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Rasgos y características de las menores infractoras.
¿Cuáles son los caminos para una mujer en el delito? ¿Qué estrategias eligen, o son obligadas a elegir, en un mundo fuertemente masculinizado? Esas preguntas fueron algunas de las que se planteó Nilia Viscardi, doctorada en sociología y actual referente académica del proyecto Promoción de Convivencia Saludable, de la Anep. La investigación -entrevistas con 10 menores infractoras- fue realizada en 2005 y las conclusiones sobre las trayectorias de algunas de las "pibas chorras" están plasmadas en el libro Uruguay. Inseguridad, delito y Estado: "El paso del tiempo puede haber modificado ciertos significados, representaciones y realidades, no obstante lo cual entendemos que el trabajo aún mantiene vigencia histórica", escribe Viscardi.
-¿Qué la llevó a investigar casos de menores infractoras?
-Quería saber si se podía encontrar, en el espacio de la violencia, un proceso de "igualación" entre los géneros.
-¿Por qué este fenómeno, el de la infractora, es casi invisible?
-Porque son muy pocas las menores infractoras, sobre todo cuando se habla de hurtos y rapiñas, delitos sobre los que se habla mucho. Estadísticamente, es insignificante.
-Eso no excluyó su interés. En el libro usted afirma que "el nacimiento de los pibes chorros es también el de las pibas chorras".
-Claro. Porque hay muchos fenómenos en los que la violencia femenina se está normalizando, y se está aceptando socialmente en mayor grado. El boxeo femenino es un claro ejemplo de ello, lo que supone una igualación. Pero claramente, tienen menor tendencia a infringir la ley. Por otra parte, las mujeres carecen de las justificaciones morales que tienen los varones para delinquir.
-¿Cómo cuáles?
-La más importante de ellas es la que coloca al hombre delincuente en el lugar del proveedor: "Yo robo para llevar para la olla". Eso, culturalmente, no es válido para una mujer. Ella podrá obtener dinero para su familia, pero no por vía del hurto o la rapiña.
-¿Eso qué opción le deja a una mujer que se mueve en este mundo?
-El de la prostitución.
-O sea que es más "legítimo" para una mujer prostituirse, que robar.
-Exacto. Como ocurre a la inversa también. Para un hombre, la prostitución masculina no tiene visibilidad y difícilmente un varón reconozca, acepte, que se prostituye. ¿Por qué? Porque prostituirse es un acto femenino, aunque lo haga un varón. Pero aclaro: también para la mujer es un estigma prostituirse. Ella puede decir que roba o rapiña, y eso no lleva la misma carga negativa que prostituirse. No va a ser estigmatizada por ser ladrona o rapiñera ¿Pero cuál es el problema? Que no va a encontrar eco para sostener eso en el tiempo. La idea de proveer sigue siendo masculina.
-¿Reinciden en el delito menos que los hombres?
-No tengo elementos para afirmar eso. Sí parece una hipótesis razonable pensar que tienen una tendencia a desistir de la vida delictiva antes que los hombres, que tienen una carrera más corta. (Fabián Muro)
Fue editado por Trilce ($ 340), recopilado Álvaro Rico y Rafael Paternain y cuenta con artículos de 18 académicos uruguayos.


