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JORGE CAUMONT
El 31 de julio se cumplieron 100 años del nacimiento del Premio Nobel de Economía de 1976, Milton Friedman. Un economista alabado por unos y fuertemente cuestionado por otros, fundamentalmente políticos de inclinación marxista, socialista o de alguna otra izquierda. Movimientos que han adoptado muchas de sus posturas económicas y que hoy, tal vez por desconocimiento de su obra o por resistir su reconocimiento al pensador, las impulsan como alternativas progresistas.
TEORÍA DE PRECIOS. En el segundo trimestre del año lectivo 1974-75, tras llegar a una Chicago invernal, muy fría y con mucha nieve, con poco tiempo de recibido de economista en Uruguay, asistí a mi primera clase en el Departamento de Economía de la Universidad de Chicago: Economics 301, microeconomía. La dictaba Friedman, una persona de baja estatura que parecía aún más baja cuando se le veía en la tapa del prospecto del Departamento, al lado de otro Nobel (1982), George Stigler, cuya estatura rozaba los dos metros. En ese entonces eran los profesores de mayor prestigio en un Departamento de no más de quince y de menos de una centena de alumnos de todos los años, aunque ya estaban otros futuros Nobel: Gary Becker, John Heckman, Robert Lucas y Robert Fogel. También Ronald Coase y Merton Miller, pero enseñaban en otros Departamentos de la Universidad. Y aun otros que pudiendo haber alcanzado el lauro, murieron antes: Harry Johnson y D. Gale Johnson. Y todavía otros como Arnold Harberger que presidía el Departamento, y Larry Sjaastad, mentores desde mediados de los años cincuenta de estudiantes chilenos, más tarde argentinos y aún más tarde de unos pocos uruguayos. Dos cosas, entre otras, me sorprendieron significativamente ese primer día: la gran cantidad de asistentes a la clase de Friedman y mi ignorancia absoluta de lo que era la ciencia económica, a pesar de ser ya economista y creer que lo estudiado en Montevideo era economía. Estudiantes y otras personas, iban a las clases de Friedman porque transmitía importantes conceptos de teoría económica pura que él probaba con el empleo de una de las características de la Escuela de Chicago: el método científico. El método de la formulación consistente de una hipótesis y de su prueba en la realidad, tan bien plasmado en su colección de artículos en Ensayos de Economía Positiva (1953). Usando el método científico había probado las ventajas de los mercados competitivos frente a los monopólicos, monopsónicos, oligopólicos, oligopsónicos o de imperfecta competencia, trabajando solo o con Stigler y dando bases a una famosa creación académica y de verificación empírica de Arnold Harberger: el uso del modelo neoclásico de equilibrio parcial para medir las transferencias y los costos sociales que implican distorsiones de los mercados como los impuestos, los subsidios, la fijación de precios, las restricciones al comercio exterior, los monopolios legales, etc. Los avances de la teoría microeconómica debidos a Friedman pueden encontrarse plasmados en su libro Price Theory (1976) y se trata de algunos por los que se le concedió el Nobel a 30 años de su ingreso al Departamento de Economía en el año en que lo dejaba.
CONSUMO Y DINERO. Además de sus clases de Economics 301 y 302, Friedman presentaba y estimulaba a que se presentaran trabajos en el Workshop de Money (Taller de Economía Monetaria). Se le temía por sus antecedentes ya que juzgaba quien había enfrentado con notable éxito, a los economistas keynesianos de la Cowles Commission. Se le consideraba un "bullfigher" (torero), como un "big gun" (el más) al que solo se le persuadía cuando algo monetario o macroeconómico -además de lo microeconómico- se le presentaba probado científicamente. Si no era así, quien presentaba "mordía el polvo". Basándose en un análisis de Simon Kuznetz sobre la evolución del consumo en Estados Unidos, ya en la década de los cuarenta sacudió a la teoría keynesiana de la determinación de los precios, del nivel de empleo y de la producción, reformulando la teoría del consumo del pensador de Cambridge, quien solamente aceptaba al ingreso como su determinante. Friedman estableció que los determinantes del consumo, una variable macroeconómica de suma importancia por su gran peso en términos de PIB, son el ingreso permanente, no el observado, la tasa de interés y la riqueza, entre otras variables mucho menos importantes. Cuando en 1976 se le concede el Nobel se menciona su gran aporte volcado en A Theory of the Consumption Function (1957). Y también se menciona a sus contribuciones en materia monetaria ya que fue, el fundador del monetarismo, también aportando fuertes argumentos en contra del keynesianismo, tan arraigado en el mundo occidental y hasta hoy día también en muchos países de América Latina, por la complacencia política en el intervencionismo estatal y en los bloqueos al funcionamiento del mercado. En su Historia Monetaria de Estados Unidos (1963) en conjunto con Anna Schwartz, Friedman prueba que la crisis de los años treinta se debió al mal uso de la política monetaria, ya que la cantidad de dinero cayó 30% durante ese lapso del que todos creen que salió por las recetas keynesianas. Antes ya esbozaba la importancia de la política monetaria en libros como A Monetary and Fiscal Framework for Economic Stability (1948) y en A Program for Monetary Stability (1960) y volvía a enfrentar luego, ya a los neokeynesianos en 1968 con The Role of Monetary Policy.
Mucho más quisiera decir de Milton Friedman, tanto de su actividad académica como de su actividad de extensión para que la gente conociera las consecuencias de las decisiones económicas. También mucho se puede decir, y lo haré, de las injustas críticas a su actividad política en Chile o en China. La ignorancia de cómo sucedieron los hechos y qué fue lo que realmente pasó, exacerbada por el espíritu anticapitalista de algunos, ha dado lugar a reacciones frente a Friedman que no se corresponden con lo ocurrido en la realidad. Una realidad, la de hoy, que acepta en numerosos países, incluido el nuestro, muchas de las cosas, no todas, que antes le criticó pero que hoy, las usa y defiende: propiedad privada de medios de producción, libre competencia, libertad de precios, libertad de cambios, libertad para importar, uso de la política monetaria para enfrentar a la inflación y para estimular al consumo y otras cosas por el estilo. Lo dejaré para el próximo artículo porque el espacio es tirano. Simplemente me gustaría ahora, para terminar, reproducir a Deirdre (Donald) McCloskey, profesor(a) de Economía hoy en la Universidad de Illinois en Chicago: "La mayoría de la gente pensó en los 30 años siguientes a 1935 que el socialismo era inevitable, o al menos bueno, en parte porque Keynes lo dijo; desde 1965, más y más gente ha pensado que el capitalismo es inevitable, o al menos bueno, en parte porque Friedman lo ha dicho".




