Por: Mariángel Solomita
Cada vez que Bárbara Álvarez mira las películas en las que trabajó, en algún momento cierra los ojos. Siempre encuentra alguna escena mal iluminada. Dice que estaba genéticamente predispuesta al gusto por la imagen. Su madre es pintora y ella, durante su adolescencia en Maldonado, fue boletera de un cine. Se proyectaban dos o tres películas por semana. Clásicos, estrenos…veía todo. No le falta trabajo, pero tampoco elegiría vivir del cine. Dirigir la fotografía en una película es completamente distinto a hacerlo en una publicidad o en un video clip. Le permite renovarse, por eso no lo descarta. Le gusta la ciencia ficción y el cine de aventuras. "Me gustaría hacer una película que tuviera mucha post-producción digital". The Matrix la impactó. Filmó 25 Watts, Whisky, El custodio, Acné, La mujer sin cabeza, Rompecabezas y otras. Ni piensa en dirigir, "me gusta demasiado mi trabajo".
Pedro Luque fotografió la destrucción de Montevideo. Tiene su cuota de autoría en Ataque de pánico, el cortometraje y video clip que le dio un millón de dólares y una visa para Hollywood a Federico Álvarez. Con él compartió rodajes en Paris Texas, productora audiovisual que nucleó a otros dos directores debutantes, Emiliano Mazza y Guillermo Carbonell, y que confió en su decisión de ser únicamente director de fotografía. "Éramos unos dementes, experimentábamos en los comerciales con cosas que no sabíamos si funcionaban. Y así empecé a cobrar. Hace 5 ó 6 años".
Cuando Pedro estudió en la Escuela de Cine todos querían ser directores. Terminó haciendo la fotografía de doce cortos: no había más interesados. "Creo que en la ECU ya me veía a mí mismo más como un intérprete que como un generador de ideas. Me resulta más fácil imaginar. Es una cuestión más intuitiva, más rápida, del momento". La primera cámara profesional se la dio su padre como forma de pago. Otra predisposición genética. Padre arquitecto, hijo dibujante, estudiante de pintura, fanático del cómic "y un poco nerd. Me atraen los trucos y las técnicas". Le interesa dirigir. Tiene dos proyectos: un cortometraje que integrará el documental Multitudes (E.Mazza) y la co-dirección junto a Sebastián Bednarik de Mi mundial. "Por otro lado me parece que el aporte del director de foto es bastante fundamental y que si más o menos te sale está bueno jugársela."
Volverá a trabajar con Gustavo Hernández (La casa muda) en otra película de género, en la miniserie Adicciones y probablemente en una película venezolana, La casa del fin de los tiempos. "Voy a ser el especialista en fotografiar casas embrujadas. A mí me encantaría no tener estilo y poder adaptarme al que necesite la historia que tengo que contar. Acá es difícil tener un estilo que no se adapte rápidamente porque hay poco para hacer, y no podés hacer todo igual. Si me das a elegir me gusta más lo que es suelto, más natural, de cámara en mano. No generar grandes puestas de luces, que sea íntimo, ágil y que de todas maneras cuente en lo que uno intenciona en la imagen."
"No creo en la inspiración". Arauco Hernández detesta algunas cosas que ha hecho. "Siempre hay un dejo de inconformidad que me atormenta. Cada día trato de dejar de ver las películas que hago como obras concluidas y paso a pensarlas como apuntes en un viaje: `en esta película pasé por acá, en esta otra por este otro lado`. Últimamente me he encontrado repitiendo en la cabeza una frase de Samuel Beckett, `prueba de nuevo, fracasa de nuevo, fracasa mejor`".
Ya dirigió. Un corto, un mediometraje y realizará un segmento de Multitudes. Federico Veiroj lo reconoció como co-autor de La vida útil. También participó en la escritura del guión y en el montaje. "Me gusta el lugar que ocupo. Ser considerado o no co-autor de una película no tiene importancia alguna, nadie puede borrar la huella de tu aporte en la película. Como nadie puede borrar la huella del director de arte, del guionista o del co-guionista. Por qué no se reconoce al guionista como co-autor de la película es algo que todavía no me cabe en la cabeza. Creo que si cambiás alguna cabeza de equipo la película cambia sustancialmente".
