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 Sábado 28.05.2011, 20:09 hs l Montevideo, Uruguay
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Qué Pasa

Sociedad entre rivales

Henry Kissinger analiza uno de los países que mejor conoce: China

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Niall Ferguson (*), NEWSWEEK

La secretaria de Estado, Hillary Clinton, piensa que el gobierno chino está "asustado" por la "primavera árabe". "Están preocupados", le dijo a Jeffrey Goldberg en The Atlantic, "y están intentando frenar la historia, lo que es una misión inútil. No lo pueden hacer".

Esas son palabras -desmedidas, poco diplomáticas y contraproducentes- que uno no se puede imaginar en su predecesor, Henry Kissinger.

Ya pasaron 40 años desde que Kissinger fue en una misión secreta a China, para preparar el terreno para la histórica visita del presidente Richard Nixon al año siguiente. Desde entonces ha visitado el país más de 50 veces. Y si hay una cosa que aprendió es esta: una verdadera misión inútil es presionar a los chinos.

Mucho ha cambiado en el mundo desde el primer viaje de Kissinger a China. Pero al menos se mantienen dos cosas en la política exterior estadounidense: la relación con la China continental, revivida por Kissinger después de estar congeladas por 20 años, y el propio Kissinger, consultado formal o informalmente por todos los presidentes desde John F. Kennedy a Barack Obama. On China, el nuevo libro de Kissinger, es un recordatorio de por qué los líderes siguen contratando su cerebro. Con 88 años, permanece sin rivales como un pensador estratégico.

La apertura a China es una historia que Kissinger ya contó: cómo con Nixon se percataron que ese país podría volverse un contrapeso estratégico a la Unión Soviética; cómo viajó en secreto a China después de fingirse enfermo en Pakistán; cómo él y el primer ministro, Zhou Enlai, fijaron las bases diplomáticas para la visita oficial de Nixon. El resultado fue, como él lo expresa, "una cuasi-alianza" creada para contener a la Unión Soviética, terminó sobreviviendo a la Guerra Fría.

Al contar eso, sin embargo, Kissinger saca ventaja de las recientes investigaciones que iluminan la versión china de esta historia. La apertura estadounidense a China fue también la apertura china a Estados Unidos, activada sobre todo por un miedo de Mao Zedong . "Piense en esto", le dijo Mao a su doctor en 1969. "Tenemos a la Unión Soviética al norte y el oeste, India al sur y Japón al este. Si todos nuestros enemigos se unieran atacándonos desde el norte, el sur, el este y el oeste, ¿qué deberíamos hacer?". El médico no tenía idea. "Piénselo", le dijo Mao. "Más allá de Japón está Estados Unidos. ¿No nos aconsejaron nuestros ancestros a negociar con los países lejanos y pelear con los que están cerca?"

comunismo milenario. Mao compartía con los líderes pre-revolucionarios la noción de que China no era como otros países. Con una población que llega a un quinto de la humanidad, es Zhongguo: el reino medio, la Tierra Central, la gran China del siglo III AC.

"Dominante y aplastante... despiadado y distante, poeta y guerrero, profeta y azote", el verdadero héroe de Mao no fue Lenin sino el tiránico "primer emperador", Qin Shi Huang, quien unió China en el 221 AC. De una manera similar la actual generación de líderes chinos busca inspiración en las enseñanzas de Kong Fu Zi (conocido en Occidente como Confucio). Su meta, afirma, no es la dominación mundial sino da tong: "la gran armonía".

Eso va al meollo del asunto. En 1971, cuando Kissinger fue a China, la economía estadounidense era cinco veces más grande que la de la República Popular. Cuarenta años después, como resultado de una revolución industrial desarrollada por el sucesor de Mao, Deng Xiao-ping, China podría superar a Estados Unidos en una década. Ese es un galardón que la Unión Soviética no estuvo ni cerca de conseguir. Es más, China es el mayor titular de bonos del tesoro de Estados Unidos, que son una buena parte de los tres mil millones de dólares de sus reservas internacionales. Cómo China utilizará su novedoso poder económico quizás sea la pregunta más importante de nuestro tiempo. Pocos estadounidenses están mejor ubicados para responder a esa pregunta que Kissinger, quien ha lidiado con cuatro generaciones de líderes chinos.

Las miradas más profundas de On China son psicológicas. Corresponden a las diferencias culturales fundamentales entre la elite china que puede mirar hasta dos mil años atrás por inspiración, y la elite estadounidense, cuyas referencias históricas tienen poco más de dos siglos. Eso fue más obvio en junio de 1989, cuando los estadounidenses criticaron el uso de la fuerza militar para terminar con las demostraciones pro-democracia de la plaza Tiananmen. Para Kissinger, fue doblemente infantil tomar represalias contra eso utilizando sanciones: "Los conceptos estadounidenses de libertades individuales pueden ser difíciles de trasladar a una civilización milenaria, armada alrededor de conceptos diferentes. Tampoco el tradicional miedo chino al caos político debe ser despreciado como una irrelevancia anacrónica que espera ser `corregida` por la ilustración occidental".

Como en 1991 le explicó a Kissinger, Jiang Zemin, el primer líder chino en saber inglés: "Nunca nos rendimos ante la presión...Es un principio filosófico".

