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MARIÁNGEL SOLOMITA
Fotos: Cortesía Buen Cine
"No pude hacer películas antes por distintas razones, quilombos familiares, siempre tuve que generarme ingresos y eso me sacó mucho tiempo y cabeza, pero tengo otros guiones escritos que son anteriores.
Lo que más me gustaría es hacer películas y solo películas sin apurarme: si necesito 5 años de nuevo, serán 5 años. Yo necesito tiempo y necesito tener claro lo que hago; necesito creer en lo que hago".
Giorgelli, argentino, 45 años, está en Montevideo para presentar por última vez a Las acacias. En mayo de 2011 cuando la cinta se estrenó en el Festival de Cine de Cannes y consiguió cuatro premios, entre ellos el premio a la Mejor Ópera Prima de todo el festival, "la vida de la película cambió". Viajó por todo el mundo, exhibiendo la película en festivales -en la mayoría consiguió galardones- y en estrenos comerciales -en salas de Francia, Inglaterra, España, Noruega, Grecia, Paraguay y Uruguay-. "Este es mi último viaje, la película tiene un montón de invitaciones pero no voy, necesito volver a casa, voy a ser papá y quiero ver si encuentro algo en la historia de Mi abuela Julia, el guión que retomé. Todavía estoy oxidado."
-En Argentina se armó un debate acerca de si la película tenía intenciones de internacionalizarse desde el vamos.
-Sí, una locura. Ni lo pretendí ni lo imaginé, tenía deseos y era `ojalá que me inviten a un festival`. A mí personalmente me interesaba que esta película la viera mi familia, mi mujer y mi hijo, que está en camino. Mi máxima expectativa era terminar la película primero, que se parezca un poco a lo que me había imaginado al hacerla, y suponía que tendría algún estreno en un circuito alternativo de Buenos Aires.
-Y en Uruguay.
-Ni siquiera lo pensaba.
Buena madera. El encuentro para esta entrevista está pactado en un café de Plaza Cagancha. Hace un año que Giorgelli da una entrevista tras otra. No le molesta, todavía tiene mucho que decir.
"Cuando comencé a escribir por el año 2006 hablaba de un tipo que estaba solo, angustiado, que tenía una coraza que lo aislaba del mundo, que no se podía comunicar con los demás y que tenía un conflicto con la paternidad. Ese fue mi móvil. Cuando empecé a escribir no había ni camionero ni viaje, eran reflexiones sobre ese tema. Por supuesto, tenía mucho que ver con la soledad que yo sentía en ese tiempo. La película viene de ahí."
La primera escena muestra una tala de árboles. Son acacias: tronco duro y espinoso, en algunos casos emana sustancias tóxicas cuando siente que su follaje está en peligro. Rubén transporta acacias en su camión, y por pedido de su patrón, esta vez tiene un encargo especial: trasladar a una mujer (Jacinta) con su beba de 5 meses. La ruta de 1.500 kilómetros de Asunción (Paraguay) hasta Buenos Aires es recorrida por este director en 85 minutos.
"No pensé a esta película como una road movie. Me interesó lo que pasa entre ellos y no tanto los paisajes o el viaje, sino la relación que se va dando entre él y ella, entre él y la beba. Entonces decidí filmar siempre cerca de ellos, ver el viaje a través de los ojos del personaje no a través de mis ojos de director, que el espectador vaya haciendo el viaje con ellos.
Está filmada casi toda dentro del camión. Si ellos bajan, yo bajo, si están en el camión, me quedo en el camión. Esto me daba temor al principio pero empecé a sentir que era algo bueno para la película, que eso era una de las claves que podían hacer que la película fuera personal."
Barreras invisibles. La narración de la película avanza a pasos de pequeñas conductas que se van modificando. Gestos sutiles, como quién espera a quién para subir al camión, o una madre que empieza a desesperarse menos cuando su bebé llora. Es inevitable caer en el lugar común y decir que aquí los gestos son más importante que las palabras. Además, son los gestos en complicidad con la percepción del espectador los que irradian humor a la historia.
-Se te elogia el contar con poco, mucho, ¿ese poco se dio naturalmente o fue un proceso?
-Un poco da ambos. Cada etapa, guión, rodaje y montaje, siempre fue un proceso de sustracción, de encontrar lo justo para contar. Toda la película se basa en la idea de no remarcar, por eso por ejemplo, no hay música, sentí que entorpecía más que ayudar. A pesar de los cambios en el guión la historia siempre contó con pocos elementos: tres personajes, un camión, un viaje.
-¿Cortaste 40 minutos de la película en la sala de edición?
-Casi.
-Eso es lo bueno de ser montajista además de director...
