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A sus 53 años Weiwei, el artista plástico chino más importante con exposiciones por ejemplo en el Tate Modern de Londres, es hoy uno de los símbolos de la disidencia china. En abril fue detenido por las autoridades, acusado de evasión fiscal, cuando se disponía a viajar a Hong Kong. Ya le habían impedido salir de China cuando viajaba hacia la ceremonia de entrega del Premio Nobel de la Paz al disidente Liu Xiaobo, en prisión por "subvertir el poder contra el Estado". Este es un artículo que publicó Newsweek sobre su vínculo con su ciudad.
Beijing es dos ciudades. Una es del poder y del dinero. A la gente no le preocupa quiénes son sus vecinos; no confían en usted. La otra ciudad es una de desesperación. Veo gente en el transporte colectivo y veo su ojos, y veo que no tienen ninguna esperanza. No pueden incluso imaginar que serán capaces de comprarse una casa. Vienen de aldeas pobres donde nunca vieron electricidad o papel higiénico.
Cada año, millones vienen a Beijing a construir sus puentes y casas. Cada año construyen una Beijing del mismo tamaño que tenía la ciudad en 1949. Son los esclavos de Beijing. Se alojan en estructuras ilegales, que la propia Beijing destruye a medida que sigue expandiéndose. ¿De quién son las casas? De aquellos que pertenecen al gobierno, los jefes del carbón, los jefes de las grandes empresas. Vienen a entregar presentes, y los restoranes y los bares de karaoke son muy ricos gracias a eso.
Beijing le dice a los forasteros que pueden entender a la ciudad, que tenemos la misma clase de edificios: el nido del pájaro, la torre CCTV. Funcionarios que usan un traje y una corbata como usted, dicen "somos iguales y podemos hacer negocios". Pero nos niegan derechos básicos. Usted verá que las escuelas de migrantes están cerradas. Verá hospitales donde a los pacientes se les da unos puntos y cuando se dan cuenta que no tienen dinero se los sacan. Es una ciudad de violencia.
Lo peor acerca de Beijing es que nunca se puede confiar en el sistema judicial. Sin confianza no se puede identificar nada; es como una tormenta de arena. Uno no se ve como parte de una ciudad, no hay lugares con los que uno se pueda relacionar, sitios a los que uno le encante ir. Ninguna esquina, ningún área tocada por cierta luz. No se tienen recuerdos de ningún material, textura, forma. Todo está cambiando constantemente, de acuerdo a la voluntad de alguien, al poder de alguien.
Para diseñar correctamente a Beijing, debería dejarse espacio para intereses diversos, así la gente puede coexistir, así hay un cuerpo completo de la sociedad. Una ciudad es un lugar que puede ofrecer el máximo de libertad. De otra manera está incompleta.
Me disculpo por no tener un lugar favorito en Beijing. No tengo intención de ir a ningún lugar de la ciudad. Los lugares son tan simples. Uno no quiere mirar al que se le cruza porque sabe exactamente lo que tiene en mente. Ninguna curiosidad. Y nadie discutirá nunca con usted.
Nada de mi arte representa Beijing. El Nido del Pájaro, nunca pienso en él. Después de los Juegos Olímpicos, la gente común no habla de eso porque los Juegos Olímpicos no le llevaron gozo al pueblo.
Hay cosas positivas en Beijing. La gente aún sigue dando a luz a bebés. Hay unos pocos parques agradables. La semana pasada caminé por uno y algunas personas se acercaron a saludarme con el pulgar hacia arriba o a palmearme la espalda. ¿Por qué tendrían que hacerlo de una manera tan secreta? Nadie puede hablar libremente. ¿Qué están esperando? Siempre me dicen: "Weiwei, abandone el país, por favor". O "viva por mucho tiempo y véalos morir". O que me vaya o que sea paciente y vea cómo se mueren. Realmente no sé qué es lo que voy a hacer.
Mi odisea me hizo entender que en esta fábrica, hay muchos puntos escondidos donde ponen a la gente sin identidad. Sin nombre, solo un número. No les importa dónde uno va, qué crimen cometió. O te ven o no te ven, no hace la mínima diferencia. Hay miles de puntos como ese. Solo tu familia está gritando que estás perdido. Pero no se consiguen respuestas de las comunidades o los funcionarios, incluso los de los niveles más altos, los tribunales o la Policía o el presidente de la nación. Mi esposa ha estado escribiendo esa clase de peticiones cada día, llamando diariamente a las comisarías. ¿Dónde está mi esposo? Solo díganme dónde está mi esposo. No hay papeles, no hay información.
La característica más fuerte de esos espacios es que están totalmente separados de tu memoria o de cualquier cosa que sea que te resulte familiar. Estás en aislamiento total. Y no se sabe por cuánto tiempo vas a estar ahí, pero ciertamente uno cree que le pueden hacer cualquier cosa. No hay incluso manera de cuestionarlo. Nada te protege. ¿Por qué estoy aquí? A veces la mente se pone errática. Uno se vuelve como un loco. Es difícil para cualquiera. Incluso para aquellos con creencias fuertes.
La ciudad no se trata de gente o edificios o calles pero sí de tu estructura mental. Si recordamos lo que Kafka escribió acerca de su Castillo, todo tiene sentido. Las ciudades en realidad son condiciones mentales. Beijing es una pesadilla. Una constante pesadilla. u (Traducción: FRC).






