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 Sábado 21.07.2012, 07:59 hs l Montevideo, Uruguay
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Qué Pasa

Medidas a medida

El gobierno se apoya en encuestas para adaptar algunas de sus medidas a lo que piensa la opinión pública. El recurso no es nuevo pero es una tendencia cada vez más creciente.

F.R.C.

La opinión pública, como objeto de estudio y como actor político, es un invento más o menos reciente. En Estados Unidos empezó a desarrollarse a mediados de la década de 1950 y en Uruguay, por razones tirando a obvias, a fines de la dictadura. Es más, su empleo para generar o perfilar políticas de gobierno es aún más cercano en el tiempo, de mediados de la década de 1990.

Pero es ahora que está cada vez más presente en las decisiones de los gobernantes, una tendencia mundial a la que Uruguay adhería hasta ahora tímidamente, aunque el actual gobierno le ha dado un protagonismo inédito. Igual, coinciden especialistas, comparada con otros países la experiencia en Uruguay en ese rubro es aún modesta.

La opinión pública es el conjunto de opiniones, valga la redundancia, que los ciudadanos tienen en un determinado momento sobre un tema en particular. Es, así, una suerte de sentir popular, de imaginario colectivo, que puede ser medido, por ejemplo, mediante encuestas confeccionadas con rigor científico. Varias empresas en Uruguay se dedican a eso, claro, con mayor o menor grado de precisión en sus conclusiones.

Como un integrante recién llegado a una forma política tampoco tan antigua como es la democracia participativa, el papel de la opinión pública en la vida política se limitaba a votar cada cinco años, ser convocada para un referéndum sobre temas particulares y más o menos relevantes o mostrar su disconformidad en movilizaciones. Ahora es un protagonista de consulta permanente por parte de los gobiernos.

En estos días, el presidente José Mujica anunció que si el 60% de los uruguayos no apoya la medida que legalizaría (y estatizaría) la venta de la marihuana, la propuesta "se va al mazo". La cifra no es tan improvisada como el anuncio de la medida: una encuesta de Interconsult que publicó UNoticias, concluyó que el 60 % de los uruguayos es contrario a esa idea; el 36% está a favor. Una encuesta de Cifra dio 66% en contra.

Y una encuesta telefónica, realizada por el propio Ministerio del Interior, concluyó que no sólo la marihuana era la menos trascendente de las 15 medidas para la convivencia y la seguridad que presentó el gobierno, sino que además la mayoría de los uruguayos está a favor de la internación compulsiva de los adictos: su apoyo rondaría el 97%, un montón. Con esos datos, el proyecto sobre la marihuana, que fue la más discutida de todas las medidas, quedó último en el ranking y su tratamiento se postergará ante las prioridades marcadas por la encuesta.

"El gobierno puede y debe usar todas las fuentes de información para saber dónde está parado. En ese marco, conocer las tendencias de opinión es un elemento valioso", dice a Qué Pasa el sociólogo y cientista político Agustín Canzani. "Eso no quiere decir que un gobierno tenga que seguir lo que la mayoría de la población tenga como opinión".

"Es tan necio un gobernante que sólo se guía por la opinión pública, como uno que la ignora", dice Ignacio Zuasnabar, director del área de Opinión Pública de la consultora Equipos Mori. "Esto lo pone en un dilema que no es nuevo pero ahora se ve con otra crudeza: hasta dónde liderar -es decir imponer sus propias convicciones a un conjunto más amplio-, y hasta dónde escuchar a la opinión pública". Ubicarse en el punto justo es una tarea difícil para un político.

Lentamente, desde mediados de la década de 1990, las encuestas de opinión han ayudado a perfilar políticas de Estado, pero el recurso nunca fue utilizado de forma sistemática. El segundo gobierno de Julio María Sanguinetti, por ejemplo, recurrió a las encuestas de opinión para perfilar la manera de comunicar su reforma de la seguridad social, pero eso fue una excepción.

"Incorporar el factor situación de opinión pública como un elemento considerado en la toma de decisiones, es un fenómeno creciente", dice Canzani, quien trabajó en la última campaña electoral para el Frente Amplio y dirige la Fundación Líber Seregni.

