|
||||||||
Es necesario que la región tenga un cambio de enfoque de los resultados sociales, por encima de cualquier visión ideológica
LUIS CUSTODIO
Mucho de lo que se logró en términos económicos y sociales en América Latina en los últimos años, se debió más a una coyuntura favorable que a los cambios estructurales introducidos por los países, asegura Rodrigo Chaves, Director del Departamento de Reducción de la Pobreza y Gestión Económica de la Región de América Latina y el Caribe en el Banco Mundial. En una región menos vulnerable que en los años noventa, la deuda más importante pasa por el rezago en la productividad. A continuación un resumen de la entrevista.
-Recientemente, el FMI ajustó a la baja sus estimaciones de crecimiento para América Latina, pasando de 3,7% a 3,4% sus expectativas de crecimiento para 2012, ¿cuál es la lectura que se puede hacer de esas cifras?
-Estamos viviendo un mundo con mucha incertidumbre y volatilidad, y esa reducción de la previsión que hizo el FMI, la novena en una secuencia de reducciones continuas, es una clara muestra del momento que atravesamos.
De todos modos, la economía de la región va a seguir creciendo y la proyección de 3,4% para 2012 me resulta razonable, aunque vale la pena advertir de varios riesgos que están presentes: el desempeño de la economía y el crecimiento en China, la falta de resolución a los problemas de la zona euro y la situación fiscal de Estados Unidos, donde hay que subrayar el abismo fiscal que tendrá lugar después de las elecciones, en enero próximo. A partir de este contexto, quizá debamos tener que reducir aún más las previsiones.
Terreno perdido
-La bonanza a partir de los buenos precios de las materias primas no parece ser suficiente sostén para un crecimiento sustentable en los países de la región. ¿Cuál es la clave?
-Los precios de las materias primas no dependen de una política local, son parte de una coyuntura favorable que es beneficiosa, pero está claro que los gobiernos deben apuntar más allá de eso.
En 1950 el ingreso per cápita de un latinoamericano era aproximadamente el 50% de un estadounidense, el de China y de los tigres asiáticos se ubicaba en el 10%.
En 2010, el ingreso per cápita de un latinoamericano está en casi un 30% del de un estadounidense, el de un chino encima de un latinoamericano y el de los tigres asiáticos ya está llegando al 75% del ingreso de los norteamericanos.
En pocas palabras, América Latina no ha logrado alcanzar el ingreso per cápita de los Estados Unidos, más bien se ha retrasado, mientras que en algún momento de los años ochenta nos superaron los asiáticos. La clave es el problema de productividad de los factores de producción. Ha crecido muy poco en comparación con aquellos países.
¿Cómo explicamos esto? Razones que van desde monopolios que inhiben la competencia, falta de competitividad de los mercados internos, problemas de formación en capital humano, de inversiones en infraestructura y logística que son verdaderos cuellos de botella al crecimiento, al igual que problemas en adopción de tecnologías, calidad del gasto público, etc.
Entonces, no podemos hablar de que el problema es desarrollo industrial o commodities, tenemos que enfrentar el problema de la productividad, independientemente de en qué sector de actividad particular esos factores hayan sido asignados. No es esa la determinante.
-¿Se observa algún avance en ese sentido?
-Existen núcleos de altísima productividad, donde las empresas que se ubican allí son de competitividad global; estamos hablando, por ejemplo, de Monterrey y Nuevo León en México con la industria del vidrio y del cemento, en San Pablo con empresas como Embraer, produciendo en mercados de tecnología avanzada, así como Costa Rica con Intel, otra demostración de éxito. Pero, desafortunadamente, esa no es la norma en Latinoamérica. Todavía tenemos el sector informal que es bastante productivo con mucha incidencia en muchos países; además, casos como Brasil donde se ha desacelerado la tasa de crecimiento debido entre otras cosas a costos logísticos muy altos que reducen cualquier ventaja competitiva.
Estamos rezagados en educación, y el Estado en nuestros países no ha resultado muy efectivo en valor agregado. Por tanto, en casi todos los países hay islas muy competitivas, pero eso no se ha podido generalizar. Desde mi punto de vista ese es el gran lastre que tienen las economías latinoamericanas.
-Con la desaceleración económica imperante hoy en la región, ¿ha pasado el mejor momento para abordar esos temas?
-De ninguna manera. Es un tema muy importante en cualquier momento histórico, no deberíamos desplazarlo. En los últimos 50 años ha habido períodos de vacas gordas y vacas flacas y nunca, más allá de la coyuntura, se han podido establecer mejorías concretas desde el punto de vista estructural por parte de los países.
Las condiciones coyunturales a nivel global y el debate político hacia adentro de cada país, deberían hacer este tema más importante, precisamente porque hay nubarrones en el contexto internacional. La única manera de incrementar el salario real en forma sustentable en el tiempo, es incrementando la competitividad del trabajo con respecto al capital.
