M.H.
El hombre se la pasa hablando de su laburo y por más que se lo quiere sacar de tema, inevitablemente la conversación vuelve a derivar en lo mismo. "Es un obsesivo", diría la mayoría de los mortales que también rotularía así a una mujer que limpia su casa en la mañana, pero llega la tarde y sigue con el trapito en la mano. Sin embargo, esos cuadros no son para preocuparse demasiado, ya que parece ser que todos los seres humanos conviven con sus propias obsesiones, fobias o miedos, y el que no, que tire la primera piedra.
Tampoco quiere decir que el obsesivo sea únicamente el individuo que, como el personaje de Jack Nicholson en Mejor Imposible, vive constantemente de rituales, trancando tantas veces la puerta, lavándose las manos cada vez que toca algo o evitando pisar el borde de las baldosas, entre otras situaciones límite. Aunque esos casos también abundan en la consulta, según señala el psicólogo Jorge Bafico.
"La obsesión como mecanismo, rasgo o singularidad de comportamiento es bastante común en las personas. Desde el punto de vista psicoanalítico, quien padece un trastorno obsesivo compulsivo no necesariamente es un obsesivo. Una mujer puede pasarse el día limpiando, pero eso no la convierte en una obsesiva. Porque la neurosis obsesiva se juega por otro lado, por la imposibilidad," indica Bafico.
Bien, la situación es completamente diferente si ese mismo hombre se la pasa hablando de su trabajo, pero además no lo disfruta ni siquiera cuando le va bien, no se divierte a diario, no puede tomar decisiones arriesgadas porque está imposibilitado tras un deseo que nunca llega, está "tercerizado" en el sentido que elige mientras la orden venga de otros, y cuando le toca decidir tira el problema para adelante o no lo puede explicar bien como para que otros comprendan lo que quiere. Porque en realidad añoran lo que nunca pueden alcanzar. "Si hay algo de lo que el obsesivo puede estar seguro es de su duda", acota el experto.
Narrado así quizás parezca sencillo apuntar con el dedo a un obsesivo, pero no. Parecen hombres y mujeres comunes y corrientes, hasta exitosos, pero que en su interior viven un martirio. Mientras tanto, transcurre su vida en todos los ámbitos, personales y profesionales, sin gratificación. Es más sufrimiento que otra cosa.
"Existen tres estructuras básicas: la neurosis, la psicosis y la perversión. En la primera, aparece la neurosis obsesiva. Pero más que una patología es una forma de ser en el mundo. El obsesivo es un individuo que está atrapado en mandamientos. Su problema es que no disfruta lo cotidiano", explica Bafico, y cita a Lacan: "Obsesión no quiere decir automáticamente obsesión sexual, ni aún obsesión de esto o aquello; estar obsesionado significa encontrarse tomado en un mecanismo, en un engranaje cada vez más exigente y sin fin... Puede pasar desapercibida si no se está advertido de los pequeños signos que siempre la traducen. Estos enfermos se mantienen aún muy bien en su posición social, mientras que su vida está minada, devastada por el sufrimiento".
Los psiquiatras norteamericanos plantean ciertos indicadores que pueden revelar el trastorno obsesivo como la preocupación excesiva por los detalles, el perfeccionismo que interfiere en la finalización de las tareas, la dedicación total al trabajo, la extrema terquedad o escrupulosidad, la incapacidad por tirar objetos gastados, el ser reacio a delegar tareas o el adoptar un estilo avaro para los gastos.
"Hace muchos años tuve un paciente que había tenido un grave ataque cardíaco del que había salido sin secuelas, algo inusual para una persona joven en aquella época. ¿Qué hacía ese hombre? Todas las mañanas escribía en la agenda todo lo que debía hacer ese día. Hasta que no tachaba la última tarea no paraba. Hacía de su vida un calvario porque todo giraba entorno a una agenda. Cuando tenía vacaciones no sabía qué hacer y se angustiaba", recuerda Bafico.
RECURRENTE. Son muchos los casos que llegan a la consulta, y se da más en hombres que en mujeres. En ellos, generalmente la obsesión se ubica más por el lado del poder, el éxito, el trabajo y la competencia. En las mujeres, se encuentra entorno al amor o a los hijos.
"Recuerdo el caso del padre de una paciente psiquiátrica, ésta se quejaba mucho de él. Cuando viene el padre, me trae una lista de todo lo que había gastado en su hija, hasta tal punto que anotaba los boletos de ómnibus," cuenta el analista, y afirma que al obsesivo le cuesta apropiarse del problema y lo plantea como una cuestión de un tercero. "Es de los pacientes más ciegos. Por lo general vienen a la consulta arrastrados por otra persona, para cumplir un deber".
Son personas frías, que plantean un problema en términos crudos como si no estuvieran implicados, tienen un discurso aburrido que genera rechazo, acota el experto, pero no deja de reafirmar que son personas que sufren mucho.
"Cuando se encuentran ante un conflicto amoroso, es muy difícil que decidan. Generalmente, son otros que lo hacen por él. O tiran eternamente el problema para adelante, lo que se denomina `procastinar`. Si el individuo se instala en un triángulo amoroso, por ejemplo, en general quien decide es su esposa que lo deja, o su amante que lo abandona o queda embarazada, u otra situación. Él queda como congelado, parasitado, no toma decisión".
Lo disimulan como pueden porque los obsesivos tienen su mundo muy estructurado, son rígidos y ordenados e intentan tener control sobre las cosas. Pero con el tiempo, si no se tratan, también su obsesión se vuelve más rígida y la angustia puede llegar a ser una tortura.
Un perfil que se ve mucho en films
Quizás así sea más fácil de entender. Una madre puede estar siempre preocupada por sus hijos, sobreprotegerlos y actuar hasta en exceso. Ahora, si esa maternidad la tiene tomada por completo y no existe otra cosa importante aparte de sus hijos, se está ante una obsesión, que seguramente angustie a esa mujer de por vida si no se trata psicológica o psiquiátricamente, según corresponda.
La buena noticia, según Bafico, es que el psicoanálisis tanto en la estructura obsesiva como en la histérica funciona muy bien. Se puede cambiar, y cuanto más joven es la persona, más resultado en la clínica. "Lo peor que le puede pasar a una persona es no ser feliz. Quien está cercado por su obsesión, no lo es. Y muchas veces no se da cuenta que se está `matando` a sí mismo y a la gente a su alrededor, en el sentido de que el obsesivo saca el deseo, reglamentariza su vida y la del otro, marca tanto que termina siento un objeto muerto".
Jorge Bafico pone el ejemplo del personaje de Ricardo Darín en el film El secreto de sus ojos. "Sabe lo que tiene que hacer: declarar su amor a Irene. Sin embargo, tiene que esperar por más de dos décadas para hacerlo. Se limita a procastinar, a dejar para más adelante la solución del problema; en este caso decir lo que siente. Parecería que necesita mantener a su objeto de amor a distancia; como todo obsesivo posterga siempre el acto que lo aguarda, para poder desearlo siempre que le sea imposible. Sin, embargo es eficiente en su trabajo. La razón aparece como sencilla: en el trabajo está `tercerizado`, él representa a la ley y a la justicia pero no lo es, no hay cuestionamiento sobre lo que hace ya que lo que hace tiene que ver con su función. En cambio, en su vida afectiva no representa a nadie, él necesariamente debe responder por sí mismo". Mientras tanto se le fue la vida.
Mantenga y vigile el nivel de debate y recuerde que nuestras Normas de Participación implican obligaciones y responsabilidades.