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POR LUIS VENTURA
Por qué tanto escándalo en la pantalla? ¿Cuál es el motivo para que una pelea sea televisada desde todos los ángulos? ¿Por qué la repetición y la reiteración hasta el cansancio de lo que lastima?... Son las preguntas que muchas veces nos hacemos desde lo racional olvidándonos del reflejo irracional y subconsciente que suelen acompañarnos en lo cotidiano.
Pongamos ejemplos. Si anuncian un programa de peleas de boxeo, ¿cuál sería el combate que elegiría el público? Simple y directo, el choque del campeón y del noqueador por sobre la pelea del estilista, del talentoso o del más simpático. ¿Por qué los noticieros te ponen las noticias de un banco robado, una mujer agredida, o un tiroteo sangriento en espacio que quieras imaginar? También muy obvio, porque la gente lo elige por sobre el aumento en la cosecha del trigo, el premio al alumno que sacó el mejor promedio en el colegio, o el deportista que fue consagrado el mejor compañero del plantel.
Somos nosotros los que elegimos todo el tiempo! Y es lo que los medios trasmiten, engordan y reflejan también todo el tiempo. Porque si los productores, periodistas y realizadores nos ofrecieran esos contenidos y nosotros no lo consumiéramos, deberían elegir otras alternativas de programas, de informativos con noticias saludables y periodísticos en los que se distinguieran las cosas positivas. ¡Pero eso no ocurre!
¿Y sabés por qué? Porque nosotros le decimos que no todo el tiempo. Y pasa en Uruguay y pasa en la Argentina y pasa en el mundo. El ser humano tiene esa tendencia a buscar la llaga y eso hace que la utilice en pantalla, y la repite y la recontra repite hasta que esa llaga se hace herida. Y también la repite hasta el hartazgo porque el morbo que nos venden es lo que nosotros generalmente elegimos contar.
Cuesta asumirlo, porque en nuestro interior tenemos el instinto de poner siempre la culpa afuera. Nunca asumimos nuestras propias decisiones y cuando nos lo ponen en evidencia, en seguida te nace lavarte las manos o responder con agresiones. Es lo más fácil y lo que nos permite dormir sin remordimientos ni culpas. Pero somos los verdaderos dueños de nuestro destino y también de nuestra televisión.
Si no eligiéramos los programas que luego criticamos, ellos no estarían ahí, en el aire, dando pena, bronca, vergüenza o alegría, satisfacción o la sensación que vos quieras ponerle.
Días pasado vi a una patética Mariana Nannis feliz de que su hija no supiera diferenciar entre América del Norte y América del Sur, con la exaltación orgásmica de las marcas de ropa que ella compraba en Europa. También la sangrienta pelea de Moria Casán y Andrea Rincón que se acusaban de traición por un lado y de coimas por el otro, para horas después orquestar la gran reconciliación en pantalla, y regar con este acontecimiento del escándalo, muchos programas satélites que engordaron el tema hasta agotarlo.
¿Por qué pasa esto? Muy fácil, porque vos lo elegís y lo mirás y lo consumís todas las veces que ellos lo ponen. Si utilizaras mejor el control remoto, apagaras o buscaras otra opción de pasatiempo, la utilización de la llaga y la herida en pantalla, no sería tan efectivo como lo es hoy. Chau, hasta el próximo Sábado… Show.








