Guilford es un pueblo próspero en el cinturón periférico de Londres y un escenario poco probable para un seminario sobre delincuencia. Pero una de las mejores sesiones en la reciente conferencia anual de la Royal Economic Society (RES), llevada a cabo en la Universidad de Surrey, desentrañó dos de los grandes temas en la economía del delito: prevención (¿qué es lo que previene la delincuencia?) e incentivos (¿qué hace que los ciudadanos obedezcan la ley?).
Para empezar, Philip Cook de la Universidad de Duke dio a conocer un nuevo trabajo, escrito con John MacDonald de la Universidad de Pennsylvania, sobre las contribuciones privadas al orden público. Su trabajo se basa en parte en un estudio de los "BIDs" (Business Improvement Districts) en Los Angeles. Los BIDs son organismos sin fines de lucro que proveen servicios como guardias de seguridad privada y limpieza, financiados por firmas locales. La maravilla de los bienes públicos es que el uso de ellos por parte de una empresa no los hace menos útiles a otras. El defecto es que los negocios pueden beneficiarse incluso si no asumen sus costos. Un cambio en la ley de California en la década del noventa atiende este problema obligando a todas las empresas a unirse a un esquema colectivo si suficientes empresas locales se adhieren a él. Ayuda, también, que el gobierno municipal se encarga de cobrar las primas que financian a los BIDs.
La seguridad privada resulta ser una forma costo-eficiente de combatir los delitos. El estudio compara las tasas de delincuencia en el escenario de treinta BIDs después de 1995, con las tasas de distritos vecinos. Los BIDs tienden a ser áreas de alta delincuencia, por lo que los autores ajustaron por este factor. Encontraron que cada diez mil dólares gastados por un BID promedio el resultado fue de 3,4 menos delitos por año.
Para descubrir si éste fue dinero bien gastado, los autores encuestaron al público para que asignara un valor en efectivo a cada delito prevenido. Se le preguntaba a la gente si votarían por un esquema que redujera un delito en particular en un 10% con un determinado costo para el presupuesto público (el espectro de posibilidades iba desde 25 a 225 dólares). Los autores usaron las respuestas para asignar un costo social a diferentes delitos. Calcularon que prevenir una rapiña está valuado en 263.000 dólares, una agresión en 79.000 dólares y un robo en una casa en 21.000 dólares. Dada la reducción que generan en cada tipo de delito, cada 10.000 dólares gastados por el BID promedio se consiguió una prevención de delitos por un valor aproximado de 200.000 dólares.
Una relación de costo-beneficio de 20 a 1 es impresionante, aunque no nos dice si el esquema beneficia directamente a las firmas que pagan por él, ya sea a través de una clientela mayor, valores más altos de la propiedad, etcétera. Es claro, sin embargo, que la seguridad privada es rentable para la sociedad en su conjunto. Tan rentable, de hecho, que uno sospecha que algunos de los costos se han ignorado. Quizás la delincuencia no fue erradicada sino solamente desplazada a otro lugar. O quizás los BIDs trabajan tan bien porque tienen apoyo extra de la policía. Ese no es el caso, dice Cook. Establecer un BID lleva a que haya menos arrestos y entonces reduce el costo de la policía. Ni hay tampoco evidencia de que la delincuencia aumentó en distritos vecinos luego de que los BIDs se instalaran, dice. En todo caso, los delitos en las cercanías caen.
¿Por qué la seguridad privada es aparentemente tan rentable? Una razón, dice Cook, es simplemente que a los guardias se les paga menos que a los oficiales de policía. Otra es que están dedicados a un único distrito y son directamente responsables porque sea seguro. Los guardias pueden especializarse. Saben cuáles comportamientos sospechosos deben buscar y qué clase de vigilancia es mejor en su área. A diferencia de los policías, no son llamados a supervisar un desfile o proteger a un dignatario.
La investigación también muestra qué tan efectivo puede ser un "endurecimiento selectivo" (es decir, autoprotección contra el delito). Cook notó que había dos veces más autos en Estados Unidos en 2008 que en 1989, pero menos robos de autos. Trabas de dirección, inmovilizadores de motor y sistemas de seguimiento han hecho que los autos nuevos sean más difíciles de robar. En una línea similar, un trabajo presentado por Ben Vollaard de la Universidad de Tilburg mostró que es más difícil entrar en las casas nuevas. Vollaard y su coautor, Jan van Ours, calculan que las casas construidas después del cambio en el código holandés de la construcción de 1999 eran 26% menos probables de ser atacadas que aquellas construidas antes. Para cumplir con el código, los constructores tuvieron que instalar cerraduras de alta calidad y ventanas y puertas a prueba de robos. Puede ser que esto no detenga a un ladrón decidido pero son suficientes para detener a un oportunista, dijo Vollaard.
LA EDUCACIÓN. ¿Hay formas de evitar que las personas se conviertan en delincuentes? En principio, una educación más extensa debería reducir los delitos al elevar el ingreso por trabajos legítimos, volviendo la carrera delictiva menos atractiva. La escuela también mantiene a potenciales delincuentes en contacto con el tipo adecuado de pares y de actitudes sociales. Hay suficiente evidencia de que la falta de educación va de la mano con el comportamiento delictivo. Estudios sobre la población carcelaria de Estados Unidos en los noventa mostraron que la mayoría de los reclusos no habían terminado secundaria. Pero pocos estudios han establecido que menos educación es actualmente una causa de la delincuencia.
Un tercer trabajo presentado en la conferencia, escrito por Stephen Machin de la University College London, Olivier Marie de la Universidad de Maastricht y Suncica Vujic de la London School of Economics, usa un truco estadístico para encontrar una relación causal entre baja educación y delincuencia. Los autores analizan las tasas de delitos de un grupo de egresados de escuelas británicas, algunos de los cuales fueron obligados a permanecer en la escuela más tiempo debido a un cambio legal en el fin de la escolaridad obligatoria. Encontraron que este grupo era menos probable que se involucrara en comportamientos delictivos que un grupo anterior. Los autores calcularon que un año de educación extra reduce los delitos contra la propiedad en un 1-2%, y que el costo de esa escolaridad extra es compensado por el beneficio de la reducción en la delincuencia. Estos resultados repiten los de un estudio de Lance Lochner de la Universidad de Western Ontario y Enrico Moretti de la Universidad de California, Berkeley, quienes encontraron que el mayor beneficio de más educación estaba en una menor cantidad de delitos violentos. Ese resultado no es replicado en el estudio nuevo, quizás porque hay demasiados pocos asesinatos en Gran Bretaña como para aparecer en una estadística. Después de todo, Guildford está muy lejos de Los Angeles.