|
||||||||
Medvedev y Putin se volvieron rivales.
EN YAROSLAVL, Rusia, ELLEN BARRY,
The New York Times
Cuando el presidente Dimitri Medvedev de Rusia subió al escenario en su foro político anual la semana pasada, las ojeras dejaron claro que había dormido poco.
La muchedumbre ante sí estaba esperando averiguar quién gobernaría Rusia la siguiente primavera -Medvedev o el primer ministro Vladimir Putin-, interrogante que ha paralizado a este país durante varios meses.
Como el socio más liberal del conjunto gobernante de Rusia, Medvedev aún tiene poder para conducir a Rusia por su senda entre autoritarismo y reforma, aunque está menguando. Cuando llegó el momento, Medvedev decidió que procedería con su guión, un discurso de 30 minutos acerca del enfoque del estado sobre la diversidad.
Para el momento que tomó asiento, la implicación al parecer era clara: Medvedev no estaba preparado para pelear por su puesto.
"Este no fue el discurso de un presidente: fue el sermón de un catedrático", dijo Alexander Rahr, experto en Rusia por el Consejo Alemán de Relaciones Exteriores. "En cualquier otro país, habría usado esto como una oportunidad para movilizar a la gente. Ya sea que no le permiten hacerlo, o no quiere hacerlo".
La crisis de liderazgo de Rusia empezó en 2008, cuando Putin, la figura más poderosa y popular de Rusia, dimitió porque la Constitución rusa limita a un presidente a dos mandatos consecutivos. La solución fue el "tándem": Medvedev, más joven y tendiente a favorecer a Occidente, se convirtió en presidente, y Putin pasó a ser primer ministro, aunque es el hombre más influyente de la política rusa.
Este arreglo ha conducido al sistema político por un callejón sin salida. Cada uno de estos hombres ha dado indicaciones de que le gustaría postularse para presidente en 2012, pero, al parecer, no han logrado llegar a un acuerdo. Durante meses, Moscú ha estado consumido por el atolladero, ocupando la totalidad del espacio para la discusión sobre los desafíos que Rusia enfrenta en el largo plazo.
Al centro de esta crisis está el extraño espectáculo en el cual Medvedev -cuyos extraordinarios poderes están consagrados en la Constitución- está obligado a esperar meses para tener el permiso de Putin para declarar su candidatura.
Existen grandes diferencias entre Putin, de 58 años, quien creció entre peleas con maleantes del barrio, y Medvedev, de 45 años, el cerebral hijo de dos académicos. Sin embargo, Putin eligió personalmente al hombre más joven como su sucesor, en parte debido a su lealtad. Luego de que le preguntaran varias veces por qué había aprobado a Medvedev para la presidencia en 2007, finalmente dijo: "Confío en él; sencillamente confío en él``.
Si bien Putin nunca ha criticado a Medvedev, sus actividades de campaña transmiten el mensaje de que él ya no tiene plena confianza en su protegido.
Putin formó una nueva organización política, el Frente Popular de Rusia. Ha llevado a cabo apariciones de campaña, con trabajadores del acero en Magnitogorsk y paseando a través de Novorossiysk en una motocicleta Harley-Davidson.
Incluso en Yaroslavl, los invitados en el foro político de Medvedev fueron transportados en autobuses más allá de una larga serie de vallas publicitarias que mostraban el rostro de Putin, con el lema: "Rusia Nos Une".
De cualquier forma, sería un desatino afirmar que Medvedev no tiene probabilidades de regresar como presidente.
La selección de Medvedev como uno de los candidatos en 2007 fue similarmente opaca e impredecible. Si hubo un consenso ese año, favoreció a su rival, Sergey B. Ivanov, quien era en esa época uno de los viceprimeros ministros. Ivanov, cercano amigo de Putin de sus días en la dirección de la KGB en Leningrado, tenía tanta confianza en que Putin lo elegiría que pasó por una transformación de relaciones públicas, con nuevo peinado y nuevo guardarropa.
Las maniobras de Putin, a final de cuentas, pueden ser simples esfuerzos por reafirmar en público su predominio antes de extender el arreglo del tándem.
Sin embargo, la lección de este verano es aleccionadora: Si Medvedev efectivamente permanece en la presidencia bajo esos términos, asumirá un puesto más débil del que ha ocupado durante los últimos cuatro años.
Medvedev entró a su primer mandato con un entusiasmo que lindó a veces en deleite. Si bien sus partidarios entendieron que su autoridad era provisional, la mayoría preveía que acumularía poder con el paso del tiempo, pavimentando gradualmente el camino para una transición hacia un sistema que no estuviera orientado en torno a Putin.
Es imposible saber si Medvedev, quien como candidato hace cuatro años denunció el "nihilismo legal" de Rusia y su "eterna corrupción``, esperaba que le permitieran llevar a cabo su agenda. Sin embargo, quien subió al podio en Yaroslavl era un hombre mucho más experimentado, con su rostro revelando el cansancio, y que pronunció un discurso desprovisto de líneas memorables.
observadores exige la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa para las elecciones rusas.





