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El músico y cineasta yugoslavo publicó un libro con sus memorias. Allí escribe sobre sus pasiones y su polémica postura política.
Tras las desgracias de las guerras balcánicas y el bombardeo de Serbia, me dispuse a olvidar (...). En eso estaba cuando recibí en mi casa a un crítico de cine que tenía mucha influencia en Hollywood en la década de 1990. Me recordó de pronto que el olvido podía existir porque no se sabía la verdad. Cuando, durante el festival de cine de Küstendorf, encendió la tele, se quedó totalmente desconcertado. Emitían un documental por el aniversario de la victoria sobre el nazismo. Vino a buscarme bastante alterado y me dijo:
-Creía que habíamos sido nosotros, los estadounidenses, los que habíamos liberado Europa del nazismo, pero, por lo que acabo de ver en la televisión rusa, no se habría conseguido sin ellos...
-Es verdad que los rusos no perdieron gran cosa en la guerra contra el nazismo. Solo unos veinticinco millones de seres humanos. ¡Una menudencia!
(...) Tras pensarlo, me dije que estaba bien que escribiera este libro, que al menos quedara un documento sobre mi vida. Si sucede como con la participación de los rusos en la lucha contra el nazismo, en el futuro podría hablarse de mí como de un obrero metalúrgico".
Este es un fragmento del primer capítulo de ¿Dónde estoy en esta historia?, la autobiografía de Emir Kusturica que la editorial Península acaba de publicar en español (por el momento no está disponible Uruguay). El inicio es casi un ensayo sobre el olvido; allí se para el músico y cineasta yugoslavo para explicar por qué decidió registrar sus memorias.
La metáfora utilizada no es casual. La guerra y la política atraviesan la vida de Kusturica, tanto que los periodistas suelen interrogarlo por esos temas a la par que le preguntan por sus films y recitales. Él se resigna a veces y se enoja otras, pero no puede hacerse el desentendido. Fue concebido hace 57 años en una de las regiones más convulsionadas del mundo: Sarajevo, en el país que por entonces se llamaba República Socialista Federal de Yugoslavia y hoy ya no existe. Nació bosnio, se autoidentificó serbio. Nació musulmán, se convirtió al cristianismo. Y esa es solo parte de su polémica eterna.
Cineasta de culto incluso con su baja producción -en promedio realiza una película cada tres años; un ritmo poco aceptable para la gran industria- y guitarrista de punk-rock balcánico junto a su banda The No Smoking Orchestra (con la que se presentó en Montevideo por única vez en 2008), recorre el mundo entre giras y rodajes despilfarrando siempre un arte caótico, expansivo y desenfrenado.
AL SÓTANO HOLLYWOODENSE. Hijo único, finalizó sus estudios de cine en la Academia de Artes Interpretativas de Praga, República Checa, a los 25 años. Su ópera prima fue un corto llamado Guernica, con el que ganó su primer premio en un festival de cine de estudiantes. Desde entonces, su producción no ha sido prolífica: en más de 30 años, solo realizó 12 films.
Poco le importa. Admirador de Federico Fellini y Frank Capra, ha señalado más de una vez que el cine que ama está siendo arruinado por un inhumano proceso de fabricación en serie. Sólo una vez realizó una producción al "estilo hollywoodense", aunque él asegura que Arizona Dream (1993), protagonizada por Johnny Depp y Jerry Lewis, fue un film independiente. De cualquier manera, resultó un fracaso financiero. Ahora dice a quien lo quiera escuchar que lo que hace Hollywood hoy es "veneno puro". "Soy demasiado libre para ser parte de Hollywood. Es como querer que Maradona jugara en el Bayern Munich. Son percepciones de la libertad muy contrastantes", aseguró aludiendo, como fanático del fútbol que es, a uno de sus ídolos máximos. En 2008, de hecho, se dio el gusto de filmar el documental Maradona by Kusturica.
Pero sus joyas cinematográficas son, principalmente, los films ¿Te acuerdas de Dolly Bell? (1981), Papá está en viaje de negocios (1985), Underground (1995) y Gato negro, gato blanco (1998). Con ellos recogió Palmas de Oro, Leones de Plata y una grey de fanáticos incondicionales.
