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Evitar los excesos, ser responsable y privilegiar la honestidad son factores que suman años. En cambio, a ir a un centro educativo de muy pequeño y casarse no son variables claves.
MARGHERITA CORDANO F.*
Lucille Ball decía tener el secreto: vivir honestamente, comer despacio y mentir cuando alguien pregunta la edad. Para la actriz y comediante norteamericana los tres consejos posibilitaban vivir una vida plena y más longeva.
"Lucy estaba en lo correcto y en lo incorrecto", establece The Longevity Project (Proyecto longevidad), libro estadounidense de los psicólogos Leslie Martin y Howard Friedman. "Según muestran los estudios, ser una persona honesta es muy importante, pero comer despacio no tiene ninguna relevancia. En cuanto a mentir sobre la edad, eso todavía representa un desafío para los investigadores".
Lanzado en marzo de este año The Longevity Project recopila 80 años de estudios en torno a cómo vivir más y mejor. Y aunque los autores advierten que no existen las fórmulas secretas, sí creen que hay ciertas actitudes que permiten llegar hasta una edad avanzada sin muchos problemas.
"La clave está en ser concienzudo. Es decir, ser prudente, persistente, responsable y honesto. Quienes tienen estas cualidades son menos propensos a fumar o tomar en exceso y presentan mayor estabilidad en su vida", cuenta Martin. Sus conclusiones nacen a raíz de estudios propios y del análisis de otros desarrollados desde comienzos del siglo XX.
Como base para su trabajo, los investigadores tomaron los escritos de Lewis Terman, psicólogo estadounidense que en 1921 comenzó a estudiar las costumbres y actividades de 1.500 niños estadounidenses. Para entonces, la mayoría promediaba los 10 años.
"Anticipó cientos de factores que se volvieron importantes para la psicología moderna. Las escalas que recolectó se pueden analizar y extrapolar con medidas contemporáneas", explica Howard Friedman. "En total, tenemos 10 millones de piezas de información (fotos, fichas médicas, entrevistas, etcétera) recolectadas en todo este tiempo".
CLAVES A FUTURO. De poco sirve ser un atleta durante la juventud si después se van a adquirir prácticas sedentarias. "La continuidad es muy importante para vivir más. No importa tanto lo que uno haga, sino estar haciendo cosas", dice Leslie Martin. Lo ideal es realizar alguna actividad física que le agrade, para no abandonar el ejercicio en el camino. Los autores recomiendan bailar, dedicarse al jardín o pasear al perro diariamente, dependiendo de las preferencias y la edad.
En el libro, los psicólogos también indagan en otra serie de "mitos": casarse ayuda a vivir más (falso, lo que importa es contar con cualquier tipo de lazo afectivo), jubilarse con anticipación entrega más años de vida (no se ha comprobado), la creencia religiosa ayuda a morir tarde (no es así) y el brócoli es parte fundamental de toda dieta (más bien, conviene comer un poco de todo).
"A su vez, vimos que quienes empezaban formalmente el colegio muy temprano (antes de los 4 años) veían afectada su longevidad. Muchos padres quieren darles a sus hijos un comienzo anticipado, pero no saben que estos ambientes demasiado estructurados no benefician a los hijos", cuenta Martin. Una infancia que permita desarrollarse cognitiva y socialmente a través de juegos al aire libre es clave para el futuro.
"Los datos muestran que el divorcio de los padres también afecta a los menores", agrega Friedman, en especial cuando no se discute ni se explican correctamente los pormenores. En esos casos "muchos hijos incurren en decisiones poco sanas, como mayores ingestas de alcohol o menos expectativas por educarse".
Las personas "concienzudas" descritas en el libro evitarían este tipo de conductas. "No conducen rápido, siempre usan el cinturón y siguen al pie de la letra las instrucciones de los doctores", dice Friedman. Y aunque los estudios demuestran que ciertas personas vienen genéticamente predispuestas a cuidarse más por sus altos niveles de serotonina (los hace ser menos impulsivos) los autores aseguran que para nadie es imposible crear una rutina saludable.
"Los individuos más sanos de The Longevity Project no fueron flojos y trabajaron duro por ayudar a sus familias. Mantuvieron relaciones estrechas, fueron responsables y aspiraron a alcanzar su propio éxito", explica Friedman. *El Mercurio/GDA
Muchos creen que la biología es crucial en la longevidad. Si los padres de alguien vivieron hasta los 85 años, creen que será igual en los hijos. Pues no: los genes son sólo un tercio, las otras dos terceras partes son el estilo de vida y el azar.
Es un factor clave para vivir más y mejor porque quienes tienen esta característica son más propensa a llevar estilos de vida saludable, a seguir las órdenes de sus médicos y a tener relaciones afectivas más sanas que el resto.
Estar socialmente conectado se relaciona con vivir más años. Incluso, hay estudios que señalan que vínculos sociales fuertes aumentan las probabilidades de supervivencia en 50%. Las redes de las mujeres suelen ser más sólidas.









