Por Victoria Burnett
The New York Times
Marisela Álvarez pasa buena parte del día inclinada sobre un quemador eléctrico individual en su pequeña cocina al aire libre. Las rodillas la están matando. Su cabello rojo huele a aceite de cocina. Pero no se ha sentido tan afortunada en años. "Me siento útil; son independiente", dijo Álvarez, quien abrió un pequeño café en su casa en noviembre, en este destartalado poblado a 40 kilómetros de la capital, La Habana. "Cuando te sientas al final del día y ves cuánto has hecho, te sientes satisfecha".
Con impaciencia, con recelo, los cubanos están aceptando la oferta del gobierno de trabajar para sí mismos, vendiendo café en sus patios, alquilando casas, haciendo muebles de ratán y promoviendo en la calle de todo, desde devedés piratas hasta Silly Bandz y vino hecho en casa. Es que con la esperanza de resucitar a la paralizada economía de Cuba, el presidente Raúl Castro abrió la puerta a una nueva, aunque limitada, generación de empresarios el año pasado, luego de advertir que las "infladas" nóminas del estado podrían terminar "poniendo en peligro la misma supervivencia de la Revolución".
La federación cubana del trabajo informó que el gobierno despediría a medio millón de aproximadamente 4.3 millones de empleados del Estado para marzo, emitiendo cientos de miles de nuevas licencias para gente que quiera sumarse al diminuto sector privado de Cuba, en lo que podría ser la mayor remodelación de la economía administrada por el estado desde que Fidel Castro nacionalizó toda la empresa, en 1968.
Para finales de 2010, el gobierno había otorgado 75.000 nuevas licencias, con base en información de Granma, el diario oficial del Partido Comunista, engrosando las filas oficiales de los autoempleados en 50 %.
Eso aún está muy lejos de la cantidad necesaria para crear alternativas para todos los trabajadores que, con el tiempo, serán despedidos, y no hay garantía de que el mercado pueda sostener a cientos de miles de personas que trabajan por su cuenta. Sin embargo, las licencias se han expedido rápidamente, y el gobierno ha estado alentando a la burocracia para que lo siga haciendo.
Las calles antes desprovistas de comercio poblados La Habana están volviendo gradualmente a la vida, a medida que la gente cuelga letreros pintados a mano y brillantes toldos afuera de sus casas y monta puestos junto al camino.
Ingeniero en electrónica, quien por años había operado en la sombra, actualmente publica panfletos en los que asegura que puede reparar cualquier aparato que exista. Una practicante de santería vende collares de cuentas, sardinas de río y maíz tostado, que se emplean en ceremonias en la tienda con techo de estaño en su patio.
Álvarez y su marido, Iván Barroso, sacaron una licencia para el café y otra para vender carne y pescado. Ahora, la pareja atiende un próspero negocio que sirve suaves rollos blancos llenos de cerdo al ajo y atún fresco por 60 centavos de dólar en un mostrador de madera a la verja de entrada de su casa. Álvarez, quien solía ser bibliotecario en una escuela y renunció a su trabajo varios años atrás, administra el café con su hijastro. Barroso va de pesca, sacrifica cerdos y entrega productos a clientes en La Habana.
"Si tienes la habilidad, la dedicación para alcanzar algo, deberías gozarlo", dijo Barroso, quien vendió pescado y cerdo hasta noviembre sin licencia a un cerrado círculo de amigos y clientes.
Aproximadamente 85% de todos los cubanos empleados trabajan para el Estado, percibiendo aproximadamente US$ 20 al mes a cambio de acceso gratuito a servicios como salud y educación, así como una ración de productos subsidiados.
Sin mayoristas no hay insumos
Pero mucha gente sigue mostrándose escéptica. Juan Carlos Montes administró un restaurante particular en el patio de su hogar en La Habana durante cinco años, pero se agotó de los quisquillosos inspectores y lo cerró en el 2000. Ahora, se muestra reacio a probar de nuevo.
"Cuando alguien que ha expuesto el mismo argumento durante más de 40 años cambia repentinamente la tonada, tienes que tener mucha fe para creerles", destacó. Su esposa, Yodania Sánchez, intenta que él cambie de opinión. Ella tiene licencia para alquilar dos habitaciones en su casa, y paga aproximadamente US$ 243 en impuestos todos los meses, si las habitaciones se ocupan o no. "Los cambios son realmente positivos; hay nuevas oportunidades", dijo una mañana reciente, mientras limpiaba su diminuta cocina. "La gente quiere que Cuba se convierta en Suiza de la noche a la mañana, y eso no es posible", opinó.
Sin embargo, Montes jura que no abrirá un nuevo restaurante sino hasta que haya un mercado al mayorista. "La gente no puede conseguir lo que necesita para dirigir un negocio", señaló. "El carpintero no tiene madera. El electricista no tiene cable. El plomero no tiene tubos. Justo ahora, no hay harina en las tiendas. ¿Entonces, qué están haciendo todas las pizzerías? Tienen que comprar ingredientes que son robados de panaderías".
El gobierno dice que creará un mercado de ventas al mayorista -aunque pudiera requerir varios años- y este año importará US$ 130 millones en bienes y equipamiento para el sector privado. De manera similar, está planeando micro préstamos y cooperativas de negocios, así como permitirle a la gente comprar y vender automóviles y casas, medidas que, especulan algunos analistas, pudieran anunciarse en anticipación al Congreso del Partido Comunista, a celebrarse el próximo abril.
Por ahora, carpinteros como Pedro José Chávez tienen permitido hacer solamente reparaciones, en vez de hacer cosas, porque no hay mercado legal para la madera. Su taller, en lo alto de una azotea del área de Vedado en Habana, está lleno de burdos machetes hechos de partes rescatadas, dado que las herramientas apropiadas para el trabajo son demasiado caras.
"Es absurdo que te extiendan una licencia para trabajar pero no te den acceso a materiales", protestó Chávez. "Cuba se estás desmoronando", agregó, indicando con un gesto hacia los decrépitos edificios cerca de ahí. "Nosotros podríamos ayudar a reconstruirla".
Aunque con recelo, venden café, vino, muebles o alquilan casas
En 2010 se dieron 75.000 nuevas licencias de autoempleo
130:
De dólares se destinarán a la compra de bienes y equipos para el sector privado
85%
De todos los cubanos empleados trabaja para el Estado y recibe US$ 20 al mes
"Se enfoca a legalizar el mercado negro"
Para que el sector privado prospere, el gobierno debería expandir considerablemente la lista de ocupaciones abiertas a los autoempleados para que incluya profesiones como ingeniería o leyes, dijo Ted Henken, experto en el sector privado de Cuba por el Baruch College. La lista de 178 empleos abiertos actualmente para cubanos autoempleados -entre ellos, reparación de parasoles y de bases de colchones- es altamente específica y parece enfocada principalmente a legalizar y cobrar impuestos a personas que trabajan en el mercado negro. "Hay mucho más por hacer para que el pueblo produzca y de empleos", dijo.
El gobierno además enfrentará la cuestión de los derechos civiles y políticos que surgirán con el crecimiento de una clase de comerciantes, incluidos temas divisivos como las crecientes disparidades en la riqueza. "No hay final para las exigencias de una economía privada", concluyó Henken.