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LOS OTROS PERIÓDICOS | El activista Julian Assange sigue esperando en la embajada de Ecuador por dos posibles desenlaces: el asilo político o una extradición a Suecia.
John Pilger
Hacer la guerra a través de los medios -según la doctrina militar actual- es tan importante como lo que ocurre en el campo de batalla. Esto es así porque el verdadero enemigo está en casa, no en el frente. La manipulación de la opinión pública es esencial para iniciar una antipopular guerra colonial. Como ocurrió en las invasiones a Irak y Afganistán, ataques a Irán y Siria requieren de un trabajo constante sobre las conciencias de lectores y espectadores. Y para el disgusto de muchos, Wikileaks derribó esa fachada. Esto fue un tabú longevo. La BBC podía afirmar su imparcialidad y esperar que la gente le creyera. Hoy, la guerra llevada a cabo a través de los medios es entendida cada vez más.
Umberto Eco
Wikileaks ha demostrado ser un escándalo aparente en el plano de los contenidos, mientras que ha sido y será algo más en el plano de las formas, pues ha inaugurado una nueva época. Un escándalo es aparente cuando lleva al nivel del discurso público lo que todos sabían y decían de forma privada sólo por razones de hipocresía. Es evidente que los informes no eran notas del espionaje. Ahora bien, aunque se hubiera tratado de noticias aparentemente más reservadas, las notas repetirían sólo lo que decían los que hablan de política en el bar. Lo cual confirma otra cosa que sabemos perfectamente: todo dossier elaborado por servicios secretos está hecho con material que es de dominio público.