-Sí, aunque acá la montajista fue mi mujer (María Astrauskas) y compaginamos la película en nuestra casa durante 7 meses, que para la película fue muy bueno y para nuestra vida casi desastroso. Pero nos llevamos bien trabajando, a mí me da tranquilidad que ella esté. En esos 7 meses fuimos encontrando el ritmo, el tono final.
-Pero no te pasó de encontrarte con muchas películas posibles, ¿no?
-No, me pasó que la película tenía otro tiempo del que le estábamos dando. Los primeros armados eran muy lapsos. En esta película es importante el silencio pero no son silencios estéticos sino que narrativos, no es que yo sea un especial amante de las películas silenciosas ni que soy un talibán del minimalismo. Para esta historia no es la palabra sino el silencio lo que cuenta lo que le pasa a este tipo. La palabra te aleja, no es un capricho.
Comprendido. "Siento que mi transformación interior de los últimos 10 años no está tan lejos de lo que le pasa a Rubén en ese viaje. Cuando tenía casi terminada la película me di cuenta de que nace de un momento de crisis personal hace 10 años. Me pasaron muchas cosas al mismo tiempo, se enfermó mi padre, me abandonó mi pareja, la crisis económica casi me liquidó, estuve mucho tiempo sin laburo, casi pierdo la casa. Todo lo malo que me podía pasar me pasó junto y en un año."
Aunque él diga que "todos los que hacemos proyectos personales los hacemos un poco para uno", la motivación que lo ata a Las acacias suena demasiado personal para ser un tópico. La prueba está en la forma en que explica los niveles de lectura que quiso colocar en la película con sus propios aprendizajes. Las acacias podría ser un tipo de expiación para este director.
"Para mí era importante que al final él pudiera decir lo que le pasa, que pueda expresar. Creo que hay muchas cosas que le pasaron en su vida que no sabemos pero intuimos, esta coraza que el camionero tiene para protegerse de los demás pero también de los sentimientos, del dolor que le causan las pérdidas, es algo que tiene que ver con el mundo masculino. Muchas veces los hombres perdemos cosas por torpes.
Creo que la película habla del mundo femenino y del masculino, cómo actúan ellos frente a una misma situación. Esto me gusta, porque es algo que me tomó tiempo aprender, conectar con las mujeres. También hay ciertos mandatos sociales que siguen estando y pesando, como que uno no está tan habilitado a conectar o plantear cosas de cierto modo. Eso me interesaba explorarlo, me parece que ese contraste está en la figura de él y en la de ella."
Camioneros. El director cuenta que hay una primera imagen en la que piensa cuando intenta racionalizar el inicio de esta película. Durante un viaje corto paró en un café ubicado en una ruta. Desde allí vio a una mujer cargada de bolsos. Pasó el tiempo y la mujer siguió esperando en el mismo lugar, con todas sus maletas. Nadie fue a buscarla.
Que Rubén sea camionero de profesión hace a su forma de vida. "Yo había estado mucho tiempo en Misiones haciendo unos viajes, conocía bien la zona. Hay muchos paraguayos ahí y hablan en guaraní con los misioneros. Hablan con un cantito del que me enamoré. Cuando apareció el camionero apareció la idea del viaje y cuando apareció la idea del viaje apareció la idea de que venía de Paraguay. Después de eso se armó la película."
Investigó. Aprovechó el corte de puentes en Gualeguaychú para mezclarse entre camioneros. "Quería filmar con un camionero verdadero, hice casting entre ellos durante 8 meses, pero era complicado porque yo no quería improvisaciones en la película. Me pasé fines de semana enteros, conocí muy bien sus costumbres, sus tiempos. Fue alimento para escribir. Es gente que ama su trabajo, que le encanta estar en la ruta y resigna mucho por el. Los que tienen familia sienten gran nostalgia de no estar, de haberse perdido ver a sus hijos crecer. Y hay de todo, lo hay con familias dobles y hasta triples. También hay una rivalidad entre camioneros jóvenes y viejos. Con todo el material que tengo me gustaría armar un documental, porque es alucinante y porque, además, me encantan los camiones."
Las acacias llevó 5 años de realización. 2 se dedicaron a la escritura del guión, 1 a la búsqueda del reparto, y otro año para el rodaje, cronológico y planificado según los tiempos de la bebé protagonista. El último año fue para el montaje. Es una de las películas argentinas mejor premiadas de la historia.
El elenco está encabezado por el actor Germán De Silva. Hebe Duarte, Jacinta, fue contrata luego de oficiar por meses como asistente de la encargada de casting en Paraguay. La beba, excelente, Nayra Calle Mamani.
Compañero de estudios de Ariel Rotter y Salvador Roselli, uno fue productor y el otro co-guionista.







