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Los que limitan a la cerveza el acompañamiento de ese plato típico italiano, lo subestiman; asimismo, ya es tiempo de bajar a las burbujas del pedestal de los brindis
El champán puede ser un buen compañero de la pizza, si es que no se subestima a este plato típico de los italianos, dejándolo de pensar como comida rápida. Por supuesto, demasiadas pizzas son hechas con malos ingredientes industriales, y llevadas apresuradamente a su puerta en una caja de cartón húmeda.
Pero la buena pizza, eso es algo totalmente diferente. Ingredientes como harina pura, buenos tomates y muzzarella, albahaca fresca y un aceite de oliva de calidad pueden resultar en casi la perfección. Una margherita, hecha con esos componentes, es un ideal platónico, elegante en su sencillez. ¿Y por qué no con champán?
El hecho es que este plato uno de esos alimentos raros con tal versatilidad que puede ser disfrutado con una enorme variedad de bebidas diferentes. Seguro, algunas chocarán, o atenuarán a su gusto, como los vinos con mucho sabor a roble con poca acidez. Pero la mayoría de los acompañamientos, incluido el champán, funcionarán bien.
Lo que debería ser generalmente un proceso relajado de seleccionar una bebida puede a veces reducirse a analizar exageradamente los maridajes. Especificar obsesivamente sugerencias y reglas rígidas quizá sea bueno para los restaurantes selectos, pero no para las cenas informales en la intimidad del hogar.
No son sólo los maridajes entre alimentos y vinos lo que se inhibe. ¿Quién no se ha topado con un entrometido bienintencionado que considera un deber informarle, justo cuando está decidiendo qué vino ordenar con su pizza margherita, que los propios italianos prefieren beber cerveza con la pizza?
Pero no le dicen que la degustan también con Coca-Cola o cualquier bebida con burbujas, lo cual remonta al champán. Es que definitivamente esta bebida ya no debería limitarse a las visiones de gala de sus comercializadores. (En base a The New York Times)
La selección del trago con que se acompañará la comida debería ser un proceso relajado, pero a menudo está cargado de sugerencias rígidas







