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El pesimismo global lleva a la disponibilidad de una vasta flota que está a la venta a precios sumamente bajos.
Hasta los dueños de yates de lujo sienten los efectos de la crisis: el año pasado, solo 173 de estos barcos (se consideran de lujo los de más de 30 metros de largo) salieron al mar, según la consultora SuperyachtIntelligence. Son 27 menos que en 2010 y muchos menos que el récord de 2008, cuando 260 palacios flotantes de placer se hicieron al agua. El número de pedidos de fabricación también cayó, pasando de 453 en 2011 a 423 este año.
El mayor yate de todos los tiempos fue construido en 2010 y pertenece a Roman Abramovich, un multimillonario ruso que gastó US$ 660: por el Eclipse. Con 164 metros de extensión, incluye servicios "esenciales" como un mini submarino, un salón de peluquería y dos pistas para helicópteros.
Abramovich fue muy sensato en conservar sus otros yates de lujo. En el mercado de embarcaciones usadas los precios son decepcionantes. El segundo yate es lo primero que vende un magnate en apuros. El pesimismo global lleva a la disponibilidad de una vasta flota de yates de lujo a la venta, desesperando a los astilleros.
Aunque en las épocas de boom económico la euforia prima sobre el raciocinio, es sabido que no es barato mantener un yate de lujo. La mayoría necesita una tripulación numerosa, sumándole el combustible, el atracadero y otros costos relacionados, la cuenta puede llegar a millones por año por algo que se usa solamente dos semanas.
Actualmente, los dueños de yates son más realistas. Hoy en día se ofrecen más yates para organizar chárters a efectos de compensar los costos de mantenimiento. El año pasado, el Eclipse fue puesto en alquiler a dos millones de dólares por semana. Muchos dueños de yates en el Mediterráneo buscan atracaderos más baratos como Malta, donde las marinas cuestan una cuarta parte que en España o Francia. Otros mantienen una tripulación mínima durante la temporada baja y contratan empleados extra solo durante el verano. THE ECONOMIST






