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La concentración de personas en sueldos menores a $ 10.000 hace sensible la cantidad de pobres a cambios en el PIB y el costo de los alimentos
HORACIO BAFICO Y GUSTAVO MICHELIN
La pobreza en Uruguay se redujo sustancialmente en los últimos años como resultado del crecimiento de la economía y de las políticas de asistencia del Gobierno. Es un problema que, a pesar de la mejora, seguirá planteando desafíos a la política económica en los próximos años. Uno de los puntos a considerar es que el empleo creció pero con muchas personas que ganan salarios bajos (menos de $ 10.000). Por lo tanto, los hogares más vulnerables son altamente sensibles a que se sostenga el nivel de actividad y a las variaciones en los costos de la alimentación.
Por su parte, la asistencia del Estado es un componente importante en el ingreso de los pobres, pero la deficiencia en educación es una señal de las dificultades para mejorar por sí mismo en este sector de la población.
Para obtener una medida objetiva de la pobreza en el país, se utiliza un método que consiste en medir el ingreso por persona en cada hogar con una cifra de referencia que se considera el mínimo aceptable para afirmar que el hogar no es pobre. Todos aquellos que estén por debajo de esta línea, son hogares pobres. Dentro de este conjunto de la población, se utiliza una metodología similar pero con una línea más baja para determinar cuántos hogares o personas se encuentran en una situación de pobreza extrema o indigencia.
LÍNEAS. El criterio para construir el límite de ingreso mínimo para no estar en condición de indigencia consiste en estimar el costo de la alimentación necesaria para cubrir características mínimas que aseguren la subsistencia de la persona.
Para la línea de pobreza, a los ingresos necesarios para cubrir la alimentación mínima de referencia se suma, el costo de otros bienes y servicios que hacen al consumo de estos hogares.
Como referencia, en marzo de 2012 la línea de indigencia se ubicó en $ 1.968 por persona que integra el hogar en Montevideo, $ 1.822 por persona en los hogares de ciudades del Interior y $ 1.639 por persona para los hogares en zonas rurales del Interior. La línea de pobreza, por su parte, se ubicó en $ 8.018 por persona en Montevideo, $ 5.382 por persona en el Interior urbano y $ 3.585 por persona en el Interior rural.
Algo que sucede con esta metodología es que la distribución de los hogares de acuerdo al ingreso por persona tiene la particularidad de acumular una cantidad muy importante en los tramos bajos y muy bajos. Por lo tanto, si la línea de indigencia sube por ejemplo en $ 50 aumentará en un número significativo la cantidad de personas que se encuentran por debajo. A su vez, la línea sigue el ritmo del costo de los alimentos y por lo tanto en alguna coyuntura puede aumentar más que los ingresos de los hogares.
MEDIDAS. En el Gráfico Nº 1 se ilustra la evolución de la pobreza en todo el país donde es visible la tendencia decreciente observada desde 2006. El nivel de 2011 fue de 9,5% de los hogares y 13,7% de las personas. De acuerdo a las cifras preliminares del Censo ello implica alrededor de 445.500 personas que se distribuyen aproximadamente en mitades entre Montevideo y el Interior del país.
Los hogares en condiciones extremas de pobreza (indigencia) se redujeron en forma más drástica en el período en que se utiliza esta metodología de medición de acuerdo a lo que ilustra el Gráfico Nº 2. En el año 2011 representaban el 0,3% de los hogares y el 0,5% de las personas.
Sobre la base de un estudio realizado por Verónica Amarante, Marco Colafranseschi y Andrea Vigorito de la Universidad de la República, se descompuso las razones de la caída de la pobreza entre 2005 y 2010. La caída fue de 17,0 puntos porcentuales y la principal razón fue el crecimiento económico del período (14,9 puntos porcentuales). Los otros factores participaron menos pero también ayudaron a que se redujera la pobreza. La redistribución del ingreso pura sin crecimiento aportó 2,1 puntos porcentuales de mejora y la evolución del costo de los alimentos relativo a los otros precios agregó otros 2,8 puntos de mejora. Quedó en este período un residuo sin explicar que juega en sentido contrario, aumentando la pobreza en 2,9 puntos porcentuales.
