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CARLOS STENERI
Los titulares que conforman la realidad de esta mitad del año lucen preocupantes. En ellos se entremezclan hechos regionales confusos que ponen en tela de juicio el ejercicio pleno del derecho internacional, una caída continua del nivel de actividad industrial de países relevantes, tasas de desocupación récord en la mayoría de los países de la euro zona, para culminar con la propuesta reciente de medidas que cada vez lucen más insuficientes para solucionar la crisis de esa región.
MERCOSUR. Un principio básico para las naciones pequeñas, que enseña el manual de supervivencia en la jungla de las relaciones internacionales, es el de la no intervención en los asuntos domésticos de otros países. Ese principio se hace más relevante aún cuando se convive en un ámbito donde operan países con tamaños relativos más grandes y objetivos diferentes a lo que se agrega vocaciones flácidas de respeto a los Tratados.
Una vez rota esa regla básica de la convivencia internacional, los perdedores por definición son las naciones pequeñas. Eso es lo que acaba de ocurrir en el episodio de suspensión de Paraguay del Mercosur y la habilitación de la entrada de Venezuela. Ahora se han traspasado los límites de una querella comercial, ilegal de por sí pero que se intenta justificar por causas de fuerza mayor, por la violación de un principio sagrado del derecho internacional que hace a la honradez y estabilidad de la relación entre naciones. Más aún cuando pocos se erigieron como jueces presurosos, fuera de derecho y opinando sobre una realidad ajena. Además de lo penoso, por la mácula que aplica a nuestras credenciales impecables como nación defensora del principio de no intervención, cabe preguntarse qué se viene por delante. Parecería ser que del bilateralismo desenfadado que han mostrado sus socios mayoritarios para marcar la agenda comercial modificando aranceles externos, imponiendo cuotas o restricciones por la vía legal o por la otra, ahora el Mercosur ha comenzado a operar bajo otra regla. En este caso, el de una agenda afincada más en las afinidades políticas que en el respeto de la letra de los Tratados convalidados por los parlamentos de los soberanos. Hemos oído decir públicamente que quienes se oponen a lo actuado son las "derechas de siempre", lo cual es una prueba fehaciente del tinte ideológico de la decisión tomada. Es que en cuestiones de respeto al derecho, no hay izquierdas ni derechas. Solo corresponde el acatamiento irrestricto de los Tratados, salvaguardas de las relaciones entre los soberanos, más si son pequeños.
RECESIÓN MUNDIAL. La realidad del año en curso confirma que el mundo ha entrado en una franca recesión. Los indicadores de actividad industrial de Estados Unidos son los más bajos de los últimos tres años, similares a los vigentes meses después de la crisis de Lehman Brothers en 2009. En China, su principal socio comercial, también se observa la mayor desaceleración de la tasa de crecimiento en los siete últimos trimestres. Con ese resultado, el crecimiento económico en el primer semestre del 2012 respecto al mismo período del año anterior oscilaría entre el 7-7,5%. Ello está por debajo del 8%, nivel que se considera como piso para una economía emergente en fase de expansión apuntalada por un fuerte proceso de inversión. A esa situación, aún no se le han sumado las presiones a la baja de la corrección de un sector inmobiliario sobre expandido.
Por último Europa, además de otros problemas, muestra bajas tasas de crecimiento y alta desocupación. El nivel de la actividad industrial viene decayendo sin pausa desde agosto de 2011. Más preocupante aún es la desaceleración del ritmo de crecimiento de Alemania, guarismo que mostró su mayor enlentecimiento desde junio de 2009.
La desocupación ha llegado a niveles récords, en particular entre los jóvenes menores de 25 años: uno de cada dos jóvenes en España y Grecia, y en Italia su nivel es el triple de la desocupación del resto de la fuerza laboral. Al tema económico se le suma entonces un tema social pues sobre este segmento de la fuerza laboral, que no encuentra trabajo, no operan con profundidad las redes de protección social basadas en seguros de desempleo.
Por ende, los países emergentes -excluida China- no tienen otra alternativa que adaptarse a las realidades de un mundo en franca contracción y los efectos colaterales de los incentivos que algunos de esos países pondrán en práctica para revertir la tendencia contractiva. En otras palabras, más liquidez por delante preámbulo de una inflación que tarda en aparecer y bajas tasas reales de interés. Sin duda, un desafío adicional para los bancos centrales de los países en desarrollo, pero también un mar de oportunidades para afincar inversiones atraídas por mejores condiciones relativas.
INSUFICIENTE. Hace pocos días, la cúpula europea acaudillada por Alemania, lanzó un paquete de medidas apurada por el deterioro de España en lo atinente a la estabilidad de su sistema bancario y a las dificultades en el refinanciamiento de su endeudamiento. También Italia, por estas últimas razones, ayudó a ese tránsito siempre frenado por jerarcas imbuidos de inflexibilidad y titubeos.
Lo importante fue el cambio de rumbo en la estrategia. Pero analizada en sus detalles es insuficiente para despejar los riesgos. En otras palabras, de no mediar más osadía en la propuesta y profundidad en los instrumentos, se está igual que antes. O quizás peor, pues se van desgastando credibilidades que al final conducen a resultados sub óptimos.
Lo positivo fue que para ayudar a los países en problemas finalmente se aceptó la transferencia directa de recursos desde un organismo (Mecanismo de Estabilización Europeo) fondeado por las tesorerías de los integrantes de la Unión Europea (UE). En el caso de España, por su intermedio se transferirán 100.000 millones de euros para el salvataje de bancos insolventes, con la importante característica que la transferencia no se computará en su endeudamiento externo. Con eso se rompe el círculo vicioso por el cual la resolución de una crisis bancaria se convierte automáticamente en una crisis de endeudamiento. Ahora el costo del rescate recae sobre los hombros de todos los contribuyentes. Como salvaguarda, la condición es crear una regulación única dentro de la UE a cargo del Banco Central Europeo, lo que disolverá las 27 jurisdicciones regulatorias vigentes, que fueron parte del problema. Esto implica la mutualización del sistema bancario europeo, hecho que conducirá a una dinámica de estructura bancaria con menos identidad local, apuntando más a lo supranacional.
La otra medida para ayudar principalmente a Italia, fue reafirmar que ese Fondo podrá adquirir bonos soberanos tanto en el mercado primario como en el secundario, con el propósito de mantener su cotización o facilitar el refinanciamiento de vencimientos.
Pero las matemáticas fiscales, el vencimiento de deuda soberana y las necesidades para el rescate de la banca española, hacen que los 500.000 millones de euros que dispone el Mecanismo de Estabilización sean insuficientes. Para tener una idea de magnitud, el servicio anual promedio de la deuda (amortizaciones más intereses) de Italia y España ronda el 23 por ciento de su PIB respectivo, cifra que supera con creces la capacidad estabilizadora de ese fondo.
Otras fórmulas complementarias como la emisión de un eurobono para financiar recompras y llegar así a la mutualización de la deuda soberana de europea sigue encontrando la férrea resistencia de Alemania.
Por tanto, el tiempo pasa y Europa sigue sin encontrar la salida franca a su crisis agregando más dificultades a un mundo sumido en una franca fase contractiva.
En tanto nosotros, como si nada pasara, nos distraemos fragilizando las reglas que regulan la convivencia pacífica entre naciones.


