Fabián Muro
Luiz Eduardo Soares tiene varios caminos recorridos: académico (es antropólogo y cientista político), militante comunista y jerarca público (fue Secretario Nacional en Seguridad Pública en el primer año del primer gobierno de Lula y coordinador de Seguridad, Justicia y Ciudadanía en Rio de Janeiro). También es autor de un libro -Tropa de elite- que impactó en la opinión pública brasileña y se convirtió en un gran éxito cinematográfico. Qué Pasa lo entrevistó cuando visitó Uruguay para hablar sobre políticas públicas de seguridad en un seminario organizado por el Ministerio del Interior.
-Durante su disertación, usted dijo que su idea original sobre la policía era que ésta es una herramienta de la clase dominante y que para liberarse de esa dominación, la vía era la revolución leninista.
-Sí, vengo del Partido Comunista, de la lucha clandestina contra la dictadura militar y de la idea de que la Policía, como todas las instituciones del Estado, están necesariamente vinculadas al proceso de dominación de clase que sólo puede ser cambiado mediante la revolución.
-Ahora usted habla de la legitimidad de la represión, y además, de la Policía como una institución en defensa de los más débiles.
-En un ambiente político-cultural prejuicioso puede sorprender, pero es muy simple. Si la Policía cumple con sus funciones constitucionales, el efecto de su intervención será la defensa de derechos y libertades. Si hace lo que la Constitución determina con el uso comedido de la fuerza y respeto a los derechos humanos, lo que hace -o lo que debería hacer, porque no necesariamente ocurre- es la defensa de los derechos y libertades de todos. Eso implica para los pobres y vulnerables una protección muy importante.
-¿Cuándo empezó a trabajar directamente con temas de seguridad y sobre el papel social de la Policía?
-Trabajo con policías como consultor o como investigador desde la década de 1980. Predominaba una visión negativa y el trabajo del policía en las calles me parecía muy pobre, muy simple.
-Hoy, usted dice que son microgestores multidisciplinarios.
-Luego de convivir con ellos durante años, vi que hacen muchas cosas, muy variadas. Hacen gestión de seguridad movilizando recursos de otras instituciones, de la población, interpretando las situaciones, anticipándose a los problemas.
-Por otro lado, usted sostiene que la "mano dura" no consigue éxitos, resultados.
-No hay seguridad pública sin Policía eficaz. Y ésta no es eficaz si no respeta los derechos humanos. A la inversa, no hay derechos humanos sin Policía eficaz. Si la Policía protege y defiende los derechos humanos, sin la Policía éstos están en riesgo.
-Pero la Policía no siempre respeta los derechos humanos. Esos problemas están planteados en Tropa de elite.
-Por eso es importante hacer valer los derechos de delincuentes y ciudadanos por igual.
-¿Cómo se logra eso? Porque muchas veces, sólo el policía, el que está directamente involucrado en la represión o la investigación, está en condiciones de detener un exceso, un abuso.
-Ese es el punto central del segundo libro que está listo y va a salir en octubre en Brasil, al mismo tiempo que la película Tropa de elite 2: la lealtad. Las contradicciones entre la lealtad a la Justicia y a la sociedad, y a los compañeros que te salvaron la vida pero que ahora hacen eso y aquello, y se corrompen. ¿Qué hacer? Porque hay una ética privada y una pública. Es un dilema terrible, el centro de la cuestión. Y no hay salida.
-Volviendo al tema de la "mano dura". Eso es lo que muchas veces se reclama desde la opinión pública que se refleja en los medios de comunicación.
-No es bueno fortalecer una posición que me parece tremendamente negativa y destructiva. Pero lo primero es la libertad, entonces hay que defender la expresión completamente libre, incluso si es una posición detestable. Pero los medios también cambian. Son organizaciones de profesionales con ideas y espíritu crítico. En Brasil es muy difícil decir que los medios son conservadores en materia de seguridad. Es verdad que es la posición predominante, pero en muchas situaciones nosotros tuvimos avances. No tuve tiempo de hablar (durante la disertación) sobre que hoy en Rio hay menos miedo del que sería razonable en una situación como la que vivimos.
-¿A qué variables atribuye ese cambio?
-Los medios influyen. Imagina una situación en la que haya 40 homicidios por cada 100.000 habitantes. Esto significa que para ti el número es 2.500. Si te digo que en un año 2.500 personas están observadas por un Dios enigmático, una lotería. A fin de año, uno de ustedes habrá muerto. La estadística vale para la sociología. Pero desde el punto de vista individual, no tiene sentido porque ¿cómo vivirías sabiendo que puedes ser uno de los 2.500? Claro, las posibilidades son pequeñas, remotas, pero existen: cada día puede ser el último. En ese contexto, el miedo o la paranoia sería perfectamente racional. Pero es disfuncional para el individuo. Y para la sociedad.