Sábado de tarde en la playa Pocitos. Un adolescente está sentado sobre el muro de la rambla observando el horizonte, absorto en sus pensamientos. Una voz masculina corta abruptamente el trance. "Dame el celular", exige, enseñando una navaja. El adolescente gira la cabeza y nota que está rodeado por otros dos jóvenes, posiblemente de su misma edad.
Intimidado y sin tiempo para pensar, el adolescente entrega el teléfono sin oponer resistencia. "Ahora dame los championes", pide el que porta el arma. Su voz es agresiva, y nerviosa. "Dale, movete o te cortamos", agrega uno de los cómplices. Por la vereda de la rambla circulan personas sin percatarse de la situación.
Segundos más tarde los ladrones se esfuman sin dejar rastro. Para entonces, el joven está descalzo, sin celular ni MP4. Así llega a su casa, donde se limita a contar lo sucedido sin entrar en detalles, como si se sintiera avergonzado.
Los meses pasan, pero el episodio no queda atrás. La víctima se llama a silencio. Tiene miedo y rabia, pero no lo expresa. Además, sin proponérselo, boicotea todas sus salidas. De pronto sólo le interesa reunirse con amigos en su casa y está siempre "cansado" cuando se trata de socializar en el mundo exterior.
El adolescente no lo sabe, pero es posible que tenga síntomas del Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT), patología cuya génesis se ubica en la participación de eventos traumáticos y que de cinco años a esta parte aparece con más frecuencia en la consulta psicológica; aunque no siempre con la totalidad de la sintomatología descripta para esos casos.
La tendencia va en línea con los números oficiales del Ministerio del Interior: el delito de rapiña aumentó un 28,3% entre enero y septiembre de 2010 en comparación con 2009. De las 8.717 rapiñas registradas hasta septiembre de este año, el 50% tuvo como víctimas a los transeúntes, el 42% se produjeron entre las 18.00 y las 24.00 horas, y el 10% de los asaltados eran menores de edad. Para el ministro Eduardo Bonomi, el aumento de esta modalidad delictiva es un fenómeno que "preocupa" al gobierno.
La preocupación alcanza a los niños, adolescentes, sus padres y a los psicólogos y psiquiatras que trabajan con esa franja etaria, quienes deben abordar las repercusiones psíquicas que produce una rapiña.
Síntomas. La edad del niño o adolescente, así como los antecedentes de experiencias de este tipo y la actitud de los padres, van a incidir en el modo en que las procesan.
Algunos se rehúsan a salir o se alejan por un buen tiempo de la zona donde ocurrió el hecho. "Tuve un paciente adolescente al que lo robaron cuando iba al club. Lo tiraron al piso, fue con violencia. Entonces no quiso ir más al club durante un año. Hacía todas sus otras actividades menos esa", ilustra Alicia Bajac, psicóloga especializada en Gestalt y cognitivo-conductual, con 24 años de experiencia de trabajo con adolescentes y adultos jóvenes.
La especialista también observa dificultades para conciliar el sueño, para mantener la atención en clase, reiteradas preguntas sobre la inseguridad pública y sentimientos de venganza. "Esto último lo he visto en aumento", acota Bajac con preocupación.
Para Natalia Trenchi, psiquiatra de niños y adolescentes, el síntoma central es el "miedo, sensación de que hay una amenaza probable". "Eso los lleva a evitar algunas actividades y aumentar su dependencia de los adultos y, a veces, a interferir con lo que sería el proceso normal de creciente autonomía. Algunos tienen problemas para dormir, revisan ventanas y alarmas y requieren la compañía de sus padres mucho más allá de lo que sería esperable", señala Trenchi.
Los síntomas no difieren demasiado según el sexo de la víctima, pero puede resultar más complicado de digerir cuando se trata de varones, señala el psicoanalista Luis Correa, quien trabaja en el ámbito de la educación privada y en su consultorio particular.
"Muchas veces los roban chicos más pequeños que ellos, inclusive físicamente. Pero como el discurso de todo el mundo es: `vos valés más que tu celular o que tus championes`, en realidad robar se hace muy fácil para algunos. Muchos dudan, pero en el momento responden racionalmente, dando sus cosas. Pero después se quedan con la sensación de haber actuado cobardemente, con un malestar muy grande. Para un adolescente varón, que se está formando en su autoestima masculina, sentir que le sacan sus cosas simplemente mirándolos feo tiene sus consecuencias negativas", explica Correa.
Bajac y Correa coinciden en que esta problemática vinculada a los robos se empezó a ver con más frecuencia hace cinco o seis años. También están de acuerdo en que por lo general no es éste el motivo explícito de consulta, sino que va apareciendo en el correr de las sesiones.
Trenchi, en cambio, tiene otra visión: "Los miedos en general y las preocupaciones exageradas son un motivo muy frecuente de consulta en la infancia desde siempre. La consulta se produce cuando la sintomatología es de tal intensidad que se vuelve una interferencia muy notoria en la vida de los niños".
