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 Sábado 07.07.2012, 04:00 hs l Montevideo, Uruguay
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Qué Pasa

Los venidos a menos

La clase media está desapareciendo en los países desarrollados terminando con los sueños de ascenso social y las esperanzas de confort de millones. Un cambio radical en sociedades acostumbradas a otro tipo de vida.

ANDRÉS ORTEGA*

Mientras en las economías emergentes ascienden las clases medias, en los países desarrollados descienden, aunque los niveles de vida y de seguridad ante el futuro de unas y otras no sean (¿aún?) comparables. Es el resultado desigual de la última fase de la globalización y de la crisis vivida en Europa y en Estados Unidos desde 2007-2008. Pero si el ascenso de las clases medias puede llevar a pedir más apertura política en sus economías emergentes, su declive en el hemisferio norte puede amenazar el consenso político, social y económico que prevalecía hasta ahora y socavar las bases sobre las que se asienta la democracia y los sistemas políticos occidentales.

Como indican Heather Boushey y Adam Hersh, del Center for American Progress en Washington respecto a la clase media estadounidense, "la interacción y concurrencia de la creciente desigualdad con el colapso financiero y la Gran Recesión han planteado nuevas cuestiones sobre si una clase media debilitada y la mayor desigualdad deben entrar a formar parte de nuestra forma de pensar sobre los motores del crecimiento económico". Pues, en efecto, salvo excepciones, este era un asunto de sociólogos y no de economistas, si bien la Economía se está viendo obligada a entrar cada vez en estas cuestiones, pues afectan directamente a su objeto de estudio. Una clase media fuerte, indican estos autores, impulsa el desarrollo del capital humano y de una población educada; crea una fuente estable de demanda de bienes y servicios y de financiación de servicios públicos a través de impuestos; incuba la siguiente generación de emprendedores y apoya instituciones políticas y económicas inclusivas, que a su vez sostienen el crecimiento económico. Y, cabe añadir, vota a opciones políticas moderadas que hacen posible el entramado institucional que da soporte a ello.

Ya el politólogo de Stanford Francis Fukuyama previno recientemente en un artículo en Foreign Affairs que la democracia liberal en el mundo occidental puede no sobrevivir a un declive de las clases medias. Si sigue su curso destructivo, la crisis económica puede llevar a una gran crisis social y política. Ya ocurrió en la década de 1930. En esto Fukuyama puede estar más acertado que con su tesis de 1989 sobre el fin de la Historia.

No hay pleno acuerdo entre los especialistas sobre la definición de clase media, cuyos límites son, por definición, ambiguos y relativos. Algunos sociólogos la circunscriben a satisfacer las necesidades básicas más algunos extras: desempeñar una ocupación cualificada en el sector industrial o de cualificación media en el sector servicios y/o tener alguna propiedad. Otros, para comparaciones internacionales, utilizan la medida de un gasto diario entre 10 y 100 dólares al día (62 euros, en paridad de poder de compra).

Según el informe sobre Tendencias Globales 2030 del Instituto de Estudios de Seguridad de la UE, la clase media global está creciendo. De 1.800 millones en 2009, llegará a 3.200 millones en 2020, y a 4.900 millones (de un total de 8.300 millones de habitantes) en 2030. Se apunta 2022 como el primer año en el que habrá más gente de clase media que pobres en el mundo. El 85% de este crecimiento social se dará en Asia, y especialmente en China que ya cuenta con 160 millones de consumidores de clase media. Pero también en África o en América Latina. Dos terceras partes de los brasileños, según este estudio, se considerarán en 2030 de clase media. Mientras, las clases medias de Europa y América del Norte pasarán de representar el 64% del consumo total mundial en 2009 a un 30% en 20 años.

Una razón de esta transformación es que las ocupaciones de las clases medias occidentales están teniendo que competir con las nuevas clases medias de las economías emergentes, con costes laborales más bajos y niveles educativos cada vez más altos. Si la globalización afectaba al principio a los salarios más bajos y menos calificados en Occidente, en los últimos 10 años ha alcanzado a esas clases medias. La globalización las está convirtiendo en perdedoras de este proceso, como señala el economista Dany Rodrik en La paradoja de la globalización.

Ya antes de la crisis, Massimo Gaggi y Edoardo Natuzzi en El fin de la clase media y el nacimiento de la sociedad de bajo coste describían la situación de los "mileuristas", condición que la actual situación está convirtiendo en privilegio ante el desempleo creciente y la reducción salarial. Sin embargo, con los productos y servicios de bajo coste y con el pirateo en Internet de la oferta cultural, la clase media se adapta en una cierta medida.