Es un trabajo como cualquier otro. Piensa en las películas como en una historia. Lee el guión y vienen las imágenes. La conversación con el director trae otras nuevas; se transforman en las claves del lenguaje de la cinta, "me dedico a desarrollarlas. Cada vez pienso más la fotografía como una dimensión puramente emocional en la película. Más musical que narrativa, como una extensa melodía que suena a lo largo de todo el metraje".
Le cuesta estar al pie de la técnica, "los nombres, los modelos, las cámaras nuevas". El equilibrio entre lo instintivo y la técnica Bárbara lo resuelve dándole importancia a sus primeras impresiones. Cada película es una idea. "En varios sentidos. La que se le ocurrió al director, la idea de cada cabeza de equipo, de la película que va a hacer, de las ideas que te provoca la historia para aportar al desarrollo previo del rodaje", la etapa que le provoca mayor incomodidad. "Me genera mucha ansiedad. Está todo muy escrito, muy hablado. Son un montón de posibilidades que no sabés si van a funcionar."
Algunos momentos de otras películas pueden servirle de inspiración, "aunque no vaya para el mismo lado de la película o de lo interesante que tiene esa película o el director".
Arauco disfruta de visitar locaciones. "Tener la oportunidad de meter las narices en lugares que de otra forma no lo haría. Me gusta hacer el guión de planos con el director, pero hay un momento en el que empiezo a hartarme y quiero empezar filmar cuanto antes. Lo mismo durante el rodaje, incluso en algunos momentos empiezo a contar los minutos para que esto se termine".
"Orson Welles decía que la falta de limitaciones es el enemigo. Hay que cargar mucho la intuición. Me intento poner reglas porque cuando vos te ponés limitaciones, simples de repente, te tenés que esforzar mucho más para poder filmar. Termina generando un lenguaje nuevo que seguramente transmita más la idea que estabas queriendo decir que si lo hicieras de buenas a primeras. Y el equipo de trabajo es fundamental. Se termina dando un contexto muy fácil y fuerte para poder desarrollar lo que vos quieras", opina Pedro.
CUESTIÓN SOCIAL. Pedro Luque es "un ferviente creyente de que el rodaje es un tema de política social". Por eso los dos primeros días de rodaje son determinantes. Bárbara ha rechazado películas después de haber conocido al director, "necesito sentirme motivada y la performance del director es una de las fuentes de donde saco mayor motivación. En un punto de mi vida me di cuenta de eso y para mí ahora es una regla. Por eso si un director que a mí me gusta mucho me muestra un guión que no me gusta tanto, igual lo haría."
-¿Te importa más el director que el guión?
-(A.H.) Sí, el guión es el mapa, el director el territorio.
"La fotografía de una película es la consecuencia de tu trabajo con el director, el director de arte y el editor. Puedo tomar decisiones arriesgadas y comprometidas, pero mi trabajo está al servicio de la película. Si alguien reconociera una manía mía a lo largo de varias películas voy a preocuparme". No le gusta filmar en estudios, no saber cuándo es de día y cuándo de noche.
"Yo me estoy cronometrando todo el tiempo, pero lleva lo que lleva. Sería ideal poder esperar horas ideales de luz. Es un poco misterioso porque a uno lo contratan para poder mentir el atardecer…eso a veces conspira un poco contra el propio trabajo", dice Pedro. Quiere crear un mundo propio en cada historia en la que se involucra, sin importar el formato. "Que sea creíble dentro de su misma fantasía, que tenga sus reglas. Hay unas cuestiones que van más allá de la continuidad de la luz, son cuestiones de contexto que hay que cuidar".