También con ellos sembró la semilla de sus conflictos políticos públicos. El éxito internacional de sus primeras películas, situadas en Sarajevo, resultó algo inaudito para un director yugoslavo y Kusturica se quedó con la corona de embajador cultural y celebridad absoluta de Bosnia. Pero la guerra que desmembró Yugoslavia terminó con ese affaire.
En la época de las guerras balcánicas, "Yugoslavia" podía considerarse una palabra clave para la dominación serbia. Y en ese entonces, el cineasta insistía con que él era simplemente yugoslavo. Su esposa Maja es hija de un serbio-bosnio y una croata-eslovena, por lo que sus hijos, Stribor (32) y Dunja (25), son eslovenos-croatas-bosnios-musulmanes serbios. La familia Kusturica es una versión de lo que alguna vez se llamó Yugoslavia.
Se le ha cuestionado por ser pro-serbio. Tras Underground, le llovieron acusaciones de críticos e intelectuales, que leyeron la trama como una idealización de los serbios, mientras que los personajes cobardes de la película eran los croatas y los bosnios, que optaron por la traición. No ayudó que la Radio Televisión Serbia, dirigida por el gobierno de Slodoban Milosevic, financiara parte del film.
En 2004, durante una conferencia de prensa, un periodista estadounidense le preguntó lo que ya le venían preguntando hace tiempo: por qué nunca había protestado públicamente contra el líder serbio, quien entonces estaba siendo enjuiciado por crímenes de lesa humanidad. Kusturica contestó: "Nadie es perfecto".
ENERGÍA AL MANGO. El desenfreno le ha servido mejor en su arte que en su política: su sello reconocible es una energía exaltada, ruidosa, a veces desquiciante. No importa qué tan brutal sea el tema, sus películas tienen dinamismo, originalidad, humor. Y por encima de todo, siempre hay una explosión de música.
En entrevista con el diario Clarín de Argentina, país al que frecuenta y de donde son dos de sus más citados referentes (Maradona y Jorge Luis Borges), le preguntaron, dado que toca más de lo que filma, ¿es más fácil ser músico? "Es más disfrutable. Te sentás, enchufás tu guitarra, hacés catarsis. Hay una conexión en vivo con el público que nunca tuve en cine".
El artista asegura que la música de su banda, al ritmo alegre de los vientos balcánicos, "es para acróbatas, no para gente normal. Es increíble: llevamos doce años tocando música sin un hit. Todo es popular. Y nuestra música es terapéutica, es sanadora para nosotros y el público".
Pero el cine no queda a un lado. Siempre está ahí. Ha revelado que el fin que lo impulsa cuando hace una película es "dar calor". Y claro, lejos del establishment, porque, como él mismo argumenta: "¿Un film se edita sobre la base del ritmo de la modernidad o la base de los latidos de tu propio corazón?"
En 2005 cuando, presentando La vida es un milagro, Kusturica habló de "la mejor película que había hecho nunca", no se refería al film. Hablaba de un proyecto que surgió como parte de esa realización pero luego adquirió vida propia: Küstendorf, un pueblo situado al oeste de Serbia que construyó desde cero como escenario para su cinta. "Quería fundar un hogar tras perder el mío (Sarajevo) en la guerra", suele repetir desde entonces. La película terminó pero la localidad quedó y hoy es residencia habitual de Kusturica. Además de restaurante, cine y galería de arte, tiene una estatua de Johnny Depp, un teatro llamado Stanley Kubric y una calle Diego Armando Maradona; todas musas inspiradoras del cineasta. También conocido como Drvengrad, el pueblo cuenta con 50 habitantes permanentes y se ha vuelto una interesante atracción turística, sobre todo para estudiantes de cine. Alberga cabañas de madera, con 80 habitaciones disponibles.
Esta experiencia impulsó a Kusturica a pensar en un nuevo emprendimiento para promocionar el turismo local: construir otra ciudad real, esta vez basada en la novela Un puente sobre el Drina, de Ivo Andric, premio Nobel de Literatura en1961. A 35 kilómetros de Küstendorf, la ciudad será de piedra, tendrá aspecto antiguo y estará a orillas de ese río, que divide Serbia de Bosnia. Según contó en enero a la BBC, construirá un teatro de ópera, un hotel y una academia de Bellas Artes.









