Por: Mariángel Solomita
Hace unas semanas Juan José Campanella asistió al Festival de Cine de Piriápolis para recibir un reconocimiento. Llegar a él sólo era complicado debido a la cantidad de gente que le pedía fotos, regalaba libros, le acercó libretos o se aproximaba simplemente para charlar con él. La conferencia que dio junto a Eliseo Subiela y José Martínez Suárez (maestro de ambos cineastas, y de casi toda una generación), fue demasiado corta. Contó cómo filmó su primera película en Estados Unidos (El niño que gritó puta, 1991) encargada por una mujer no demasiado cuerda que le amenazaba por teléfono y vestía tapados de piel al revés para evitar los ataques de los activistas por los derechos de los animales. Dictó una lista de las películas que considera imprescindibles, y aconsejó a unas jóvenes estudiantes de cine repitiendo las palabras de una de sus profesoras universitarias: "si tú no crees que vas a dirigir películas, no tenés nada que hacer en la sala".
Entre saludos Campanella contestó algunas preguntas a Sábado Show.
-Has dicho que extrañás la inocencia de los primeros trabajos, ¿el Oscar te trajo más libertad o nuevas exigencias?
-En el sentido de cómo se rueda, no cambia nada. Tampoco hablaría de evolución, vas cambiando de gustos, probar otras técnicas, pero no creo que vaya a cambiar nada.
-Estás desarrollando Metegol, un proyecto en 3D, ¿qué virtudes le ves a esta técnica?
-Es la animación, a mí me encanta la animación y la 3D sobre todo. En la animación 3D puedo tener una sutileza de actuación que no podía tener en la otra. Pero además por otra cosa que es más pedestre que es que yo soy un nerd de computadoras total (risas) y prendo una computadora y puedo estar trabajando horas. Frente al lápiz y papel no tanto. Entonces me gusta mucho todo lo que es la parte tecnológica, y la animación me encanta desde siempre, y es la primera vez que me estoy animando a una cosa así. Es muy distinto, fuera de la zona de confort absolutamente. Los protagonistas son unos jugadores de metegol, los temas son otros, son más humanos y universales. Es una película más que nada para chicos,que al ser animación permite un tratamiento de cosas más universales, no tan idiosincrásicas como en una película de actores en vivo.
-El secreto de sus ojos la filmaste en digital, ¿te parece que fue tu película más arriegada, la que mayor aprendizaje te dio?
-Sí, absolutamente. Por lo pronto es la primera filmada en digital. Segundo, tiene una cantidad de efectos impresionantes, 109 tomas más la escena de la cancha. Yo antes jamás tuve efectos, ni un borrado siquiera. Parece una de Hollywood…lo que pasa es que no son efectos de ciencia ficción, sino para convertir algo de hoy en día en el Buenos Aires de 1974. Por ejemplo el tren en el que se va él (Darín) está generado por computadora, tenía nada más que un vagón y medio. Retiro (barrio porteño) está totalmente cambiado. A mí me gusta y eso hace mi aficción por estar en lugares cerrados, oscuros, con dos computadoras adelante (risas).
-¿Por qué elegiste ocuparte del montaje? Es la primera película en la que te ocupas de esta etapa.
-Sí, yo empecé como montajista, trabajé de eso mucho tiempo, es el área que más me gusta y la verdad es que como esta película era distinta, iba a hablar de otras cosas y ese recuperar la inocencia…yo quería volver a las épocas de la escuela de cine, cuando en mis cortos yo hacía todo.
-Esta película gigante comenzó siendo muy pequeña...
-Muy pequeña, se filmó en siete semanas, que es bastante poco. Todos los efectos se hicieron en la productora nuestra, no fuimos a grandes compañías ni nada, la vestuarista es mi mujer, el director de fotografia es mi suegro…y los grandes decorados que la hacen lucir cara, como decorados, los conseguimos gratis: no te pueden cobrar por filmar en tribunales.
-¿En el momento de escribir pensás deliberadamente en algunos actores? Solés repetirlos y al equipo técnico.
-Sí, el equipo técnico trabajo siempre con los mismos, siempre que puedo y pueden ellos. Crecemos juntos, vamos cambiando juntos, es una familia. Los actores, tenía tres en mente cuando empecé a escribir el guión, porque está basado en una novela y fueron las tres caras que me vinieron a la cabeza cuando la leía. La de (Ricardo) Darín la de Soledad (Villamil) y la de Pablo Rago. Si bien el personaje de Rago y Darín están descriptos de manera completamente distinta en la novela siempre la imaginé con ellos. Los demás fueron por casting, y el papel de Francella, antes de hablar en fotoshop le hice mil looks de los `70 (risas).
