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JAVIER DE HAEDO
Hace dos semanas, bajo el título "El mundo y la región nos acechan" me refería al entorno mundial, amenazante, que estamos enfrentando, con dificultades y cambios tanto fuera de la región como en el barrio. Y terminaba mi nota aludiendo al "piloto automático" que parece haber puesto el gobierno para transitar una zona de indudables turbulencias como si el horizonte estuviera en realidad despejado.
Tiene a su favor el gobierno en su estrategia por un lado haber blindado financieramente las finanzas públicas, mediante una excelente política de administración de la deuda, especialmente su desdolarización y reperfilamiento, lo que se complementa con una magnitud considerable de recursos contingentes provenientes de multilaterales. Y por otro lado, con tener tranquilo y seguro el frente bancario, otrora fuente de problemas por regulación y supervisión defectuosas. Se trata de cambios en instituciones que se iniciaron tras la crisis y que llegaron para quedarse.
Todo eso no es poca cosa, pero no alcanza. También están el diseño de la política económica, la consistencia entre las diferentes políticas y el esfuerzo que se pide a cada una de ellas, así como las pautas del programa financiero de corto y mediano plazo y su necesaria flexibilidad ante un contexto de turbulencias que puede resultar en varios escenarios alternativos y bastante diversos entre sí y con el programado oficialmente.
Nuestros vecinos ya han introducido enormes cambios en sus respectivas políticas y no vuelan con piloto automático. En Brasil se ha fortalecido la política fiscal y ha sustituido como ancla a la monetaria, que se llevó al extremo y dejó al país al borde del receso económico. Se ha viabilizado una fuerte corrección del tipo de cambio y se ha comenzado a mejorar la competitividad con fuera de la región sin que se acelere la inflación ni las expectativas sobre ella. En Argentina también se sacó el piloto automático pero para rumbear la nave hacia una extraordinaria colisión que dará por tierra con el llamado "modelo K", que ha sido la construcción de un castillo de naipes sobre la base de distorsiones macro y micro económicas.
Lo cierto es que el barrio, con el que hasta hace pocos meses teníamos buenas relaciones de precios y de tipo de cambio real, se nos ha dado vuelta de un modo o de otro y con el dólar en torno a R$ 2 en Brasil y a $ 6 en Argentina, hemos quedado en offside ya que el considerable atraso cambiario con fuera de la región no se ha alterado. Dicho sea de paso, el dólar relevante para nuestra relación con Argentina es el paralelo, por el cual se rigen siete décimos de nuestro intercambio de bienes y servicios, por más que se suela destacar la parte menor, referida al comercio de bienes que no tienen destinos alternativos al argentino, por habernos vuelto por el Mercosur cautivos de ese mercado para numerosas industrias que si no, no tendrían razón de ser. Crisis va a haber cuando los uruguayos empecemos a cruzar masivamente a comprar bienes y servicios del otro lado del charco. Es decir, crisis con impacto en el ingreso y en la recaudación impositiva.
Cada vez más colegas reclaman al gobierno un cambio en la mezcla de las políticas en aplicación, de modo de volver a seguir a Brasil, como lo hicimos hasta hace unos meses. Seguirlo era fácil cuando allá y acá entraban capitales por tasas de locura en moneda nacional ya que las trayectorias de los respectivos tipos de cambio eran similares. Pero desde que Brasil cambió el mix de políticas y nosotros no, sobrevino el divorcio y la pérdida de toda la ventaja cambiaria que le llevábamos. Lo que cada vez más se le pide al gobierno es que afloje con la política monetaria cambiaria (incluso se suman los que la consideran inútil en el caso de nuestro país) y fortalezca la fiscal, porque tenemos déficit fiscal a pesar de seguir muy por encima del PIB de tendencia.
Y el gobierno, cuyos voceros más sensatos reiteran las palabras prudencia y cautela, en realidad no las aplican y ya se resignan a un déficit fiscal más alto y se comprometen a nuevos aumentos presupuestales en la próxima Rendición. O sea, Rendición y rendición.
¿Seguirán creyendo que el producido del sector público pasa por más presupuesto cuando en los últimos años se han asignado partidas récord y siguen faltando anestesistas y lloviéndose los liceos? O se asignó mal (casi todo a más sueldos) o hay un enorme problema de gestión o las dos cosas.
Hace años que venimos escuchando hablar de presupuesto anti cíclico y de metas y objetivos en los diferentes programas, y ni una cosa ni la otra se han concretado.
Comparto que se admita un mayor déficit si el mismo se origina en problemas con la energía, tanto un mayor precio del petróleo como una menor generación hidroeléctrica y mayores importaciones. UTE y Ancap han jugado un rol amortiguador de shocks y deben seguir haciéndolo.
Pero excluyendo los problemas con la energía, esencialmente transitorios, igual tenemos un importante déficit fiscal para el momento del ciclo económico en el que estamos y que solo puede aumentar: debe al menos considerarse un escenario en el cual haya una crisis en Argentina y de hecho, con el dólar en $ 6, ya están dadas las condiciones para trasladar consumos desde acá para allá. Consumos intensivos en impuestos y en trabajo uruguayo.
Al no hacerse una mezcla diferente de políticas con mayor ajuste fiscal y mayor flexibilidad monetaria y cambiaria, se está induciendo atraso cambiario en la economía desde la política económica. El equipo económico, que suele hablar de que todo lo bueno comenzó en marzo de 2005, podría innovar en política económica dando lugar a una combinación de políticas que nos haga recuperar competitividad, como en Brasil. Como ha sido recurrente en nuestro país, se induce atraso cambiario desde la política económica, debido a inconsistencias entre las diferentes políticas y en particular debido al apriete monetario y a la consecuente represión cambiaria.
Claro, es más fácil ir por ese lado que plantarse frente a propios y ajenos con un proyecto de Rendición de Cuentas sin aumentos y con pautas más prudentes para los Consejos de Salarios. Porque esta es la tercera pata de la mesa. Increíblemente, se habla, justo ahora, de convenios a tres años de plazo. Un período en el que (ahí sí hay plena coincidencia) habrá de cambiar el escenario externo. Si va a ser así, es clave que las negociaciones a realizarse en los Consejos tengan en cuenta la especificidad de las situaciones concretas, a nivel de empresas, e incluyan cláusulas de salida ante el ajuste que pueda venir.
La próxima crisis nos va a encontrar, a diferencia de las anteriores, flexibles en materia de política cambiaria, pero rígidos en materia de política salarial. Y habrá que ver cómo se desempeñan los instrumentistas, si son flexibles, con ese instrumento que per se es rígido.
Tarde o temprano, problemas como estos se "arreglan" con más inflación. Inflación que viene a corregir rigideces y errores de política económica que no se solucionan a tiempo. La inflación, en nombre de la cual antes se apretó por la vía monetaria cambiaria, se tomará revancha y ayudará a poner los precios relativos en su sitio. ¿Aprenderemos alguna vez a evitarnos estas amplificaciones del ciclo que nos auto infligimos?
La pena es que, como Brasil y a diferencia de Argentina, todavía estamos a tiempo de introducir ajustes a la política económica que permitirían evitar costos mayores más adelante. Brasil nos mostró el camino, sigámoslo, tal como cuando era fácil hacerlo.






