Si bien la principal preocupación de un gobierno es administrar y la de un sindicato representar a los trabajadores, nadie desconoce que ambos sectores, como todos, tienen siempre otro fin: canalizar esa parcela de poder hacia fines políticos, que son un tanto más mezquinos, sí, pero inevitables en una democracia. Eso quizás explique la demora en declarar esencial un tema que preocupaba y mucho a la ciudadanía. Tiene que haber una pulseada política para involucrarse en un asunto tan desagradable como suelen ser aquellos que toman a la población de rehén. Tienen que estar peleando por otra razón, para que ninguno de los involucrados se moleste en ocultar la displicencia al bienestar público de unos, y la imposibilidad de tomar una medida que castigue esa displicencia de los otros. Lo que el asunto revela es -como en esas filtraciones de WikiLeaks- algo que ya todos sabían: que los de Adeom son unos prepotentes y que la intendencia, cuando más se la precisa, más deja en evidencia su incompetencia en eso de lidiar con ellos.