-¿Pensás en protagonizar otra película sin Ricardo Darín?
-Pero puede ser para cambiar un poco el personaje, porque Ricardo es obviamente muy alterego, tenemos casi la misma edad, los personajes fijate que fueron creciendo en edad a medida que fue pasando el tiempo (risas), y es probable que pueda hacer algo. Pero no lo tengo pensado, me gustaría trabajar de nuevo con Eduardo Blanco, con Francella me encantaría, con Pablo Rago me encantaría, y con Ricardo también…
- Tu filmografía argentina insinúa acerca de cómo el ritmo de vida que impone el capitalismo afecta ciertos valores, hayuna voluntad de querer advertir a los espectadores sobre eso, ¿tiene algún paralelismo con tu propia historia de vida, de trabajar en EstadosUunidos y decidir volver a Argentina?
-Mucho Luna de Avellaneda en esa parte de mi vida. El hijo de la novia es muy personal, es la historia de mis viejos, pero Luna... es una película que nace en el año 2002…en el año en que decido volverme a la Argentina a vivir…
-En plena crisis.
-Para mí el quilombo ese fue lo que me incitó a decir yo quiero estar acá. Me parecía que era un momento fundacional que creo que lamentablemente se diluyó, pero Luna... fue un poco, encontrar el carné (ref. final película) fue lo que me pasó a mí, fue muy personal con lo que me pasaba en ese momento. Ahora ya estoy ahí, estoy jugado (risas).
-Si tuvieras que seleccionar un tema que atraviese tu filmografía, ¿sería la solidaridad, el hacerse cargo?
-Siempre algún condimento de la memoria. A mí me gusta mucho. Incluso de mis cinco películas favoritas tres son sobre la memoria: Amarcord, Nos habíamos amado tanto y Qué bello es vivir. Para mí es un rasgo muy importante y está muy presente en todas mis películas.
-¿Qué valor le das al humor, que es una constante en tus pelícualas?
-Total, eso no es un tema, pero es un estilo que está en todas, hasta en El niño que gritó puta que es una tragedia insoportable, tenía cosas de humor.
-¿Tenés alguna postura sobre el gran problema de la exhibición?
-Es tema es complejo, hay muchos factores y cada campo busca la culpa en el otro cuando yo creo que hay en todos los campos algo de culpa. La realidad es que como dicen los exhibidores, se estrena todo. Debe ser el único país en el que se estrena todo lo que se hace, pero como dicen los realizadores muchas veces se estrenan mal, les cambian las fechas, le dan malos cines, etc. Pero como dicen los distribuidores este es el caso de películas que ya saben de movida que no van a convocar. Pero como dicen los realizadores cómo sabes de movida que no va a convocar si la condenas a un antro de un cine lejano…Por otro lado, te juro que le pongo mucho esfuerzo en cómo vender la película. Pensamos mucho el post, el trailer, el poster…y yo veo cada uno en Argentina que te espanta. Entonces sí hay un tema de los exhibidores pero también hay un tema nuestro de no saber entender la película…Es complejo. Hay mucha pelea, somos catorce, entonces se convierte en cosas personales.
-Está película calló a muchos críticos en Argentina que antes no te apoyaban, ¿sentís que fue tu mejor película?
-No. No, no, no. Disfruté todas. Esta menos por las limitaciones de tiempo, terminaba de filmar y tenía que ir a ver locaciones a 50 km de distancia. La filmación no fue tan placentera con respecto a las otras, por eso detalles. Yo las cuatro películas argentinas las quiero mucho, tengo particular cariño por Luna de Avellaneda, y por Vientos de agua (serie de TV, 7 espisodios, emitida en 2006), que acá no se conoce, pero creo que es lo mejor que hice.
Las películas argentinas
Campanella inició su filmografía argentina en 1999 con El mismo amor la misma lluvia. La pareja protagonista la conformaron Ricardo Darín y Soledad Villamil, que repetiría en su última realización. Siguió en 2002 El hijo de la novia, su segunda participación con Darín, claramente como alterego del cineasta. Luego vendrían Luna de Avenallena (2004) y El secreto de sus ojos (2009), que además de convertirse en un éxito de público consiguió el apoyo de la crítica nacional e internacional.Y el Oscar.