¿qué es? ¿Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT) o una nueva modalidad de fobia? "El miedo a los ladrones, asesinos y demás agresores ha existido siempre. (...) En este momento los niños están expuestos al tema de la inseguridad (demasiado, sin dudas), tanto que muchos terminan pensando que la vida es mucho más peligrosa de lo que es en realidad. En otros momentos había niños asustados de los militares y otros de los tupamaros. Cambia la anécdota, pero el mecanismo es el mismo: exponer a los niños a situaciones para las que se sienten indefensos", responde Trenchi.
En opinión de Bajac, para calificarlo de Trastorno de Estrés Postraumático los síntomas deben perdurar en el tiempo. "No todos los asaltados lo desarrollan", explica. Tampoco los casos que conoce llegan a los extremos de la fobia, lo cual para la psicóloga tiene una explicación: "Lamentablemente los robos se están haciendo normales. Están dentro de la estadística, uno siempre conoce a alguien que fue asaltado". Esta frecuencia estaría naturalizando un hecho que debería ser excepcional, agrega.
Luis Correa, en tanto, lo explica así: "Cuando hay una causa concreta, como puede ser una agresión en la vía pública, y hay una respuesta de evitación posterior, no es exactamente una fobia sino estrés postraumático. Pero si esa conducta se instala y se extiende, bloqueando la vida del sujeto en varias áreas, ahí podemos estar frente a una fobia".
Tratamiento. Hablar sobre lo ocurrido es bueno en sí mismo porque de esta manera la persona está resolviendo activamente el hecho. Pero no todos lo consiguen, explica Bajac. Los hechos traumáticos como un asalto se recuerdan en base a imágenes que aparecen cada vez que se cierran los ojos, agrega. "Pero hay gente que queda paralizada y uno en terapia lo que tiene que intentar es tratar de hacer relajación con los ojos cerrados -lo cual es difícil porque en ese momento las imágenes vuelven a la cabeza-, y ahí hay que transformarlas en palabras. Hay que tratar de que a medida que se relata lo ocurrido, ir disminuyendo el afecto que está ligado al hecho y a las imágenes", asegura.
Bajac se especializó en Trastorno por Estrés Postraumático en Israel y Colombia, donde la recurrencia de eventos como catástrofes naturales o terrorismo, que afectan a toda una comunidad, han obligado a profundizar en los métodos de abordaje. Por eso mismo, esta patología ha sido poco considerada por los psicólogos locales, dice la psicóloga.
Natalia Trenchi, por su parte, no especifica el tratamiento en la medida que cada caso requiere diferentes abordajes terapéuticos. ¿Se necesita medicación? "Puede ser una posibilidad, pero siempre asociada a medidas psicoterapéuticas y de modificación del estilo de crianza", responde.
"Si es muy agudo necesita medicación psiquiátrica. En psicoterapia, como en todo, los procesos globales son los que ayudan a salir del paso", finaliza el psicoanalista Correa.
Los padres frente a los robos
Natalia Trenchi
PSIQUIATRA DE NIÑOS Y ADOLESCENTES
"Nunca asustarlos para conseguir que hagan, o no, algo. Utilizar el miedo, además de antiético, es un pésimo recurso. Puede conseguir el objetivo, pero a la larga trae consecuencias muy negativas".
Luis Correa
Psicoanalista
"Darle consejos prácticos para evitar situaciones de riesgo y educarlos en que no es porque el otro es más vivo, más fuerte o más rápido, sino porque jugamos con otras reglas".
Alicia Bajac
psicoterapeuta de adolescentes
"No podemos prohibirles salir ni tapizarle el mundo con colchones (taparle todo lo que pueda dañarlos, es imposible). Lo mejor que podemos hacer es enseñarles a razonar antes de actuar".
El punto medio entre la seguridad y la paranoia
¿Y cómo deberían actuar los padres para protegerlos sin volverlos paranoicos? "Es difícil, el término medio lo estamos buscando desde Aristóteles y no lo hemos encontrado. Tienen que decirles que lo que sienten es lógico, que es consecuencia de un hecho que vulneró su integridad física, pero que la vida sigue. Y también analizar cuáles pudieron haber sido los errores cometidos. Que de alguna manera aprendan cuáles fueron las cosas a las cuales no deben exponerse", explica la psicoterapeuta Alicia Bajac.
Para la psiquiatra Natalia Trenchi, los padres son los primeros que no deben caer en la paranoia. "Los niños perciben el mundo de acuerdo a cómo lo ven los padres. Si sólo escuchan quejas, preocupaciones y expresiones alarmistas, regularán sus respuestas en función de ello. En cambio, si ven que los padres toman los recaudos razonables sin hacer de ello lo central, los niños tendrán una actitud mucho más saludable para reconocer el lugar que los riesgos ocupan en su vida". Y agrega: "Es importante que utilicen un estilo de crianza que promueva la fortaleza emocional de los hijos. No se los puede enseñar a cuidarse `de los ladrones` como un hecho aislado, sino que ello va engarzado en una multiplicidad de habilidades y capacidades que se van a ir fortaleciendo, o no, con el desarrollo".