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Ser común y corriente puede ser un capital político, aunque no haya nada novedoso en eso. Con una barba con canas, traje abolsado y modales humildes, al nuevo jefe de Estado egipcio le calza a la perfección esa descripción. Su trayectoria ilustra el ascenso de la Hermandad Musulmana, una organización con 80 años de historia. Muchos de los líderes de la Hermandad han sido profesionales de orígenes provincianos que han ascendido socialmente.
Mohammed Morsi nació en 1951 en una modesta casa de ladrillos, donde patos y gansos andaban libres, en un pueblo al norte de El Cairo llamado Edwa. Era el mayor de cinco hermanos. Su padre, dice Morsi recordando, lo llevaba a la escuela en el lomo de un burro. El esfuerzo valió la pena. El niño obtuvo notas lo suficientemente altas como para entrar en la respetable facultad de ingeniería de la Universidad de El Cairo, un semillero de islamistas en la década de 1970. Luego, hizo un posgrado en la Universidad de California del Sur. El señor Morsi afirma que no le gustaron sus años en Estados Unidos, pero dos de sus hijos nacieron ahí y se quedó durante varios años luego de haber obtenido el doctorado, antes del retorno a Egipto y a un puesto de docencia en la Universidad de Zagazig, no muy lejos de Edwa. A mediados de los años ochenta, la Hermandad gozó de un soplo de libertad cuando el entonces novel presidente Hosni Mubarak experimentó brevemente con el pluralismo político. Morsi se unió a la organización secretamente, y una vez dentro se ganó una reputación de competente y eficaz organizador. Ese tipo de habilidades demostraron ser útiles a medida que arreciaban las olas de arrestos y persecuciones. Para el año 2000, cuando a la Hermandad se le permitió participar de elecciones muy controladas por el gobierno, Morsi encabezó la lista en la zona de Zagazig y entró al Congreso. Fue uno de pocos congresistas de la Hermandad, con perfil bajo y leal a la organización. Estuvo preso, además, durante un corto período junto a otros líderes del movimiento. Cuando una línea "dura" realizó una purga y se deshizo de integrantes relativamente liberales en 2009, entró al círculo de poder. Su estilo frío y calculador aliena a los jóvenes de la Hermandad, y muchos atribuyen su victoria a la voluntad de millones de detener al delfín del dictador depuesto Hosni Mubarak. (The Economist, traducción Fabián Muro).




