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 Lunes 18.06.2012, 08:06 hs l Montevideo, Uruguay
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Economía y Mercado

Tiempo de unirse al club del desarrollo

ISAAC ALFÍE

Hace unos 10 días veíamos por TV como algunos países de nuestra América ratificaban un acuerdo global firmado el año pasado en busca de mayor integración entre ellos. Chile, Perú, Colombia y México conforman una zona de libre comercio y buscan más integración productiva. La principal razón esgrimida para el acuerdo es que juntos podrán enfrentar mejor los desafíos de la competencia global.

¿Qué los une? Precisamente, la razón invocada, su pensamiento está en la dimensión correcta. Estos países tienen en común su forma de encarar el desarrollo desde hace ya un buen tiempo. Chile comenzó mucho antes, pero el resto se ha unido al grupo de la modernidad y el progreso, aquellos que lo conciben como derivado de políticas serias, pro mercado y de largo plazo, abandonando los trasnochados desarrollismos, efímeros en esencia. Todos han comprendido que las reglas de juego deben ser claras y estables, tienen por largo tiempo bajos niveles de inflación, apuntan al manejo responsable de sus finanzas con un equilibrio fiscal estructural, alternando superávits con bajos déficits, han liberalizado a la competencia sectores claves en la provisión de servicios públicos e infraestructura, dándose un marco con agencias reguladoras independientes; han comprendido que la apertura al mundo es el camino del desarrollo y tienen, cada uno por su parte, acuerdos de libre comercio con Estados Unidos, la Unión Europea y varios países del Asia, así como, algunos, con Australia y Nueva Zelanda.

Este "club", además, es más parejo entre sí en cuanto a nivel de PIB. Notoriamente, México es el mayor y Perú el más chico, entre ambos la relación no llega a 7 a 1, siendo de 3,5 entre México y Colombia y 4,5 entre éste país y Chile. Algunos datos no dejan de ser interesantes. Entre los 4 países tienen una población de 215 millones de personas, representan el 36% del PIB de América Latina y el 55% de las exportaciones de la región al resto del mundo. El cuadro que acompaña esta columna nos ilustra acerca de algunos datos básicos de esta alianza y el Mercosur (sin Uruguay).

Al repasar los indicadores vemos que salvo por el monto de PIB total y el crecimiento de los últimos años, esta Alianza nos supera. Ahora bien, el valor del PIB está muy influenciado por el enorme atraso cambiario de Brasil y, en menor medida, de Argentina pero con la corrección cambiaria operada en estos últimos 2 meses en Brasil y Argentina, (medido por el paralelo) la diferencia casi desaparece. Respecto al crecimiento, la cifra está muy sesgada por México que, dada su integración con Estados Unidos y Canadá, ha tenido poco dinamismo desde 2008, pero el resto crece a tasas superiores y todo el grupo lo hizo en el pasado.

En resumen, una alianza entre países que han demostrado seriedad en sus políticas por largo tiempo, abiertos al mundo, con indicadores que denotan estabilidad y solvencia. Seguramente no todo sea idílico y exento de problemas. Cuando se crece no todos los sectores lo hacen y, aún en medio de la bonanza, los perdedores quedan por el camino por lo que alguna protección a sectores que pierden con la transformación debe haber. El tema es el tamaño relativo de las distorsiones y la persistencia en ellas. En nuestro barrio el "tiempo de los sectores sensibles" es eterno y con él la sociedad carga con un peso muerto.

El MERCOSUR no existe. Esta es la lamentable conclusión luego de un período de esperanza y hasta relativo buen funcionamiento. Hoy la realidad indica que el Arancel Externo Común no existe como tal, las perforaciones al mismo son centenares en cada país de manera explícita y mucho más numerosas cuando se computan las barreras no arancelarias, de las que tenemos a diario ejemplos desde Argentina y Brasil. Con solo mirar el hoy tenemos cabal muestra. En Argentina nadie puede importar si no consigue un papel donde deje constancia de una exportación equivalente. A su vez, las trabas aumentan por la no provisión de moneda de intercambio (dólares), licencia y depósitos previos, artilugios "sanitarios", burocráticos y un largo etcétera. En Brasil también existen trabas pero con mayor mesura. Entre ellos las cosas se están poniendo gemidas, es obvio que no es gratis atacar y la última medida de Brasil es trabarle a Argentina el ingreso de manzanas y peras (25% de su producción va a ese mercado) e importar desde Chile. Meramente con los centenares de excepciones, en función de lo que suele ser cualquier concentración típica de compras o ventas por producto, implica que un porcentaje más que significativo del comercio efectivo esté fuera del libre juego.

