EL NACIONAL | MAGALY RODRÍGUEZ
Conservar la calma y tratar de pensar en frío es indispensable para poder tomar buenas decisiones", explica Javier Castillo, un bombero metropolitano de Caracas, Venezuela, al hablar de cómo suele manejar sus emociones para hacer bien su trabajo. Claro que, del dicho al hecho, hay un largo trecho. Los expertos admiten en que se dice fácil, pero no siempre es así. "Si se tratara de un ser querido, es natural que uno se asuste mucho, pero toca respirar hondo y evitar caer en pánico", aconseja por su parte Alfredo Saldeño, médico de emergencias del Hospital Militar venezolano.
Mientras se afronta la emergencia, es indispensable pedir ayuda especializada. "Incluso antes de lanzarse al agua a sacar a un ahogado o ayudar a alguien que se desmayó con un golpe, es importante que alguien llame al mismo tiempo a un servicio de urgencia médica. Si uno está ocupado tratando de controlar la situación, siempre hay otro asomado que puede hacerlo. Si es una persona que se impresiona o se abruma muy rápido, hay que pedirle que vaya a hacer esa llamada; así le da oficio y le permite ayudar a su manera", aporta en tanto Ángel Márquez, director de la Cruz Roja Venezolana. "En una emergencia los primeros minutos son preciosos y así se gana tiempo para el rescate. Si uno no logra estabilizar a esa persona o no sabe cómo hacerlo, al menos ya la ayuda viene en camino", agrega.
Castillo indica que el próximo paso es revisar las condiciones de la víctima y verificar que respire, que tenga pulso y que su temperatura no se desplome para evitar un estado de shock. "No hay que transmitirle pánico; más bien hay que tener tacto en lo que se le dice", señala. "La víctima busca en ese rescatador provisional un reflejo de cómo está: si nos descomponemos, hacemos sentir más indefensa a la víctima y la agitamos más; por eso hay que mantenerse en calma", añade Márquez. "Si uno nota que es una persona muy nerviosa, se le podría decir alguna mentirita blanca si intuimos que eso va a ayudar, pero más que decirle que no pasó nada, hay que mantenerla informada de lo que se haya hecho para ayudarla, acompañarla tanto como se pueda y repetirle que esté tranquila, que el auxilio ya viene en camino".
Paros cardíacos, quemaduras, atoramientos, caídas, heridas por armas blancas o de fuego y situaciones de incendios o terremotos son algunas de las emergencias frecuentes que más desprevenidas agarran a las personas. En esta nota, y el servicio adjunto, expertos explican cómo actuar en esas situaciones.
Infarto y ACV. Un infarto se identifica por un dolor que aprieta en el lado izquierdo o en el centro del pecho, que a veces se irradia hasta el brazo. "Se puede acompañar por falta de aire, sudoración y ansiedad. Hasta la gente que suele tener dolores por gases tiende a notar que se trata de un dolor distinto. Requiere un traslado inmediato", indica Saldeño. "Uno puede llamar al médico tratante y preguntarle qué hacer mientras tanto. Hay que mantener a la persona tranquila y evitar que se agite o haga esfuerzo".
En casos de accidente cerebrovascular (ACV), los síntomas son la falla de movilidad de un lado del cuerpo, dificultad para hablar y distorsión de los gestos faciales hacia un lado. También amerita atención inmediata. "Si la víctima se resiste a ir a un hospital e insiste en esperar a ver si estos cuadros desaparecen solos, hay que insistirle en que es preferible prevenir que lamentar".
Quemaduras. Las más comunes son por contacto con agua, aceite hirviendo o con un utensilio caliente. Lo básico es poner enseguida la piel bajo un chorro de agua fría un buen rato para que no se siga cocinando. "Nunca se usa hielo directamente. Si se trata de una quemadura leve y pequeña, se puede cuidar en la casa poniéndole sulfadiazina de plata. Nada de pasta de dientes, vinagre, café ni mantequilla", indica el socorrista Ángel Márquez.
