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Astillero Victoriano construye unas 20 naves al año que coloca en Paraguay, Brasil y Dominicana
POR DIEGO FERREIRA
dferreira@elpais.com.uy
Un paseo por el mar, surcando olas a alta velocidad, es un placer que pueden permitirse sólo algunos bolsillos. Por eso, los botes y lanchas deportivas y pesqueras que la empresa Astillero Victoriano fabrica en Uruguay, son exportadas a países de la región.
La firma, de origen familiar, se instaló en el mercado hace unos 15 años enfocándose en la construcción de embarcaciones pequeñas y medianas para practicar el turismo náutico, la pesca deportiva y en menor medida a actividades laborales (como tareas de rescate), explicó Víctor Díaz, uno de los directores de Astillero Victoriano.
El catálogo de la firma, disponible en Internet, presenta botes de 3,30 metros de eslora, fabricados en fibra de vidrio reforzada e impulsados por un motor de cinco caballos de fuerza (HP). Estos barcos, con capacidad para navegar con hasta tres pasajeros a bordo, son ideales para la pesca deportiva o paseos en arroyo, laguna y ríos.
Una alternativa más aventurera y más cara son las lanchas. Construidas en fibra de vidrio y con un tamaño variable -que va desde los 4,80 metros a los 10 metros de eslora-, estos modelos cuentan con luces reglamentarias, toldo de lona náutica y un motor con una potencia mínima de 40 HP y una máxima de 90 HP.
El modelo deportivo incluye parabrisas, baranda de acero inoxidable y butacas y asientos tapizados. Tanto la lancha deportiva como la pescadora tienen capacidad para cinco u ocho tripulantes.
Un modelo más potente es el Solanas 220, de 6,70 metros de eslora y motor fuera de borda de hasta 225 HP. Esta nave puede transportar hasta ocho personas.
Los precios van desde los US$ 1.400 por un bote de tres metros de eslora hasta unos US$ 120.000 por una lancha de 10 metros.
El Astillero Victoriano, que ocupa a cinco operarios, fabrica unas 20 lanchas al año, una cifra muy inferior a las 70 que se armaban a fines de los 90, momento de auge del sector. Hoy, sus principales mercados son Paraguay y Brasil; a la lista se sumó recientemente República Dominicana, acotó el empresario.
El mismo camino siguen otras empresas dedicadas a la fabricación de embarcaciones como los astilleros Krause y Bertoni en Montevideo, IAP en Colonia y Sioux en Paysandú, dijo Díaz.
Según el empresario, el 80% de los compradores son clientes de un alto poder adquisitivo. El mercado nacional es escaso ya que los compradores locales, el gobierno incluido, se inclinan a importar.
A las bajas ventas locales -que obligaron a reducir costos para ser más competitivos-, y a la limitada demanda desde el exterior, se suma la falta de mano de obra calificada. Los mejores operarios emigraron con las últimas crisis económicas. El cluster de la industria naval y la UTU abrieron algunos cursos de formación para el trabajo en astilleros.
El precio de las embarcaciones oscila entre los US$ 1.400 por un barco a los US$ 120.000 por una lancha
Los fabricantes locales de embarcaciones protestan contra la ley 18.007, sobre «embarcaciones deportivas de bandera extranjera», por entender que habilita la importación de lanchas a bajo costo, lo que tranca a la industria local. «Es una competencia muy desleal porque esas embarcaciones no pagan impuestos», se quejó Víctor Díaz, director de Astillero Victoriano. A manera de ejemplo, el empresario señaló que fabricar una lancha de cinco metros de eslora en Uruguay cuesta unos US$ 20.000, lo mismo que importar un barco de ocho metros.




