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Alta presión fiscal y fuertes cargas laborales, junto con las carencias en infraestructura, son las mayores dificultades
La economía brasileña no logra vencer ciertos problemas estructurales, que pasan por falta de competitividad y carencia de infraestructura, entre otros. El economista jefe para América Latina del HSBC, con sede en Brasilia, André Loes, asegura que la inflación sigue siendo un problema, que el tipo de cambio se va a estabilizar y que las medidas de incentivo al consumo deberían cambiarse por estímulos a la inversión. A continuación, un resumen de la entrevista.
-En 2011, el PIB brasileño creció por debajo del 3% luego de haber aumentado 7,5% el año anterior. En el primer trimestre de este año solo se incrementó 0,2% con relación al trimestre anterior. ¿Qué factores pesaron para que la economía de Brasil mostrara una desaceleración tan importante?
-En 2010 la economía de Brasil había crecido muy fuerte, como recuperación de un año muy débil en 2009, consecuencia de la crisis global. Aquel 2010 muchos países del mundo tuvieron un crecimiento por encima de su comportamiento promedio. Si no hubiera sido por esas circunstancias especiales, no hubiéramos crecido 7,5% en 2010 y tampoco 2,7% en 2011. Quitando ese efecto, el crecimiento anual hubiera estado en torno a 4% en esos años. De todos modos, la desaceleración del último año no se puede minimizar y debemos estar atentos a esa realidad y a los demás factores que inciden.
¿Qué pasa en Brasil? La realidad es que siempre fue un país caro para producir, con presión fiscal alta y pesadas cargas laborales. En el pasado reciente tuvo ventajas relacionadas con el tipo de cambio y con salarios que estaban por debajo del promedio mundial. En los últimos años hubo un proceso de ajuste en temas macroeconómicos que llegó hasta 2006, con buenos resultados. Eso llevó a Brasil, a tener seis mejoras de rating crediticio entre 2002 y 2011, lo que trajo más capitales extranjeros, con una economía diversificada que ofrece mejores oportunidades para el inversor.
El país mejoró mucho en cuanto a sus fundamentos macroeconómicos, acompañado además de un importante impulso de los precios de los commodities. Y eso jugó un rol fundamental porque más de la mitad de lo que exporta son materias primas, favorecidas además por el tipo de cambio.
Todo eso llevó a una apreciación muy importante del tipo de cambio al tiempo que creció fuertemente el salario real en moneda local -entre 2010 y 2011 creció 3,4%- por lo que un país que ya no era muy competitivo desde el punto de vista fiscal, agudizó aún más ese perfil negativo.
-¿La economía seguirá desacelerándose este año? ¿Qué espera en cuanto al PIB, la inflación y el tipo de cambio?
-Estimo que el producto va a crecer en 2012 algo menos que el año anterior, en el entorno de 2,5%. Para 2013 la economía podría crecer en el entorno del 3,8%, en un contexto más favorable.
En cuanto a la inflación, este año va a estar en el orden del 5% y esperamos que se ubique próximo al 5,5% en 2013. La gente dice que ese 5% no es tan malo, está cerca de la meta, pero hay que recordar que hablamos de una inflación del 5% con crecimiento de 2,5% en la economía. Cuando teníamos crecimiento de 4%, la inflación estaba en 7%. La combinación entre inflación y crecimiento es mala en Brasil.
Con respecto al tipo de cambio, si Europa no genera preocupaciones mayores a las que ya tenemos, no hay razones para una mayor depreciación, quedará cerca de 2 reales por dólar. Hay que tomar en cuenta que el gobierno seguirá presionando a través del Banco Central para que no vuelva a una cotización de R$ 1,80. Estimo que fluctuará entre 1,95 y 2,08 reales por dólar.
Estímulo al consumo
-¿De qué forma ha actuado el gobierno para contrarrestar esos problemas de competitividad?
-El gobierno ha insistido mucho en estímulos al consumo, reproduciendo un modelo que dio buen resultado en la segunda mitad de la década pasada, donde entre otras cosas, había una penetración del crédito a las familias bastante más baja que ahora. Hoy una política de acceso al crédito para los individuos y las familias no tendría tanta cabida, dado que el nivel de endeudamiento es mucho mayor. Políticas de crecimiento basadas en el consumo no pueden tener tanto éxito como ocurrió entre 2005 y 2010, por lo que el país debería ir hacia políticas de estímulo a la inversión, porque la demanda ya está fuerte pero falta impulsar la oferta.
A la oferta le faltan condiciones, el país está muy caro y con importantes limitaciones en infraestructura. Es momento de retomar una agenda de reformas que por muchas razones ha quedado detenida hace cuatro o cinco años y que le devuelvan competitividad al país.
-¿Qué resultado están dando las medidas del gobierno para reactivar la economía?
-Los planes del gobierno están dando muy pocos resultados. El gobierno redujo impuestos, apuntando especialmente a la reactivación del consumo. Que la gente pudiera comprar más coches, por ejemplo. El impacto no va a ser muy grande. Insisto en que se debería concentrar el esfuerzo en reducir costos para la inversión.