"Cuando se trata de lesiones extensas, de quemaduras en niños y ancianos, o de ropa que quedó adherida a la piel y no se desprendió con el remojo, hay que trasladarlos pronto a un centro asistencial para rehidratarlos y evitar que esas lesiones se infecten. Las heridas deben ir cubiertas con una gasa bien mojada en agua fría, jamás seca para que no se pegue".
Ahogo por atorarse. Para ayudar a una persona que se atragantó y no logra respirar, lo mejor es aplicar la maniobra de Heimlich.
Tal como explica el socorrista Márquez, se trata de lo siguiente: "Uno pone de pie a quien se está ahogando, lo abraza por detrás y le separa un poco las piernas, mientras metemos un pie entre ellas y apoyamos el otro pie un poco hacia atrás. Eso da sustentación para no caerse si la persona pesa mucho o se nos desmaya. Colocamos un puño cerrado en la boca de su estómago y lo cubrimos con la mano opuesta. Luego se hacen dos o tres compresiones fuertes hacia adentro y arriba para que el aire ayude a expulsar el objeto".
Estas compresiones se realizan tantas veces como haga falta. "Si es un niño pequeño, hay que ponerlo boca abajo sobre nuestra pierna y darle palmadas con la mano hueca sobre la espalda. Si fuera un bebé, igual, pero sobre nuestro antebrazo. No hay que sacudirlo, porque eso sólo hace que el objeto se vaya más adentro. Si el atragantado se desmaya, lo acostamos en el suelo para hacer las compresiones. Si no respira ni tiene pulso, se le hace reanimación cardiopulmonar hasta que reaccione o hasta que llegue la ayuda", termina.
Fuego, golpes, armas; qué hacer
Caídas aparatosas. Para los expertos en emergencias, las caídas de escaleras, motos y ómnibus son el pan de cada día. "Lo más importante es pedir ayuda primero y luego procurar que la víctima no se mueva ni que otros la muevan. A veces, por nerviosismo, la primera reacción es arrastrarlo para apartarlo de la vía o montarlo en el primer auto que pase para trasladarlo, pero si tiene una lesión de columna y lo movemos mal, podemos agravarla", explica el socorrista de Cruz Roja Ángel Márquez. "Si está inconsciente y empieza a vomitar, esa sería la única razón de peso para ladearlo; evitar la broncoaspiración se vuelve prioritario. Habría que inmovilizar con cuidado el cuello y la columna con tablas, cartones fuertes o tubos y mantenerlo bien alineado mientras lo ladeamos completo: cabeza y tronco. Luego lo enderezamos y tratamos de mantenerlo sereno hasta que llegue la ambulancia", acota el médico de emergencias Alfredo Saldeño.
Heridas por armas. Si no hay heridas que atraviesen la columna, lo que aplica es el traslado inmediato a un centro de salud. En el camino hay que tratar de hacer presión sobre la herida con un paño limpio para disminuir la hemorragia. "Cuando se trata de extremidades, hay gente que se empeña en hacer un torniquete apretadísimo para evitar el sangrado, pero después de 15 o 20 minutos con ese amarre puesto, a veces resulta que la herida no era tan grave pero el tejido se necrosó por falta de irrigación. Una persona entrenada en primeros auxilios podría amarrar un torniquete y dejarlo por cinco minutos, luego soltarlo por otros cinco, y así. Pero si uno no sabe, hacer presión sobre la herida con un trapo limpio es lo más sencillo", explica Saldeño.
Incendios y terremotos. "En cualquier sitio donde uno viva, trabaje o se hospede, debe ubicar enseguida las salidas de emergencia. En un edificio en llamas, nunca hay que subir, sino tratar de bajar para salir. Si no se puede, hay que llamar al 911, cerrar la puerta, tapar la rendija con un trapo húmedo para que no se meta el humo, abrir las ventanas y hacer señas hacia afuera con trapos para que nos vean. Nunca hay que abrir una puerta caliente", dice el bombero Javier Castillo. "Si es un terremoto, hay que tratar de quedarse donde uno está en lugar de correr, protegiéndose debajo de una cama o una mesa fuerte. También alejarse de ventanales, lámparas y estantes. Luego, cuando se pueda, bajar siempre por las escaleras; nunca por el ascensor".