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Empresas que se han instalado y una lluvia de consultas de inversores en busca de un mercado que brinde más estabilidad y seguridad jurídica se ubican en el legado del gobierno argentino
POR DIEGO FERREIRA | dferreira@elpais.com.uy
Desde el corte de puentes que tuvo al país en vilo durante años hasta las recientes medidas proteccionistas. El gobierno de los Kirchner ha dado dolores de cabeza al Uruguay -y continúa firme en ese sentido-, pero su política económica ha desencadenado también un montón de beneficios al mercado local.
Por un lado, las inversiones que se desvían por las pocas garantías que ofrece el país vecino. Por otro, las propios argentinos que han volcado su capital en inmuebles y, sobre todo, en el agro, con su consecuente tecnificación y profesionalización. A eso se suman beneficios a los comercios, que han visto llegar ciudadanos de la vecina orilla en busca de productos que en su país escasean.
Lo que más suena últimamente son los choques diplomáticos por el dragado en Martín García, que se suman a las trabas a las importaciones que paralizaron el envío de productos nacionales o fabricados en Uruguay hacia Argentina. En números, las exportaciones cayeron de US$ 169 millones entre enero y abril de 2011 a US$ 159 millones en el mismo período de este año, según datos del instituto Uruguay XXI.
El acuerdo tributario entre Uruguay y Argentina en el marco de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) es otro tema espinoso. El sector privado ve en el documento un potencial factor de cambio desfavorable para los negocios en Uruguay, al punto que teme la salida de inversores argentinos o que posibles interesados opten por otros destinos.
Pero más allá de los aspectos negativos, estas políticas han despertado el interés de los inversores (argentinos y extranjeros) por aterrizar en Uruguay. «En el correr de este año de turbulencias en Argentina, muchos han llamado. De ahí a concretarse es otra cosa», aclaró el CEO de Aguada Park, Roberto Yanuzzi. Los sondeos vienen de back offices (en trading y finanzas) que demandan recursos humanos y que ven a Uruguay como la puerta de entrada al Mercosur, aunque el bloque está cada vez más enfrascado en sus disputas internas.
La expropiación de YPF, anunciada en abril por la presidenta argentina, Cristina Fernández, apuró los contactos de empresarios españoles con Uruguay. En los últimos meses llegaron representantes de firmas como Acciona (infraestructura), FCC (construcción), otras de ingeniería y del área naval que buscan desarrollar proyectos, como el puerto de aguas profundas o la planta regasificadora.
«Lo más importante que ven en Uruguay es la seguridad jurídica, la seriedad y que no corren el riesgo de hacer una inversión y que pasen uno o dos años y se expropie», afirmó Manuel Barros Rivadulla, presidente de la Cámara Española de Comercio, Industria y Navegación de Uruguay. El análisis sobre las garantías que ofrece Uruguay es unánime entre operadores inmobiliarios, asesores financieros, empresarios y analistas económicos. Argentina, en cambio, es el polo opuesto.
Con este escenario convulsionado, no es de extrañar que las consultas por Uruguay aumenten. En 2011, se contactaron 260 empresas del rubro automotor y de autopartes, de servicios, agronegocios, energía y construcción. El 16% de esos sondeos surgieron en Argentina, que lidera una lista de 40 países, según información de Uruguay XXI.
Argentina también es un contribuyente clave en la inversión extranjera que recibe el país. En 2011, su aporte fue el 26% de los US$ 2.586 millones de inversión foránea.
Los dos sectores principales que reciben esos aportes son la construcción y el campo, destacó Ángel Piazza, presidente de la Cámara de Comercio Uruguayo-Argentina. «El boom de la soja vino de la mano de los argentinos», señaló Piazza.
En este caso, por efecto de las retenciones al campo en su país, los argentinos desembarcaron en Uruguay para producir a menor costo. De las 800.000 hectáreas dedicadas a ese cultivo, la mitad se encuentra en manos de argentinos.
En cuanto al sector de la construcción, el peso de los capitales argentinos se observa en que la inversión de ese origen abarca la mayoría de los US$ 1.500 millones invertidos en bienes raíces en 2011, afirmó Juan Carlos Sorhobigarat, director de la firma Terramar.
Las presiones y temores que ejerce el acuerdo de la OCDE y la restricciones en la compraventa de dólares, están generando un reacomodamiento de las operaciones en Punta del Este. Mientras los nuevos proyectos estarían dirigidos a la clase media, las grandes obras quedan a la espera de que el panorama se aclare, afirmó Sorhobigarat.
Para Fernando Foti, dueño de Foti negocios inmobiliarios, esas dudas ya han sido evacuadas por los estudios jurídicos locales. En su opinión, pese «a las medidas argentinas, sigue viniendo gente de ese país a comprar y pensando en vivir en Uruguay».
Actualmente, el metro cuadrado de un edificio a estrenar en Montevideo sale US$ 2.000 en promedio, mientras en Capital Federal, ronda los US$ 2.200, según un informe de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) revelado esta semana.
Aunque estas señales parecen positivas para Uruguay, los analistas relativizan los beneficios reales. «No es razonable pensar que una empresa que opera en Argentina diga ya no quiero trabajar en Argentina, quiero trabajar en Uruguay»; la estrategia no es cambiar un país por otro, subrayó Carlos Loaiza, socio del estudio Sanguinetti/Fodere. Añadió que incluso para los empresarios extranjeros resulta difícil «discernir» entre dos países parecidos hasta en sus acentos. La clave está en hacer notar las diferencias, remató.
El bloqueo argentino a las islas Malvinas es otro factor de controversia con ecos en Uruguay. Los empresarios locales que evalúan comerciar con las islas han recibido «presiones» indirectas para no hacerlo, ya que de lo contrario se les dificultaría hacer negocios con Argentina, dijo Marcelo Mercant, director de la Cámara de Comercio Uruguayo-Británica. El ejecutivo adelantó que la gremial gestiona la visita de empresarios de las islas a Uruguay con el fin de desarrollar el intercambio comercial.