-¿Cuándo sentís que tu trabajo es bueno?
-(P.L.) Cuando está bien amalgamado, cuando no brilla. Cuando cuenta y transmite un estado que por lo menos yo creo que es el correcto. Una cosa es contar en planos y otra que te dé una sensación, que te agregue.
"No está bueno que elogien la fotografía de una película". Bárbara no piensa en el público. "Directamente no es mi trabajo".
-Tus elecciones son unas de las principales herramientas de una película para llegar al espectador, ¿qué querés provocarle y de qué manera?
-(A.H.) El único espectador con el que uno pude dialogar es con el que se lleva en uno mismo. Con el pretexto de llegar al público muchos terminan desarrollando un discurso homogeneizante, apelando a valores políticamente correctos sin cuestionar nada, tratando de repetir fórmulas caminadas mil veces. Esto se vuelve realmente peligroso cuando se transforma en una política de Estado: "hacer un cine para la gente". Entonces el Estado comienza a promocionar un cine con miras puramente comerciales que busca repetir fórmulas y valores extra territoriales. Se margina al cine de arte donde se encuentran las búsquedas auténticas; el cine que a la larga se vuelve el verdadero acervo cultural de un país. El cine que buscar llegar al público es un cine cobarde y vacío. No llega para preguntarse nada y tiene miedo de ser personal.
-¿Buscás que tu trabajo sea fuertemente subjetivo, personal?
-(P.L.) Es muy difícil ser objetivo porque en el momento de rodaje uno puede tener reglas generadas pero al final terminás decidiendo mil cosas que no son muy racionales. Termina siendo personal.
CÓMO HACER. La "escuela del arreglate con lo que puedas". Según Bárbara Álvarez es más útil este aprendizaje que el que se puede experimentar trabajando en una gran producción con dinero a tu servicio para el equipo que quieras. "La austeridad está bien para un país como este que no tiene mucho dinero para producir. Y me parece que una imagen más simple tiene más posibilidades. Mi estilo es muy simple, creo yo".
El tiempo también se impone. "La carencia de tiempo te impone una economía de recursos y esto apareja una estética". Explica Arauco: "todo depende de dónde te agarre la carencia de tiempo. No es lo mismo saber que tenés poco tiempo para hacer las cosas en la pre-producción que caer en la cuenta de que no tenés tiempo para resolver una escena en pleno rodaje. En el primer caso podés prepararte, podés simplificar, en el otro tenés que improvisar. No creo que nadie se sienta cómodo improvisando con algo que cuesta mucho dinero y en lo que la gente ha invertido años."
Bárbara se sumó al proyecto de Lucrecia Martel (La mujer...) con 20 días de anticipación. "Fue mi rodaje más arriesgado, por lo que significa ella en las fantasías de uno y en lo profesional". Ese año la habían llamado para tres proyectos. Todos se cayeron, y así estuvo disponible cuando Martel la llamó de apuro. "El destino. Nunca iba a decir que no por más difícil que me pareciera".
-Realidad o ficción. Hoy, ¿qué expresión te interesa más?
-(A.H.) La gran diferencia entre el documental y la ficción es que en ficción tú te apropiás del espacio en el que estás filmando, y en el documental tratás de amoldarte a el. El documental es la última frontera y cada día me doy cuenta que es lo que más me interesa hacer, donde encuentro lo más cercano a lo que considero la verdad en esto.
En febrero filmó el documental de Alicia Cano El Bella Vista. "Regresar a la ficción se vuelve difícil", asegura. La verdad es algo que Bárbara también busca, pero desde otro lado: en qué películas ella se reconoce más en su trabajo. Le sucedió en Whisky, en El custodio, en La mujer sin cabeza. "Yo creo que ser director de fotografía no es sólo saber iluminar una escena o encontrar un buen encuadre", dice Arauco, "ni siquiera un encuadre que lo diga todo. Creo que ser director de fotografía es encontrar la manera de salir a flote cuando todo se viene a pique".