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Con Zona Urbana, Gabriel Pereyra pasó de la prensa a la masividad de la TV. Hoy encabeza el periodístico de VTV
Por: Mariel Varela
Si el anonimato pudiera comprarse, Gabriel Pereyra estaría dispuesto a pagar cualquier precio. "Si pudiera irme de la TV y que la gente no me reconociera me parecería lo ideal. Sería irreal. Yo no frecuento lugares, no voy a entregas de premios porque no quiero, no me gusta esa cosa, no me va", declara el periodista.
Le pesa la exposición. Salir al aire jamás le causó nervios ni miedos pero lo que más lo que sintió más extraño fue volverse una cara conocida, "que la gente te pare por la calle en el momento menos oportuno". La TV no termina de "enamorarlo". Pero la oferta de Zona Urbana lo tentó, en 2003. Entró a la pantalla chica por la puerta grande.
Mantiene con ese medio una relación algo distante y fría. Le tiene poca confianza. Igualmente se fue quedando porque "sentía que había cosas que podía mostrar y decir de otra manera"; quería probarse a sí mismo, ver si podía hacer algo con lo cual se sintiera satisfecho; y el factor económico jugó una carta importante.
En un momento se planteó la posibilidad de que el periodístico que marcó época en la TV nacional regresara y Pereyra había aceptado formar parte del equipo. Luego se descartó la opción y el periodista enterró la etapa Zona Urbana para siempre: "Ya fue, forma parte de mi pasado".
Su presente en TV se llama En la mira (jueves, 21 horas, por VTV), lleva cuatro años en el aire y es uno de los productos periodísticos televisivos de mayor repercusión en tiempos en que la TV ha reducido la oferta de este género. Asegura que el diferencial entre Zona... y En la mira está en el equipo y el conductor que pone su estilo. "Estamos todos pescando en una palangana y los pescaditos están ahí. Si empezás a buscar diferenciarte mucho de los demás terminás yendo a lugares donde no tenés que ir, buscando cosas raras. Yo estoy tranquilo con eso, hago lo que me parece que tengo que hacer", subraya.
Encontró en la forma de ejercer el periodismo de Víctor Hugo Morales un disparador decisivo para elegir entrar en el mundo de la comunicación. "Por un lado quería contar historias y por el otro sentía que las cosas tenían que ser explicadas", dice.
Hace 26 años es periodista. Su primer trabajo fue en el semanario frenteamplista Las bases, que fundó con unos compañeros de estudio en 1985. Luego pasó a La República, más tarde a Búsqueda, Posdata y hoy es el editor jefe de El Observador.
cable a tierra. Respeta los momentos de relax y elige despejarse cuando el deber no llama. "Cuando salgo del diario o los fines de semana no miro un informativo, no leo un diario. Mi trabajo empieza cuando entro y se termina cuando me voy".
La tecnología y el mundo digital lo tienen entre la espada y la pared. Atraviesa una crisis de lectura. "Cuando llego a la redacción me pongo a leer los diarios con la computadora al lado y ya son viejos. Lo que muestra la computadora es hoy y los diarios me cuentan lo que pasó ayer", dice al respecto.
Elige bajar a tierra noticias y temas. Considera fundamental no perder la perspectiva de la realidad. "Hay un mundo de periodistas, políticos, sindicalistas, y la gente va por otro lado. Hay que estar más en sintonía con la gente", asegura.
Por eso escoge salirse del común denominador que todos salen a buscar y escaparse por un lado más humano, más cercano a la ciudadanía. "Si enfocás la política desde el parlamento te quedás en eso. Acá se aprobó una ley y acá está el efecto. Prefiero ir a hacer la nota donde están los efectos porque inevitablemente vas a tener que hablar de la ley. Sin embargo, si hablás solo de la ley, podés olvidarte de lo otro".
A la hora de preguntar, pretende lograr un equilibrio: percibir la sensibilidad de la gente pero tratando de no "impostar". "Cuando voy a cubrir una información sobre las escuelas destruidas lo hago con la actitud de que soy un padre cuyo hijo tiene que ir ahí. ¿Qué es lo que pasa? Que no lo soy, que mis hijos no van ahí, entonces estaría impostando, pero yo quiero tener esa actitud, quiero que me duela eso. Hay veces que me duele como tal y otras que no, pero hago el esfuerzo para que la entrevista no sea un buen momento si vamos a hablar de escuelas y liceos rotos".
Estima que se puede hacer periodismo sin opinar pero no sin intención. Él está en el bando de los que opinan porque tiene "la posibilidad de hacerlo y para que todo sea más transparente".
"fogonazo". La peor entrevista es aquella tan mala que no se acuerda. "Esa que pasó y no te dejó nada". Los entrevistados que más le gustan son quienes le dan "batalla".
-¿Quién es el protagonista, el entrevistado o el entrevistador?
-El personaje es el entrevistado siempre, pero en buena medida, eso también depende del entrevistador. Vos tenés que contribuir a que el tipo sea el personaje. Hay un protagonista que no aparece que es el tema que tratás, que en algún sentido es la gente. Cuando hablás con el director de secundaria se supone que el protagonista es él pero estamos hablando de la educación, y la protagonista es la educación.
Mientras estuvo en Zona Urbana le aconsejaban que mirara las grabaciones del programa para corregirse. Pero Pereyra no hizo caso. Nunca miró Zona Urbana y no ve las repeticiones de En la mira, salvo dos excepciones (las entrevistas a José Mujica y Tabaré Vázquez). "Eran dos cosas que me interesaban particularmente y además la de Mujica había estado realmente intensa".
-¿Qué sensación te provoca cuando se habla de una entrevista que vos hiciste que generó tanta repercusión como fue la de Mujica durante la campaña electoral?
-Lo que todo el mundo levantó fue la peleíta. Y yo creo que fue una buena entrevista pero no por la discusión, sino por el resto. Si no hubiera pasado eso, la entrevista no hubiera tenido la repercusión que tuvo. Preguntale a cualquiera, ¿con qué lo pinchó Gabriel Pereyra? No se acuerdan de nada más. Si yo pregunto qué dejó, qué dijo Mujica en esa entrevista tan famosa, no saben. También está eso, qué deja la tele, qué deja ese tipo de entrevistas tan resonantes. Es un fogonazo, se apaga y la gente se olvida. Y si no se olvida es por esas cosas.







