Ignacio agarrado de Julia, lento y enclenque y Julia robusta, con paso firme pero cojeando.
"Elijo las escenas priorizando el sentido del cuento, la potencialidad dramática. Incluye las risas, tiene que haber como hilera de emociones, eso me parece lo más importante." El casamiento tiene mucho humor. Una parte deliberado, otra que surge de la ironía, Ignacio explicando que quiere a Julia pero que quería que fuera mujer, Julia que visita a la misma peluquera que aparece en Mi gringa y que conserva el mismo peinado y forma de vestir, su relación paternal con los animales, como si fueran los hijos de la pareja. Peleas conyugales por decidir el lugar de un mueble y evitar esa discusión ante la cámara. "Es como ese juego que tiene la gran comedia italiana, de pasar del drama a la risa. Tiene un poco de darle el aspecto humano, y que el humor es una emoción válida en este tipo de película que yo creo que necesita descanso, necesita que el espectador como que respire."
Primera vez. El casamiento incluye escenas de Mi gringa. Están a modo de información de la pareja. Hace 10 años Ignacio estaba mejor de salud, ahora casi no se entiende lo que habla, por eso sus diálogos están subtitulados. De todas formas su palabras entreveradas de rezongo o de amor son las responsables de los mejores momentos de la película.
Más allá de estar contando una historia feliz, Garay sabe cómo filma lo que filma. Y detrás de esos preparativos de casamiento, de esa mudanza a la casa propia (a los 70 años...) hay otras historias no tan agradables. "La película también es muy dura. Es mucho trabajo elegir el lugar desde dónde pararte. Con ese material podés hacer una película sobre la vejez, la vejez pobre, sobre la sexualidad. Si les sacás esas capas de las que hablamos, de la risa y del amor, su vida es muy dura. Son dos personas muy solas, dependientes. Lo que pasa es que tienen mucha dignidad y nunca se victimizan. Todo ese contexto se ve, está ahí, pero yo lo que cuento es una historia que trasciende todo eso."
Preguntarle a Garay cómo hace para ser tan autor de sus películas. Cómo filmar en 13 días una historia de amor, cómo reducir a 71 minutos 21 años de vida. "Me reseteo como si no hubiera hecho nada. No sé cómo resolví la película anterior ¿Sabés qué? Me parece que si no sentís no pasa nada, o sea, ser el que siente en el momento ese, hoy, a los 42 años, con determinada cabeza distinta a la de hace 15 años. Qué siento hoy y qué siento en ese lugar y por esa persona en ese momento. Ahí radica el método. Cómo lo siento es cómo me paro. Tiene que ver con un proceso hasta ideológico, de cómo pensás el mundo. No arrastro, es este momento. Por eso cada vez que filmo es como si fuera una primera impresión."
"El día del pre-estreno Julia e Ignacio quedaron muy felices. Se sintieron reconocidos, y eso está buenísimo. Yo estoy muy contento con la reacción de la gente. Después, que la película le guste o no a la crítica, a mí francamente no me interesa."