La crisis ha afectado a la clase media en Europa. Pero no cabe olvidar que es a los más pobres a los que más ha dañado. Con los datos disponibles, es a quienes más ha golpeado la crisis, pues han perdido más poder de compra y tienen más desempleo, cuando, además, las clases bajas tienen menos capacidad de movilización y de articular sus demandas.

En Estados Unidos, los últimos datos para 2010 de la Encuesta de Finanzas del Consumo de la Reserva Federal (publicados cada tres años) muestran que la riqueza de la familia media ha retrocedido de la mano de la crisis a niveles de 1992, es decir, que dos décadas de prosperidad acumulada se han visto borradas. Esta pérdida de riqueza se debe sobre todo a la depreciación de la vivienda, de un 32% entre 2007 y 2010, una cifra que se asemeja a la española. Hay otros datos preocupantes para las clases medias. Así, en Estados Unidos, por primera vez, una mayoría de los desempleados han pasado por la universidad. Aunque esto se debe más bien al aumento del número de universitarios, no a que la probabilidad de estar en paro sea mayor para los universitarios que para el resto de la población.

Queda un tema más de fondo: en España, por ejemplo, el proceso de movilidad social ascendente hasta la década de 1980 tuvo mucho que ver con el cambio estructural, al pasar una mayoría de ocupaciones agrarias e industriales de baja calificación a otras de mayor calificación y al sector servicios. Dado que ese cambio estructural no volverá a producirse en las sociedades avanzadas, las expectativas de movilidad se verán considerablemente reducidas. Los que pertenecen a las clases medias aspiran ahora a no caer, no ya a subir.

(*) EL PAÍS, ESPAÑA

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del consumo mundial se concentrará en las clases medias del hemisferio norte en 2030. Hoy tiene el 64%.

LA CLASE MEDIA URUGUAYA

Categoría resbaladiza

Uruguay tiene la distribución del ingreso más igualitaria de América Latina, con vastos sectores medios, aunque ese reparto es muy malo en comparación con Europa y amplias zonas de América del Norte y Asia.

Según cifras oficiales, en 2011 la pobreza en Uruguay se redujo a 13,7% de la población (461.498 personas), y la indigencia bajó al 0,5% (16.843 personas). Total de pobres e indigentes: 14,2%. El otro extremo, los ricos, no representan más del 5% de la población o, si se aplica un criterio amplio, hasta 10%. En consecuencia la clase media incluye en Uruguay al 75% de la población. Claro que hay grandes diferencias en su seno: desde familias de trabajadores fabriles de vida austera hasta profesionales con vivienda y vehículos propios. No es lo mismo Pocitos, bastión de la clase media y media-alta, que Ciudad del Plata, un reducto de trabajadores de clase media y media-baja.

En 1986 se estimaba que el 38,3% de los hogares uruguayos estaban bajo la línea de pobreza. En los años siguientes se fue reduciendo, con un mínimo de 11,7% en 2001. La crisis de 2002 disparó de nuevo los registros, que cayeron desde 2003-2004 al presente.

Se estima que el 10% de la población uruguaya es un núcleo de pobreza crónica e irreversible, concentrado particularmente en Montevideo, el departamento más desigual, y en niños y mujeres. Sus ingresos básicos provienen del Estado, no se hunden durante las crisis, pues ya están hundidos, ni aprovechan los ciclos de expansión económica, porque no poseen los recursos culturales y los hábitos precisos.

En 2011 el 10% más rico se apropiaba del 28,8% del total del ingreso nacional; la clase media, en sentido amplio, del 64,9% y el resto (6,3%) correspondía a pobres e indigentes. El 20% de los hogares más ricos -las clases altas y media-altas- concentra la mitad del ingreso nacional. El 18% de los jóvenes uruguayos asiste a centros de educación privados y representan el núcleo duro de los sectores más pudientes. La educación es la principal causa de discriminación y generadora de futuros ricos y pobres.

Si sólo cuenta el ingreso, amplios sectores de clase media-baja o media-media pueden caer en pobreza transitoria por ciertos shocks económicos, como el desempleo. Pero suelen poseer vivienda propia, redes familiares que los sostienen y recursos culturales que les permiten recuperarse con relativa rapidez.

El ingreso en Montevideo supera al menos en 50% al del promedio del interior, pero eso no significa siempre mayor calidad de vida. En Montevideo se paga por todo y algunos bienes y servicios, como la vivienda y los seguros, son más caros. En el interior el costo de vida promedio es menor.

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