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Los últimos cardenales y otras animales en peligro
Con cinco técnicos y cinco inspectores, el Departamento de Fauna del Ministerio de Ganadería Agricultura y Pesca hace lo que puede. Entre sus objetivos está la protección de las especies de fauna silvestre, autorizando la habilitación de criaderos de especies de fauna silvestre y los permisos de caza comercial. Tiene que proteger algunas de las especies en peligro de extinción.
Lo hacen desde una oficina en la calle Cerrito de la Ciudad Vieja capitalina, en un edificio que ha perdido bastante de su majestuosidad colonial. "Tenemos recursos poco abundantes", dice María de los Angeles Berruti, una de las asesoras del Departamento de Fauna. A pesar de eso tienen "una idea del estado de situación" gracias a la vigilancia y a los contactos con las personas del interior.
En general, la gente "está sensibilizada", dice, y tienen el apoyo de los propietarios, para inspeccionar sus campos. Así, en el norte del país se conserva una población importante (alrededor de un millar) de venados de campo; hay otro centenar en Rocha. Su precipitada caída ha hecho quizás que desaparecieran sus depredadores naturales, el puma y el jaguar, una especie que abundaba pero del que no se ve un ejemplar desde comienzos del siglo XX. Ambas son consideradas especies en extinción, al igual que el oso hormiguero, el guacamayo azul o el ciervo de los pantanos. Hay pobladores del interior rural que dicen haber visto pumas, aunque no hay ningún registro de ellos. En algunos casos también se denuncian ovejas atacadas por, presuntamente, pumas o jaguares pero tampoco hay pruebas.
Algunas especies se han visto amenazadas por algunos cultivos como el arroz, la soja o la forestación. "Todo lo que sea modificación de las praderas afecta toda la fauna", dice Berruti, quien está en el Departamento de Fauna desde 1988. Uno de los principales problemas que señala sobre el funcionamiento de la oficina es la edad del equipo. "Todos tenemos más de 50", dice.
A pesar del desarrollo agropecuario y ganadero aún quedan en el país, territorios vírgenes de difícil acceso, en donde podría haber especies que hoy se creen en peligro crítico. Algunos pueden ser víctimas de cazadores furtivos o poco considerados.
El aguará guazú es un zorro grande que se cree extinguido. Sin embargo, en 1990 y en 2006 aparecieron dos ejemplares muertos por cazadores que, alegaron no saber de qué animal se trataba. No existen penas para quién mata un animal en extinción más allá de que se decomisa las armas y los vehículos. No existe, además, demasiada conciencia en los policías y en los jueces, más dedicados a otro tipo de urgencias.
El turismo de caza no es una amenaza a las especies en vías de extinción. "En Uruguay el jabalí es considerado caza mayor", dice Berruti, por lo que parece poco probable que se dediquen a cazar venados. Muchas especies, además, viven en quebradas inaccesibles por fuera del creciente circuito local de caza.
Las especies en peligro crítico de extinción son, de acuerdo a la lista del MGAP, además del aguará guazú, tres aves: el petrel de antifaz blanco, el playero esquimal y el capuchino de collar. Y en alerta amarilla figuran el cardenal amarillo y el pecho colorado grande. Andan por ahí y conviene cuidarlos.