Hay que educar mejor a la gente; que los trabajadores se dediquen a trabajar en el sector moderno de la economía mundial y estén en condiciones de hacerlo, es incrementar la productividad.
Es un error sentarse en los laureles cuando la economía está con viento a favor, porque tenemos suerte con la economía mundial y nos sube el precio de las materias primas, diciendo que no hace falta o no hay urgencia. Pero también es un gran error posponer esta discusión porque la economía tenga algunas amenazas y los gobiernos consideren que no es el mejor momento. Es un tema central que los países no deben postergar, debe ser un compromiso de cada día, para poder superar esa distancia que los separa, como veíamos antes, de otras regiones que se han consolidado a partir de cambios estructurales.
Inequidad histórica
-Latinoamérica presenta desigualdades grandes, aunque ha habido avances. ¿Esos avances están solo atados a la coyuntura que permitió a los gobiernos volcar más recursos a las políticas sociales?
-Se ha logrado muchísimo en ese terreno. En la región han salido de la pobreza 73 millones de personas desde principios de los 2000, de hecho la incidencia de la pobreza -definida por la disponibilidad de cuatro dólares por día para asumir las necesidades básicas- en la región es de 28%, la más baja de la historia.
También el índice de Gini ha bajado, lo que significa una mejor distribución del ingreso, pasando de 1,58 a 1,53 en ese período. A su vez, el ingreso per cápita ha subido 2 mil dólares en término de poder adquisitivo constante, entre los mismos años de referencia.
Pero atención: en el Banco Mundial estimamos que tres cuartas partes de esa mejoría, se explica fundamentalmente por el crecimiento económico y una cuarta parte por una mejor distribución del ingreso.
-Igual seguimos siendo la región más desigual del mundo…
-Cierto, el progreso no es uniforme. El país con mayor igualdad de América Latina es Uruguay, con un índice de Gini que se ubica en 0,42; sin embargo, el menos desigual de Latinoamérica se ubica por debajo del más desigual de Europa, que es Portugal, que tiene un Gini de 0,38. El desafío continúa.
¿Es sostenible seguir invirtiendo esos recursos?
Ojalá que sí, debería ser sostenible, ya que ha mejorado la calidad de las políticas públicas en muchos de los países de la región.
Pero hay otros factores a tener en cuenta en cada uno de dichos países: tenemos que tener en consideración que el crecimiento ha sido un factor importante y hay que mantener ese crecimiento para no perder el impulso de las políticas sociales, y de nuevo, necesitamos incrementar la productividad de los factores, no solo para mantener el crecimiento económico sino para alcanzar los estándares de vida internacionales.
Cuestión de enfoque
-La gestión de la problemática social es un tema que admite varios enfoques. ¿Cómo se deberían medir los resultados?
-Acá hay un elemento crucial para el futuro de los países de la región, y es cambiar el enfoque. No podemos seguir midiendo el avance de las políticas a partir de los resultados obtenidos en adultos, en lugar de medir las oportunidades en los niños. Esa es una posición que hace tiempo el Banco Mundial sostiene para la región. Una sociedad puede progresar y vivir con desigualdad en la distribución del ingreso, pero lo que es inconcebible en el siglo XX, es que haya desigualdad en las oportunidades que los niños tienen con respecto de aquellas cosas que le harán competitivos para cuando sean adultos. Y en ese sentido, hay que enfocarse en igualar el acceso de los niños en cosas muy puntuales, como son la nutrición, la salud, el agua potable y nada menos que la educación.
Si lográramos que todos los niños tuvieran las mismas oportunidades de acceso a esas cuatro cosas, como mide el Índice de Oportunidades Humanas que desarrolló el Banco Mundial, estaríamos trabajando de manera muy efectiva en reducir la desigualdad hacia el futuro. Insisto con este concepto: las sociedades pueden sobrevivir con desigualdad de resultados, eso se va a seguir discutiendo, la derecha a su manera, la izquierda a la suya, pero el progreso no puede ser sostenible si hay desigualdad de oportunidades en forma permanente en el mundo de hoy. Eso es así, por encima de cualquier visión ideológica.
-¿Qué hace actualmente el Banco Mundial para apoyar a los países?
-A nosotros nos interesa que los países de esta zona del mundo se beneficien de un clima macroeconómico estable, que tengan acceso a buenos servicios públicos, salud, educación, nutrición. En ese sentido, trabajamos proveyendo a los gobiernos de un paquete de servicios, donde algunos de ellos son financieros, apuntando a financiar políticas públicas e intervenciones en cada país. Paralelamente, damos una serie de servicios de formulación de políticas públicas en término de apoyos, trayendo experiencia internacional a los países para abordar aquellas cuestiones que más preocupan a cada administración, en diálogo permanente con las autoridades. Creemos ser socios que tenemos cosas que aportar a la hora de enfrentar esos desafíos, que van desde la capacidad de facilitar discusiones de política en los países, compartir las experiencias, dar soluciones específicas, hasta los préstamos y servicios financieros para cubrir riesgos.
