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El museo de Artes Decorativas, otro lujo en el Palacio Taranco
Aunque para los montevideanos es el Palacio Taranco, esa lujosa mansión que da a la Plaza Zabala es el Museo de Artes Decorativas. "No es sólo una muestra de los lujos de la alta burguesía montevideana", dice, con orgullo, Fernando Lousteanau, su coordinador. "Es un museo y no hay muchas ciudades en el mundo que tengan uno así".
Conservado tal como supo vivir la familia Ortiz de Taranco a comienzos del siglo pasado, al visitante le parece que se va chocar con algún personaje del 900 en esos rincones de mármoles italianos, maderas nobles y obras de arte. Están las sillas, las muebles, los adornos y principalmente los cuadros, pruebas inextinguibles de una riqueza y un buen gusto de los que ya no quedan.
El palacio, hecho a semejanza del Petit Palais de Paris, pertenece al Estado desde la década de 1940 y nunca se lo desafectó. La mansión fue un proyecto de los arquitectos franceses Charles Louis Girault y Jules León Chifflot, que sería como contratar hoy a Frank O. Gehry. El proyecto se desarrolla en una manzana triangular y en tres plantas que hoy están habilitadas para el museo que fue creado en 1972 y que ahora está en un proceso de mayor integración con el barrio, aunque la mayoría de sus visitantes vienen con los cruceros. "Es muy bueno ver a cientos de personas paseando por el museo", dice Loustaunau. En el lunes de invierno, cuando lo visitó Qué Pasa, hay unas cinco personas recorriéndolo.
Lo que se ve en el museo es la reconstrucción casi arqueológica del funcionamiento de un grupo humano, la clase dominante del siglo XX. Así se ven los muebles traídos de Francia (comprados en la parisina mansión Krieger, todo un detalle) sugeridos por los propios arquitectos. Cien años después se conservan impecablemente. También se reconstruyó la cocina, "como un homenaje al servicio", dice el coordinador. También se va a reconstruir un baño de época.
Otro atractivo es la pinacoteca que incluye obras del florentino Domenico Ghirlandaio, el español Joaquín de Sorolla o la única reproducción en seda de la Rendición de Breda de Velázquez.
En el subsuelo, la antigua bodega de los Ortiz de Taranco, aloja una colección de originales de arqueología clásica y musulmana, y artesanías griegas y romanas, muchas de ellas de antes de Cristo.
Loustaunau espera que llegue la primavera para que el jardín que acaba de ser reacondicionado a la usanza de fines de siglo XIX, florezca y le dé color a su esquina de la Plaza Zabala.
El museo de Artes Decorativas está en Zabala 376 y abre de lunes a viernes de 12.30 a 17.40. Están los tres pisos habilitados. La entrada es gratuita.