Entonces si no se cumple lo básico, ¿cómo es posible pensar en que realmente estamos en un mercado común, bastante más que un acuerdo comercial? No solo no hay libre comercio, ni siquiera existe la más mínima voluntad de llegar al mismo. Luego vienen los usuales "escapes hacia el futuro" y, entonces, cada tanto se habla de intercambio comercial en monedas locales y otras genialidades. ¿Alguien puede pensar en serio que los uruguayos o brasileños aceptarán los pesos argentinos cuando le exportan a ese país, cuando no son aceptados ni en su propio país? ¿Y los pesos uruguayos?

En medio de este marasmo se conoce la postura de nuestras autoridades, en realidad solo la del Ministro de Economía, para la próxima "cumbre" del Mercosur, reunión devaluada por los hechos si las hay. Ciertamente, plantear que queremos que se cumpla el acuerdo comprendiendo al resto por su situación, suena que de antemano vamos entregados a que todo siga como está. Dicho esto, es justo reconocer que dado el entorno del propio gobierno, el Ministro no parece tener espacio para nada más. Nadie es iluso y ya sabemos que no atenderán nuestros planteos o nos dirán que sí pero luego, como lo hemos visto hasta el cansancio en los últimos años, nada pasa. La única cosa que se entiende de parte de Argentina y Brasil es invocar alguna medida que les cause perjuicio, sea económico, político o de status. A esta altura, nuestro planteo debería ser volver a la zona de libre comercio (ZLC) y abandonar el AEC que, de hecho, no existe. Aun en el caso que nos digan, "váyanse" pero no hay ZLC y volvamos al PEC y Cauce, estoy convencido que, más allá de ciertas industrias puntuales a las que habrá que contemplar por un tiempo a la espera de su reconversión, el daño de la medida es bajo. Es más, en las circunstancias actuales, que durarán un tiempo prudencial, tiende a cero. A su vez, los tres primeros rubros de exportación con Argentina -que coinciden con los top 3 individualmente considerados de todo el espectro- turismo, servicios y construcción, no se verán afectados, ya que son otros los factores que los determinan.

Sinceridad. Lo mejor es sincerarnos, volvamos a la ZLC y busquemos los TLC que nos convengan. Ya tenemos uno con México y, si ingresamos al grupo, Perú es 3,5 veces más grande que Uruguay, Chile 5 y Colombia 7. Dediquemos nuestros esfuerzos a lograr un acuerdo comercial amplio con estos países, seguramente tendremos bastantes menos problemas de cumplimiento que hoy. Además, ellos tampoco nos impedirán tenerlos con Europa y Estados Unidos. Recordemos que por peor que se encuentren, y Estados Unidos no está mal, siguen siendo más del 50% del PIB mundial y una porción aún mayor del consumo. También tendremos las manos libres para tener acuerdos con Australia, Nueva Zelandia, Corea y otros países del lejano este.

Estos, no solamente nos brindarán mayores posibilidades de exportar, sino que accederemos a insumos, bienes de capital y alta tecnología de máxima calidad a precios internacionales. Hay acuerdos estratégicos, a mi entender, uno de ellos es con Corea, porque es un notable productor de bienes tecnológicos.

Se dice que la distancia con Asia es muy grande y los países del pacífico nos sacan ventaja. Tomen el mapamundi y midan el trayecto desde Uruguay a China y Singapur (el nodo de intercambio) y compárenlo con Chile, Colombia o Perú; se llevarán una grata sorpresa. El Pacífico es enorme y nosotros por origen, historia, cultura e importancia económica, siempre miramos el Atlántico.

Entiendo que la oportunidad es ahora, es éste nuestro tiempo de entrar en el club del desarrollo, de los países más serios de la región (Brasil también lo es, pero tiene una política imperialista muy definida) y dejarnos de perder el tiempo con arreglos de comercio políticos que, se saben, jamás serán de largo plazo sino que dependerán del humor del gobierno de turno.

etiquetasEtiquetas: acuerdo - integración - América Latina - 
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