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A los 65 años Paul Auster se muestra como es, narra su propia vida como si fuese la de otro; como pintando un autorretrato.
El humo trepa desde el cigarro y se esfuma ante el foco de luz tenue que cae desde el techo. Los sonidos son abolidos por el estruendo de la máquina de escribir y la silla con rueditas que hace crujir las maderas del piso. Toda la concentración está puesta ahí, entre el autor y su obra.
Esta típica imagen de escritor enajenado es adaptable a la figura de Paul Auster. Más lo es en un momento en que el talentoso novelista se mira así mismo, con la visión de un hombre de 65 años. Así, sin rodeos ni prejuicios, se atreve a contar parte de las peripecias que le ha deparado su vida.
A modo de autorretrato narra su debut sexual con una prostituta, las andanzas en los 21 apartamentos en que vivió, los éxitos y fracasos de su carrera y el accidente de tránsito que sufrió en 2002; en el cual su mujer, quien iba de acompañante, fue herida.
Habla de él como si estuviese refiriéndose a otra persona. Utiliza la segunda persona del singular para que el propio lector se ponga en los pies del autor y consiga ser, al menos por estas 243 páginas, un poco de Auster.
Las anécdotas se van concatenando unas con otras y no responden a un ordenamiento cronológico. No se separan en capítulos, tan sólo un punto y aparte con un espacio da pie al nuevo relato.
La lectura es ágil y llena de imágenes, algo típico en Auster, autor que obtuvo el premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2006. Continúa con su modalidad de contar lo cotidiano y los sobresaltos que rompen la rutina, como lo ha hecho en otros libros que publicó la misma editorial Anagrama.
Por ser él el centro de la obra, quizás pueda considerarse a ésta la más sensible y autobiográfica. Da espacio a las reflexiones familiares y su relación con los padres.
Hace un año, cuando terminaba de escribir este libro, dijo: "Tus pies descalzos en el suelo frío cuando te levantas de la cama y vas a la ventana. Tienes sesenta y cuatro años. Afuera, la atmósfera es gris, casi blanca, no se ve el sol. Te preguntas: ¿Cuántas mañanas quedan? Se ha cerrado una puerta. Otra se ha abierto. Has entrado en el invierno de tu vida". Así concluye su Diario de invierno, el que fue escrito con el cigarro encendido en la mano derecha y el humo que escapaba hasta dar con el foco de luz. En librerías a $ 490.









