Paula Barquet
La estabilidad familiar es una cosa buena: le hace bien a los adultos, a los niños, a los enfermos. La realidad es que cada vez hay menos estabilidad familiar. Hay que ayudar a construir familias saludables".
Lo dice el economista Alejandro Cid, profesor de la Universidad de Montevideo y encargado del Observatorio de la familia de ese centro educativo privado. La idea de la familia como "activo de la sociedad", y la percepción de que en Uruguay no se analizan los datos, lo llevó a realizar lo que llama "investigación aplicada" en temas de familia. Desde 2000 ese observatorio viene realizando diversos estudios. El de este año intenta mostrar cómo impacta la separación de los padres en el rendimiento educativo de los hijos.
El informe, al que tuvo acceso Qué Pasa, concluye que los niños y adolescentes que no viven con ambos padres biológicos tienen un mayor atraso educativo. En Uruguay, el 43% de los menores no vive con sus dos padres. En muchos casos el atraso llega a ser el doble del que se registra en quienes sí residen con ellos.
"Uno podría pensar que el problema de los hijos que repiten o abandonan la escuela, no se explica en que los padres estén separados, sino por otras variables: porque la madre no tiene suficiente educación o porque vive en una familia pobre. O imaginar que lo determina la religión, o dónde vive", dice Cid.
"Nosotros decimos `muy bien, vamos a testearlo`, y encontramos que esas cosas a veces influyen pero se sigue cumpliendo la premisa inicial: el atraso es mayor en hijos de padres separados. Lo pasamos por varios tamices y siempre resulta que vivir con ambos padres o no, se refleja en el rendimiento educativo", explica.
De hecho, el informe analiza lo que sucede en distintas subpoblaciones, basado en datos de la Encuesta Continua de Hogares del INE. Cruza las variables locación (Montevideo o interior), residencia (en asentamiento o no), religión (católica, judía, cristiana no católica, umbandista, atea y agnóstica), ascendencia (blanca, negra e indígena), ingresos per cápita (los distintos quintiles), pobreza relativa, y educación de la madre biológica. En todos los casos, con más o menos notoriedad, los niños que no viven con ambos padres biológicos repiten o abandonan los estudios más que el resto.
Ser varón y adolescente, entre los menores que no residen con sus dos padres, agrava la situación. El estudio concluye que el atraso educativo suele ser mayor en varones que en mujeres, y también mayor en adolescentes que en niños de edad escolar.
Las diferencias psico-biológicas entre niños y niñas tienen implicancias en la forma de aprender: no es novedad, se ha investigado a nivel mundial. Pero el Observatorio de la familia lo corrobora y, según Cid, esto debería llevar a pensar si no es conveniente hacer "algo diferencial en la escuela".
Respecto a la profundización del atraso durante la adolescencia, el economista llama la atención: "Uno podría pensar que los niños sufren un shock cuando los padres se separan pero que después, cuando crecen, las cosas se arreglan. Lo tremendo que eso tiende a la dispersión. A los hijos de padres biológicos juntos cada vez les va mejor, y a los de padres separados cada vez les va peor".
CAUSAS Y SOLUCIONES. El informe pretende "agarrar números disponibles para todos, y hacer una contribución desde la academia a la gente que de repente toma decisiones todos los días pero no tiene tiempo de hacerlo". No busca aportar ni causas ni soluciones.
Sin embargo, se incluye un párrafo a modo de resumen sobre lo que se ha investigado en el mundo. Y establece, por ejemplo, que los niños que viven con ambos padres tienen acceso a dos ambientes familiares y profesionales, y cuentan con doble apoyo material y afectivo. Ese niño también goza del soporte social, afectivo y de supervisión de un co-progenitor: padres que se supervisan mutuamente y logran mejores resultados. Asimismo, la calidad de vida familiar es mayor.
Las soluciones, opina Cid, pueden encontrarse en las políticas internacionales. En Estados Unidos se hizo una experiencia piloto con talleres que buscan dar herramientas de orientación familiar, psicología infantil, seguimiento educativo. Actualmente se analiza el impacto. Otras ideas en Europa han apuntado a premiar a las empresas "familiarmente responsables": incentivos a las que no discriminen a una mujer que planea tener familia, premios a las que no promuevan horarios de trabajo muy extendidos.
"La educación es un tema pendiente en Uruguay. Entonces, así como queremos tener liceos mejores, debemos querer tener familias mejores", reflexiona el economista, y agrega: "Eso repercute en la salud y en la educación del niño".
35% de los matrimonios se disuelven
La última información sobre cantidad de divorcios en Uruguay corresponde a 2004: ese año hubo 14.300, al tiempo que se concretaban 13.123 matrimonios. El INE no aclara qué porcentaje de las uniones matrimoniales representaba esa cantidad de divorcios en 2004. De todas formas, sí informa que en 2002 el 35% de los matrimonios se disolvía. Este tipo de cifras tiende a ser estable.