Estados Unidos y China fueron a la guerra en Corea por culpa de otra brecha cultural. Fue una sorpresa para los estadounidenses cuando ordenó la intervención china ya que las chances de una victoria parecían tan desfavorables. Pero, afirma Kissinger, su "fuerza motivadora era menos dar el primer y decisivo golpe militar que cambiar el balance psicológico, no tanto para derrotar al enemigo como para alterar sus cálculos del riesgo". Mao fue un maestro del antiguo Estratagema de la Ciudad Vacía, que busca disimular la debilidad mostrando confianza e incluso agresión. Para los occidentales su insistencia de que no temía un ataque nuclear parecía trastornada o, en el mejor de los casos, cruel ("podríamos perder 300 millones de personas. ¿Y qué? La guerra es la guerra. Los años pasan, y volveríamos a trabajar produciendo más bebés que antes"). Pero esa era una clásica bravata china o "disuasión ofensiva".

dos maneras de ser. "Los negociadores chinos", observa Kissinger en un pasaje que debe ser asimilado no sólo por diplomáticos sino también por empresarios antes de aterrizar en Beijing, "usan la diplomacia para unir elementos políticos, militares y psicológicos a un diseño estratégico global".

La diplomacia estadounidense "generalmente prefiere ser `flexible`; siente que es una obligación romper los puntos muertos con nuevas propuestas y así, sin intención, crea nuevos puntos muertos para provocar nuevas propuestas". Estados Unidos podría aprender un par de cosas de los chinos, da a entender Kissinger, particularmente el concepto de shi de Sun Tzu, que refiere a la "energía potencial" de un panorama estratégico global. Nuestra tendencia es tener en agenda 10 puntos diferentes que deben ser tratados por separado. Ellos tienen un plan general. Nosotros siempre estamos apurados, mirando con ansiedad cómo pasa el tiempo. Los chinos valoran la paciencia; como Mao le explicó a Kissinger, ellos miden el tiempo en milenios. "Cuando la visión de anticipación de los chinos se encuentre con el concepto de disuasión de Occidente, puede resultar un círculo vicioso: actos concebidos como defensivos en China podrían ser tomados como agresivos por el mundo exterior; movimientos disuasorios de Occidente podrían ser interpretados por China como una maniobra que intenta cercarla. Estados Unidos y China lucharon contra este dilema repetidamente durante la Guerra Fría. De alguna manera aún no encontraron la forma de trascenderlo".

¿Podrían los Estados Unidos y China volver a enfrentarse? Esa posibilidad no puede ser descartada. Como Kissinger nos lo recuerda, una guerra fue el resultado del desafío geopolítico y económico de Alemania a Gran Bretaña hace 100 años. Además, el factor clave que unió a Estados Unidos y China en la década de 1970 -el enemigo en común, la Unión Soviética, a quien los chinos llamaban "El oso polar"- ha desaparecido de la escena. Viejas e insolubles diferencias persisten sobre Taiwán y Corea del Norte. Lo que queda de todo eso es "Chimerica", un matrimonio poco feliz de conveniencia económica en el cual uno se lo ahorra todo y el otro lo gasta.

En las propias palabras de Kissinger, el ascenso de China podría hacer que "las relaciones internacionales vuelvan a ser bipolares", y ser el preludio de una nueva Guerra Fría (posiblemente, hasta una "caliente" también). Escritores nacionalistas como Liu Mingfu, autor de El sueño de China, urgen a su país a cambiar del "desarrollo pacífico" por el "resurgimiento militar" y aguardar con expectativa el "duelo del siglo" con Estados Unidos. También en Washington -incluso en la administración de Obama- hay quienes se entusiasman con una relación más enfrentada. Aún así, Kissinger mantiene la esperanza de que prevalezcan las mentes más frías en Beijing: pensadores como Zheng Bijian, quien insta a China a "trascender las maneras tradicionales en las que las grandes potencias emergen" y a "no seguir el camino que llevó a Alemania a la Primera Guerra Mundial". Antes que "intentar organizar a Asia para contener a China o crear un bloque de estados democráticos para una cruzada ideológica", a los Estados Unidos le iría mejor, sugiere Kissinger, si hubiese una colaboración con China para construir una nueva "comunidad del Pacífico".

Hace cuatro décadas, Richard Nixon, entendió antes que muchos el gran potencial de China. "Bueno", reflexionaba, "uno puede ponerse a pensar qué pasaría si alguien con un decente régimen gubernamental tomara control de China continental. Por Dios… no habría potencia en el mundo que pudiese parar eso. Quiero decir: si uno pone a trabajar a 800 millones de chinos bajo un sistema decente, serían los líderes mundiales".

Esa profecía está cumpliéndose en nuestros días.

Niall Ferguson

Es un mediático historiador británico con trabajos sobre la historia de las finanzas y colonialismo entre otros temas. En español están editados: Historia virtual (1997), La guerra del mundo (2006) y El triunfo del dinero (2008).

Biógrafo personal

Niall Ferguson está trabajando en una biografía de Kissinger, lo que lo convierte en el principal referente sobre el tema. Habría tenido acceso a los documentos personales del ex secretario de Estado de Richard Nixon.

EL LIBRO

On China, el extenso estudio del ex secretario de Estado, Henry Kissinger, quien ayer cumplió 88 años, sobre la poderosa potencia asiática salió en Estados Unidos el 17 de mayo. Aún no tiene, por lo tanto, edición en español. En Amazon cuesta 19,80 dólares la edición papel y 19,82 la edición para Kindle. Son 608 páginas.

etiquetasEtiquetas: china - estados - unidos - kissinger - chinos - 
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