Hace diecinueve años que S&F fabrica y comercializa indumentaria deportiva en general. En 1992, cuando el rugby estaba aún restringido a un pequeño círculo de colegios de la zona de Carrasco, Fernando Barrandeguy constató que había una demanda insatisfecha de vestimenta para practicar ese deporte. Por el ambiente social en que se movía, también tenía amigos que jugaban al pádel, una moda que hacía furor en aquella época, y que no conseguían quién les hiciera camisetas exclusivas. Por otra parte, estaba en contacto con empresarios que comenzaban a utilizar la modalidad de los regalos -como, por ejemplo, remeras o gorros estampados- para promover sus actividades comerciales. El rugby, la ropa por encargo y las promociones fueron los tres nichos que el emprendedor reconoció hace casi dos décadas, cuando aún no se habían popularizado, y que hoy continúan siendo los distintivos de su empresa.
S&F fabrica equipos para practicar deportes -entre otros, rugby, fútbol y hockey- y también ropa de uso "casual". Además, importa y comercializa prendas y accesorios de marcas internacionales, tales como Mormai, Gilbert, GAP y Topper. Uno de los objetivos del empresario es ofrecer en sus cuatro boutiques la más amplia variedad de mercadería de calidad, cubriendo desde pequeños artículos para regalo, que cuestan 50 pesos, hasta palos de hockey, cuyo precio es 400 dólares cada uno.
PRODUCCIÓN. La planta de S&F en Montevideo ocupa 25 personas en tareas de corte, confección, estampado, empaquetado, atención al cliente y administración. Al principio, solo producía prendas deportivas para alumnos de algunos colegios de Carrasco y Pocitos. Hoy esta marca es exclusiva de varios centros de enseñanza privada, tales como Saint Patrick, Los Pilares y Monte VI. Un equipo completo de rugby, que incluye la camiseta, el short y un par de medias, cuesta unos 1.200 pesos más IVA y el costo de uno de características similares para hockey es de 750 pesos más IVA.
En una segunda etapa, la fábrica pasó a confeccionar uniformes para colegios y empresas, que son dos nichos más amplios. A nivel empresarial, S&F tiene clientes como Moviecenter y Chevrolet Pocitos.
La prioridad del negocio es la rapidez en la entrega: un pedido de estampado de uniformes demora como máximo una semana, mientras que tarda veinte días si se incluye el corte y la confección.
Actualmente, cualquier institución puede hacer un encargo exclusivo. Así es que un buen número de los equipos de fútbol de la Liga Universitaria sale a la cancha con camisetas de la marca S&F.
COMERCIALIZACIÓN. Al margen de la fabricación de equipos deportivos y uniformes, esta firma importa artículos para una amplia gama de deportes, tales como pelotas de rugby y accesorios para hockey. Lo que aporta la empresa a los productos de otras marcas es "la garantía de calidad", explica su propietario.
Los productos fabricados e importados por S&F se comercializan en las cuatro boutiques que son de su propiedad. Tres de ellas, ubicadas en Punta Carretas, Carrasco y Punta del Este, están enfocadas principalmente en la venta de ropa deportiva para niños y adultos. A diferencia del resto, el cuarto local sobre la Av. 18 de Julio apunta a la demanda de los turistas, vendiendo artesanías que adquiere al por mayor en la plaza local.
En el interior del país, la empresa dispone de bocas de salida en tiendas que tienen un perfil similar al de la marca. El criterio es estar presente en el mayor número posible de puntos de venta, salvo que un escaso número de consumidores potenciales no haga rentable su instalación.
CRECIMIENTO. El objetivo principal de la empresa es que el nivel de precios esté acorde a la calidad. Por esa razón, su propietario cree que la firma ha crecido en forma sostenida desde su creación, pese a que algunas prendas puedan parecer caras. "No es cierto que la gente no quiere pagar precios altos. Cuando sabe que algo es verdaderamente bueno, lo paga", afirma.
Durante la crisis de 2002-2003, quedó comprobado que el público estaba dispuesto a seguir pagando por la calidad, lo que permitió que S&F continuara expandiéndose. Ahora la empresa se encuentra en un proceso de profesionalización de su estructura, que incluye la mudanza de su taller de Alberdi y Havre -que constaba de dos casas antiguas prácticamente sin comodidades- a una amplia planta de 700 metros cuadrados en Avenida Italia y Caldas. El empresario acepta que es "raro" que actualmente una fábrica de ropa prospere en Uruguay, pero esto "no tiene misterio": se resume a la calidad de la oferta y del servicio.