Debilidad industrial
-La industria cerró el año 2011 con un crecimiento de solo el 0,3% respecto a 2010, cuando se había expandido por encima del 10% anteriormente. ¿Se está atravesando un proceso de desindustrialización?
-Es cierto que tenemos problemas de competitividad de la industria manufacturera, no solo Brasil, toda América Latina. Solo en México hubo un aumento en la participación de la industria manufacturera en el producto interno, en todos los demás países cayó.
La otra excepción es Argentina, pero con la salvedad de los efectos distorsivos de las políticas proteccionistas que pueden darle resultado a corto plazo pero no son sostenibles en el tiempo.
Habitualmente se ponen como escenarios opuestos, el desarrollo de la industria y el comercio basado en commodities, y no es así. Los países de América del Sur tienen ventajas comparativas claras en términos de commodities, no se puede negar ni desaprovechar. Pero lo que hay que hacer es mejorar las condiciones para que la industria manufacturera, por lo menos la de mayor valor agregado, siga siendo competitiva, incluso en condiciones de más apreciación y en un país más caro.
Por lo tanto, los países de la región deben emprender el camino de reformas que les permitan ser más competitivos, con menor presión fiscal, mejor educación, mejor infraestructura. No va a cambiar el hecho de ser fuertes en commodities, pero eso hay que aprovecharlo de manera inteligente y añadirle valor. Que las materias primas tengan mayor cotización no implica que vayamos a desindustrializar nuestros países, al contrario.
Ahora, si mantenemos las condiciones que históricamente no son buenas para la manufactura en Latinoamérica, sin reformas, y añadimos a esto una realidad coyunturalmente desfavorable a través del tipo de cambio y salarios, ahí tenemos un problema serio.
-Evidentemente, esos problemas de la industria son un aspecto clave de la debilidad que muestra actualmente la economía brasileña…
-Así es, tiene una incidencia importante en el comportamiento del PIB. Si se tienen costos de producción altos, pasan dos cosas: los sectores de servicios que están más protegidos de la competencia internacional, pasan ese exceso de costo a los precios finales y esto presiona la inflación, que se torna un problema difícil de bajar. Por otra parte, en el caso de las manufacturas, generalmente volcadas a la exportación o en competencia con productos importados, donde no se pueden trasladar esos mayores costos a los precios, se produce una reducción de los márgenes y también de la inversión, porque deja de ser económicamente atractivo. En Brasil han ocurrido ambas cosas y el freno de la economía en los últimos cinco trimestres tiene que ver con esto.
El costo del dinero
-El Banco Central bajó nuevamente la tasa Selic en julio. ¿Seguirá bajando?
-No hay mucho margen para seguir bajando las tasas, es un instrumento que está bastante agotado y ya no tiene efectos tan importantes. Cabe recordar que en julio del año pasado estaba en 12,5%, ahora llegó a 8% y nosotros estimamos que al cierre del año se ubicará en 7,5%, manteniéndose el año próximo en ese valor.
-¿Qué incidencia está teniendo esa política de tasas a la baja en las familias y las empresas brasileñas?
-La reducción de tasas no va a tener gran influencia sobre el crédito al consumo. Como decíamos antes, las familias ya no tienen espacio suficiente para seguir endeudándose, lo que de hecho resulta bueno que nos pase porque ya hemos visto muchas burbujas en otros países. No creo que haya mucha diferencia en el crédito al consumo a partir de esta sostenida baja de tasas de interés por parte del Banco Central.
En cuanto al crédito para las empresas, lo más importante es la tasa de interés subsidiada que ofrece el BNDS (Banco Nacional de Desarrollo Social) y que el gobierno seguramente va a bajar más. Allí sí es de esperar algún efecto positivo para la inversión.
Gasto social
-Los años de bonanza económica permitieron profundizar las políticas sociales en Brasil. ¿Cuál es el panorama actual?
-En los últimos años indudablemente han mejorado los indicadores sociales del país. Hay mayor movilidad social, más equidad, aunque aún muestran un desempeño que es peor al promedio de Latinoamérica, pero no tan malo como al inicio de los noventa. En aquel entonces, la concentración de la renta medida por el índice de Gini estaba en 0,6, luego comenzó a caer y ahora está en 0,53. Esa caída se verificó a partir de las políticas de control de la inflación y las reformas económicas que se llevaron a cabo avanzados los años noventa. Pero se profundizó con las políticas aplicadas desde 2005-2006. Es cierto que las políticas sociales han tenido un papel importante en las mejores condiciones de vida de la gente con menores recursos en el país, pero también incide en ello el crecimiento general de la economía que se reflejó en más empleo y salarios.
Lo más grueso de las reformas a nivel social ya se ha hecho, lo que viene ahora será mucho más lento. De todos modos, si se mantiene una tasa de crecimiento de la economía en torno a 3-4% hay mucho espacio para seguir mejorando.
- Brasil tiene un sistema mixto de seguridad social, con un seguro general, un complemento optativo y otro seguro exclusivamente para los públicos. Hay quienes plantean la necesidad de hacer ajustes al sistema…
-Hoy no parece importante hacer ajustes, pero lo será y mucho dentro de 20 años más. Hay un alerta planteado allí, pero como cuenta con tiempo para hacer esos cambios, no se habla de ello. Y no hay que dejarse estar.
