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La gente no deja entrar a empleados de UTE y ANTEL
Los funcionarios de UTE verifican, casa por casa, cuál ha sido el consumo de electricidad del mes anterior. Eso no es muy habitual en otros países, pero así ha sido siempre en Uruguay y parece que lo seguirá siendo por mucho tiempo. Sin embargo, en los últimos años a esos funcionarios "tomaconsumo" se les ha hecho difícil cumplir con algo tan simple como entrar a una casa a ver qué dice el contador. Y lo mismo le pasa a los empleados de las firmas que realizan por estos días la conexión al servicio de fibra óptica en los hogares montevideanos. Todo por esa creciente paranoia que ha ganado a muchos uruguayos, ante la inseguridad. El miedo es tan fuerte que a veces prohiben la entrada al que toma el consumo eléctrico o al que les va a instalar la moderna fibra óptica.
"La gente está más resistente. Y legítimamente, ¿eh?", dice Gastón Giles, sindicalista de UTE y funcionario "tomaconsumo" en Paysandú. Giles admite que es cada vez más habitual que no los dejen pasar a hacer su trabajo, sobre todo donde vive gente mayor sola o si en la zona "hubo algún robo". En el interior estos problemas se dan en entre el 5 al 8% de las casas, según el registro que llevan los funcionarios. "En Montevideo debe ser más, por lo que he conversado con los compañeros", afirma Giles. Cuando el funcionario no logra entrar a la casa, deja una tarjeta y el cliente puede pasar el consumo por teléfono. "Pero eso nos complica: nosotros tenemos un porcentaje a cumplir. Cada funcionario debe leer el 94% de los medidores", dice Giles. Él y todos sus compañeros deben ir con una identificación de UTE pero en los hechos no todos lo hacen. "Está bien llevarla", explica el sindicalista, "en muchos lugares dicen ser funcionarios de tal lado y, después que están adentro, se complica".
Hoy UTE tiene unos 60 agentes lectores que en Montevideo miden el consumo de los hogares como única tarea. Y en el interior unos 200, que a su vez realizan otros trabajos. La telemedición, es decir la medición a distancia, está en los planes del ente pero a largo plazo. Hoy solo se realiza para los clientes de mayor consumo, es decir, grandes comercios o industrias. El 65 % de la facturación se sigue midiendo a través de los contadores, que en la mayoría de los casos están dentro de las casas.
Algo similar a lo que cuenta Giles lo viven los funcionarios de las empresas que realizan para Antel la instalación de la fibra óptica en los hogares.
Antonio Curto es encargado de Ebital, una firma que trabaja en Carrasco y en la zona del Estadio Centenario. Y se ha encontrado con unas cuantas situaciones complicadas. De 100 visitas, al menos en dos lugares no los dejan entrar, estima Curto.
"Lo primero que dicen es `yo no pedí nada`. Porque es un servicio que la gente no pide", explica el encargado. En esos casos, se le recomienda al cliente que llame a Ebital o a Antel para confirmar que la firma está registrada y que debe instalar el servicio en cada casa, aunque el cliente no quiera. "Pero hay gente que tiene miedo", dice Curto, "lo menos que piensan es que les vas a instalar la fibra".