NIVELES DE OPINIÓN. De acuerdo a Zuasnabar, hay tres niveles de opinión pública. El primero, "el más superficial", es lo que se opina todos los días sobre las cosas que pasan en el momento. "Ese plano es muy cambiante y, seguramente el menos relevante", según el analista. "Somos opinadores contradictorios".

Después hay un plano basado en actitudes, que es cuando se genera un vínculo afectivo hacia un líder político, una marca o una idea. "Ese vínculo es estable pero no inmutable". Y el tercer nivel es el de los valores: las convicciones profundas de las personas, sus identidades religiosas o ideológicas, "eso casi no cambia o lo hace muy lentamente".

Por eso, dependiendo del nivel en el que lo veamos, la opinión pública puede ser un santo o un demonio. Si vemos el primer nivel, "es muy cambiante, muy volátil y puede ser muy manipulable", dice Zuasnabar. "Pero si nos vamos a la otra punta, llegamos a la conclusión contraria: hay cada vez más elementos para entender la opinión pública como un actor poco manipulable".

Todo depende del tema con que se mida. Recientes encuestas concluyeron que una mayoría de los uruguayos están a favor de que la policía viole la ley si con eso se atrapa a un delincuente, que se interne compulsivamente a los adictos o es contraria a la legalización del mercado de la marihuana. Posiciones que alguien podría definir como conservadoras.

"Todos esos temas son de seguridad pública, y ahí tiendo a pensar que sí el marco está cambiando", dice Canzani. "Hay una mayor importancia atribuida al problema y crece la cantidad de personas que se inclinan por políticas más duras". Pero esa radicalización no necesariamente pasa con todos los temas.

"La opinión pública hoy tiene muchísimas formas de hacer valer su opinión, más allá de las electorales. Y algunas de ellas pueden inducir a error al gobernante", dice Zuasnabar. "Manifestaciones muy ruidosas en sitios de internet o muy masivas, pueden ser muestras no representativas del conjunto".

En un panorama de "minorías movilizadas y mayorías silenciosas", las pocas formas "que hoy existen para conocer -de manera representativa, relativamente rápida y barata- las posturas de la ciudadanía con respecto a determinados temas pasan por las encuestas de opinión".

Y eso para Zuasnabar es bueno. "Una de las cosas que deseamos fervientemente los que trabajamos en estas cosas es que nuestra trabajo sirva para que los gobernantes puedan tomar decisiones más calificadas", dice.

Para Adriana Raga, directora de la consultora Cifra González Raga y Asociados, a través de las encuestas, el gobierno busca una "legitimidad que no tiene dentro de su sector o en el Parlamento donde el respaldo político se le complica". Pero las respuestas de una encuesta, según Raga, son más baratas. Una cosa es el soberano expresándose en las urnas y otra es un ciudadano dando una respuesta telefónica. "Se termina respondiendo sobre cosas que no se saben".

"Conocer las opiniones y su distribución en una población en un momento determinado es un dato bien importante para cualquier política, qué hacer con eso es una valoración más política", dice Canzani. "La pregunta es si hacerlo antes o después de anunciar las medidas".

El presidente Mujica, por lo visto, decidió hacerlo después. El resultado tiene dos lecturas. Puede ser interpretado como una muestra de sensibilidad ante la demanda o de debilidad e improvisación. Son riesgos que se corren cuando se escucha el grito que la opinión pública pronuncia.

"¿La opinión pública es la que tiene que decidir? No, le corresponde al gobernante. Pero el gobernante tampoco debe ignorar a la opinión pública", concluye Zuasnabar. Una línea que hay que saber transitar.

Antecedente. El segundo gobierno de Sanguinetti usó las encuestas para perfilar su reforma de seguridad social

Es tan necio un gobernante que sólo se guía por la opinión pública como uno que la ignora"

Ignacio Zuasnabar, director de Opinión Pública, Equipos Mori.

"El gobierno puede y debe tomar todas las fuentes de información para saber dónde está parado"

Agustín Canzani, sociólogo y cientista político.

62%

de la población es contraria a la legalización de la marihuana, según una encuesta de la empresa Radar.

95%

de aceptación tiene la internación compulsiva, según la encuesta telefónica del Ejecutivo.

22%

aprueba la justicia por mano propia, según un estudio de la Facultad de Ciencias Sociales.

49%

de la población avala que la policía actúe por fuera de la ley, según el mismo estudio.

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