Esta sensación de que la mejora del problema de la pobreza depende en forma intensa de la fase del ciclo económico se confirma cuando se analiza el período 2000-2005 en el que la crisis provocó una suba de la pobreza del orden de 13,5 puntos porcentuales. Si se considera solamente la profundidad con la que cayó el PIB, la pobreza debería haber empeorado 16,8 puntos porcentuales. Por lo tanto, la redistribución atenuó el efecto al reducir 1,7 puntos la pobreza y los costos reales de los alimentos cooperaron en 1,9 puntos porcentuales. Los otros componentes no detallados representaron solamente 0,3 puntos.
Para reforzar los fundamentos de la reducción de la pobreza hasta el año 2011, basta considerar que el crecimiento de la economía fue del 5,8% promedio anual, el desempleo bajó del 10,9% en 2006 al 6,0% en 2011, la tasa de empleo subió del 54,2% al 60,7% de la población en edad de trabajar. En el mismo período la inflación si bien fue alta (7,5%) no registró grandes fluctuaciones y nunca superó el 10% anual.
Además del crecimiento, se siguió una política de asistencia hacia los niveles más bajos de ingresos a través de las asignaciones familiares y otros programas de transferencias. Este ingreso adicional se reforzó con una política de salario mínimo que fue incrementando el nivel.
En el Gráfico Nº 3 se ilustra la evolución del salario mínimo nacional en términos de la línea de pobreza. El aumento señala que con un salario mínimo se pueden "comprar" mayor cantidad de las canastas de alimentos tomadas como referencia para medir la indigencia. Se pasa de dos veces en 2005 a poco más de tres veces en 2011.
Estas transferencias han ayudado a la reducción de la pobreza y la indigencia. Si se analiza el total de los ingresos de los hogares pobres, se comprueba que las transferencias del Estado representan el 50,9% de los ingresos de los hogares que están por debajo de la línea de indigencia y el 19,8% en los que se encuentran debajo de la línea de pobreza. Por lo tanto, en 2011 la mitad del ingreso del hogar indigente promedio proviene de asistencia directa del Estado.
DESCRIPCIÓN. Una vez identificados los hogares que están por debajo de la línea de pobreza o de indigencia se puede utilizar la encuesta para determinar algunas de las características de estos hogares.
En tal sentido, se presentan algunas medidas comparativas de los hogares que están por debajo de la línea de pobreza y los que están por encima que son muy ilustrativas. Las primeras dos variables que se muestran en el Gráfico Nº 4 son la tasa de actividad y la tasa de empleo. En los dos casos, los hogares que están por debajo de la línea de pobreza muestran niveles inferiores. En el caso de la tasa de actividad es 59,4% contra 65,1% y en la tasa de empleo la diferencia es más dramática ya que llega a doce puntos porcentuales con 50,3% en los hogares pobres y 61,9% en los que no son pobres.
Una consecuencia es la tasa de desempleo que alcanza el 15,4% en los hogares pobres y 4,9% en los no pobres. Dentro de los que trabajan, incluso, aparecen dos características de mala calidad en el empleo que se agravan para quienes tienen niveles de ingresos de pobreza. Se considera que el empleo es de mala calidad cuando no tiene cobertura por regímenes de seguridad social y es una situación de subempleo cuando se desea trabajar más horas pero no se consigue. En el primer caso, las personas ocupadas no cubiertas llegan al 66,4% entre los que están por debajo de la línea contra 24,5% de los ocupados que están por encima. En el segundo caso, la comparación es entre 18,3% de los ocupados subempleados entre los que se encuentran por debajo y solamente 6,1% en los que superan la línea.
Por lo tanto, además del problema de nivel de ingresos hay una dificultad de acceso a oportunidades laborales plenas y ello tiene mucho que ver con la educación y los incentivos. Entre las personas pobres, en el año 2010 el 3,9% era analfabeto contra 1,7% en el resto de la población.
A su vez, la tasa de participación en la educación a todos los niveles es inferior en los jóvenes que se encuentran en hogares que integran el 20% más pobre de la población en 2010.