La realidad demográfica desde 2030 en adelante no será muy buena. Las proyecciones indican que a partir de allí, la relación entre pasivos y activo cambiará y eso pesará mucho en las finanzas públicas si no se procesan otras reformas, como por ejemplo aumentar la edad de retiro.
El otro problema es que el aporte a la seguridad social de los funcionarios públicos es muy generoso, mucho más alto que la contribución que hacen los privados, por lo tanto hay que hacer ajustes allí para que el aporte sea más equilibrado.
No son correcciones políticamente fáciles, pero Brasil deberá encararlas en las dos próximas décadas para no dejarle ese severo problema a las futuras generaciones.
-¿Cómo está el negocio financiero hoy en Brasil?
-El negocio financiero cambió mucho en los últimos años, porque los spreads bajaron y hay más volumen de crédito. Pero Brasil tiene algunas cosas muy importantes para el negocio de las finanzas. Por ejemplo, hay un aspecto demográfico que va a pesar en los próximos 20 años: el denominado "bono demográfico", es el período en que mucha gente tiene edad de trabajo por lo que habrá mucha gente que va a tomar hipotecas, que va a tomar planes de pensiones, y eso le da a Brasil potencialidades extra que resultan muy atractivas para el sector financiero.
-¿Existen capitales ociosos que buscan otros horizontes?
-Los fondos de inversión tienen parte de su dinero ocioso y esos recursos se colocarán en el extranjero, ése es un síntoma del bajo retorno que tienen acá. La legislación les permite que inviertan 20% del total de sus recursos afuera, generalmente eso no ha ocurrido pero ahora puede acrecentarse. De todos modos, el escenario actual no pasa por problemas de confianza. La incertidumbre de hoy es por el nivel de crecimiento, no la de hace décadas cuando teníamos problemas de balanza de pagos que hoy no hay más, porque la situación fiscal es sólida. Los inversores lo toman en cuenta, pero las fluctuaciones son moderadas sin aquel componente crítico a la hora de tomar decisiones.
- Entre los problemas estructurales de Brasil está el déficit en infraestructura. El Mundial de fútbol y los Juegos Olímpicos son un desafío exigente en ese sentido…
-La menor inversión privada es un problema, hay que estimularla. Por otro lado, lo ejecutado por el gobierno dentro de lo presupuestado para infraestructura es bajo y ahí hay un problema grande.
El Mundial de fútbol y los Juegos Olímpicos resultarán un buen catalizador para la inversión que se necesita. Va a haber problemas, pero se buscarán soluciones transitorias, por ejemplo marcar un día feriado cuando haya actividad en una ciudad para minimizar los problemas del tránsito. Pero esto se puede hacer dos semanas, y los problemas que el país tiene son permanentes.
Soluciones transitorias no resuelven el problema de fondo, que potencialmente compromete al país. El gobierno debe proveer las mejores condiciones para que la oferta prospere. Parece que el gobierno está preparando una serie de concesiones importantes para obras, aeropuertos, carreteras, puertos. Esa es una buena señal, después de muchos meses de malas noticias.
-¿La participación privada en infraestructura se ha valido en Brasil del instrumento de las PPP que está vigente?
-Las PPP tienen un marco legal en Brasil, pero han sido muy poco usadas. Hay una a nivel de un municipio en una ciudad y otra en un Estado. El problema es que la ley de responsabilidad fiscal, que fue un marco para la mejora del fundamento macroeconómico, es muy dura y afecta el buen uso de las PPP. Dice que una vez presupuestado, no se pueden hacer pagos de contingencia a no ser que tenga del otro lado una recaudación identificada para cubrirlos. En ese sentido, en las PPP, donde el concesionario, si no tiene un retorno mínimo el Estado tiene que hacer un pago para completar ese retorno mínimo, iría en contra del texto de la ley de responsabilidad fiscal. Es una limitación importante.
El instrumento preferido es la concesión de obra pública, que en Brasil funciona bien, con una ley conocida que ya tiene casi dos décadas. Por allí han pasado las últimas concesiones de aeropuertos y las demás inversiones vendrán por ese lado.
-¿El flujo de inversiones privadas se enlenteció?
-Ya hace más de un año y medio que no llegan muchas inversiones de portafolio, pero sí sigue llegando inversión extranjera directa, esa es la importante. Hay riesgo, si el país sigue creciendo a tasas bajas, aquellos que pensaban invertir 10 terminan invirtiendo cinco, recalcularán la inversión. El gobierno tiene que trabajar más en el sentido de alentar al inversor, eso es clave.
André Loes, 46 años, es economista jefe del banco HSBC para América Latina. Con anterioridad fue economista jefe para Brasil, en la misma institución. Fue asesor directo del Secretario de Comercio Exterior de Brasil. Loes se graduó en economía en la Universidad Federal de Río de Janeiro, donde obtuvo también su maestría. Posee además un doctorado en economía en la Universidad de París, Francia.