-¿Dónde ubicamos a América Latina hoy en el contexto mundial?
-A pesar del contexto negativo, hay que darle el crédito a la mayoría de los países por haber aprovechado un período de términos de intercambio muy favorables -causado por los muy buenos precios de las materias primas- para poner la casa en orden, lo que les ha permitido ahorrar y hacer política fiscal contra cíclica y desde el punto de vista estructural, crear y mejorar instituciones, que le dan credibilidad al marco económico, como bancos centrales más capacitados e independientes del poder ejecutivo.
Sin embargo, debemos darnos cuenta de que mucho de lo que se ha logrado es por buena suerte, en el sentido de que buena parte de lo que la región exporta ha mejorado notablemente sus precios, y no necesariamente a políticas estructurales que hayan mejorado la productividad de la región.
-En esta oportunidad, el grado de exposición ha sido notoriamente menor en comparación a otras crisis…
-Tanto así que en este caso, Latinoamérica nada tiene que ver con la generación de esta crisis y en ella le ha ido mejor que a muchos países desarrollados. Junto a otros países emergentes han podido amortiguar los efectos de la crisis lo que ha permitido mantener un polo de crecimiento, aunque ahora estemos viviendo un momento de desaceleración.
Las vulnerabilidades de la región han disminuido claramente, pero aún hay algunos aspectos que debemos atender: tenemos vulnerabilidades en el comercio internacional; América Latina tiene economías bastante abiertas, en términos de todo el continente las exportaciones e importaciones brutas representan el 70% del producto interno bruto, más allá de las variaciones entre países. Tiene además la debilidad que le generan los precios de las materias primas, ya que los balances externos y las cuentas fiscales dependen mucho todavía de esa variable. De hecho, el 95% del PIB latinoamericano se genera en países que son exportadores netos de commodities. América Latina presenta también debilidades a partir del sistema financiero, donde los bancos europeos tienen el 50% de los activos del sector bancario en la región. América Latina recibe todavía el 60% de la inversión extranjera de Europa y Estados Unidos y un 90% de las remesas tienen ese origen.
-Algunas de las vulnerabilidades parecen surgir del grado de apertura de la economía, ¿se ha transformado en un problema? Hay muchos países que comenzaron a recorrer el camino inverso…
-Es una paradoja, pero en apariencia nada más. Las ganancias que tiene esta parte del mundo por abrir sus economías han sido muy superiores a los riesgos de estar inmersos en la economía mundial. Tengamos en cuenta que la productividad es un desafío que permanece y si se ha logrado un avance en ese terreno ha sido gracias a la apertura de las economías. De hecho, las ganancias que hemos obtenido como región de los términos de intercambio favorables en las materias primas, se debe a que el mundo se ha abierto como un todo.
Yo creo que sería inapropiado, una mala política pública para los países de América Latina tratar de cerrarse y apostar a los mercados internos, que no son lo suficientemente grandes.
Además, está clarísima la evidencia histórica de los años treinta, que nos muestra cómo políticas unilaterales de esa naturaleza llevaron a venganzas en política comercial que condujeron a un empeoramiento muy serio de la crisis global.
Imagínense si hubieran cerrado Europa, Estados Unidos y el Este de Asia en estos momentos ¿qué le habría pasado al mundo?
-Entre aquellos países que se han dejado tentar por políticas proteccionistas se encuentran los socios mayores del Mercosur. ¿Cómo se observa esto?
-Es cierto que el Mercosur no está funcionando como los fundadores pensaron que lo iba a hacer y tiene problemas en cuanto a mantener abiertas las economías con el resto del mundo. Y no solamente eso, las dificultades se dan en el relacionamiento entre las economías del bloque. Es una tentación natural tratar de cerrarse y proteger cuando la situación imperante es amenazante para la industria local, pero hay que entender que los países no se pueden cerrar unilateralmente, porque están insertos en un contexto global, y si se cierra un país es lógico que se cierren los demás, en retribución a lo hecho por aquel, lo que traería aparejado más consecuencias negativas. No creo que sea una buena medida para la salud del bloque, ni para cada uno de los socios.
Rodrigo Chaves, costarricense, 51 años, doctorado en economía en la Universidad de Ohio, Estados Unidos. Es Director del Departamento de Reducción de la Pobreza y Gestión Económica de la Región de América Latina y el Caribe en el Banco Mundial. Previamente, fue Director de Intermediación de una entidad financiera en Costa Rica y consultor para el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Mundial y la Agencia para el Desarrollo Internacional de los Estados Unidos (USAID).




