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 Domingo 05.08.2012, 21:50 hs l Montevideo, Uruguay
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Domingo


EL PERSONAJE | RUBEN RADA

"Se van yendo todos y te vas quedando sin tus referentes"

Su vida es una historia de superación. El músico nació en la pobreza y se valió de la intuición para componer sin haber estudiado. Así se ganó al público y hasta un premio Grammy.

TOMER URWICZ

La muerte es el miedo más reciente de Ruben Rada. Lo es desde hace una semana, cuando falleció su amigo Osvaldo Fattoruso. "¿Cuándo me tocará a mí?", se pregunta desde entonces. Sabe que nunca obtendrá la respuesta porque "el momento llega sin que uno lo advierta". Y así, sin darse cuenta, se le fue Horacio Buscaglia y ahora el "mejor baterista del mundo", como él mismo lo califica.

Rada hace aseveraciones de este tipo con autoridad. Un poco porque ya tiene 69 años, otro poco por su calidad artística y otro tanto por las que le tocó vivir. Es que el Negro (como todos lo conocen) tiene una vida marcada por la superación; pasó de ser aquel niño que dormía en una pieza junto a cinco chicos, su madre y su tía, a este hombre que apaga el televisor plasma para dar comienzo a la entrevista en un apartamento de Pocitos.

Aún pudiendo darse sus lujos y luego de haberle costado "mucho tiempo" vivir de la música, no hace del confort un escudo para ocultar su pasado de pobreza. Al contrario. "Siempre estoy ayudando a amigos y haciendo donaciones", dice con humildad y con el conocimiento de que si es ostentoso no faltará el que le grite: "¡Te olvidaste de dónde venís!" o "¡Andás robando lindo!".

Sus robos reales se remiten a las ciruelas que arrancaba en alguna quinta de las que jugaba al fútbol cuando era chico y a un episodio que recuerda con precisión: "Yo tenía unos doce años y con mis hermanos entramos a una peluquería de mujeres en Abalos y Dazeglio y nos llevamos un secador y unos peines. Nos agarraron y trasladaron al asilo. El policía ordenó que nos debíamos quedar una semana. Cuando llegó la vieja (su madre) la vi llorando. Fue lo más triste de mi vida. Ahí me di cuenta de que no hay que andar con macanas". De esas enseñanzas es que se ha nutrido.

No terminó la escuela, a la que abandonó en cuarto año. Jamás cursó estudios de música y si bien eso es de lo que más se arrepiente porque no pudo "dejar escrita ninguna partitura", su intuición y talento lo llevaron a ser una máquina de componer.

Ese rol, el de compositor, es el que más goza. Es su fase de experimentación y el momento que siente para él. Es su mejor momento, "como hacer el amor", describe. Y se nota que esa improvisación lo atrapa porque varias veces detiene la conversación y tamborilea sobre la mesa, mientras combina sonidos con la boca como si fuese su propia banda instrumental.

Lo mismo hacía de chico y todos se reían. Él quería ser futbolista pero una tuberculosis que sufrió entre los dos y los cuatro años lo dejó limitado para el deporte y aprovechó los ratos libres para escribir canciones sentado en el cordón de la vereda.

En la familia no había ningún músico profesional. Sí estaba la herencia del candombe en la figura de su padre que tocaba el tambor y la dulce voz de su madre que cantaba en una escola do samba.

A los 17 años, luego de haber salido en la comparsa Morenada y en la murga La Nueva Milonga, Rada hacía shows en un tablado en el Club Irlanda de Bochas. Un día se le acercó un señor recién llegado de Argentina, que por aquel entonces imitaba a cantantes dentro de un automóvil a través de un altoparlante; era Cacho de la Cruz. Juntos comenzaron a hacer música y hasta viajaron a Chile sin permiso de sus padres.

Eran tiempos en los que Rada todavía no se vestía con ropas de colores que permiten reconocerlo de lejos, pero sí era el comienzo del artista. Sin nada que perder se presentaron para hacer humor en El Show del Mediodía. Los aceptaron y desde entonces la carrera del Negro combinó la música con la actuación.

Mientras, trabajó como mensajero y camionero. Hasta que un día hizo sus primeras ganancias con la música, primero junto a Eduardo Mateo, luego actuando en Argentina y más tarde con el grupo Tótem.

"Ahí empezamos a decir cosas que sentíamos, porque antes no había protesta", recuerda y admite que en sus primeros años cantaba sin importarle lo qué. Pero en la dictadura entendió que era un momento de denuncia. "Lo milicos cuando me veían decían: `Ahí está el Negro de Las Manzanas, cantante una`. Y yo estaba podrido de ellos".

Otras veces cantó sin saber qué decía porque no sabía el idioma. En Estados Unidos grabó con la banda Opa el disco en inglés Magic Time, al que considera el "mejor de la historia de la música uruguaya".

Sus tres hijos (de los dos matrimonios) sí saben inglés, porque él se preocupó de que tengan una enseñanza completa.

Es que en la infancia de Rada, en la que se peleaban para no dormir donde estaba la gotera, no cabía espacio para el estudio avanzado. Y porque el solo hecho de ser negro le cerraba muchas posibilidades. "¿Cuántos negros ves ocupando puestos de importancia?", señala. "¿En el shopping ves a algún negro atendiendo en algún local?", recrimina. "Los negros trabajan levantando bolsas para los municipios; Uruguay es un país solapadamente racista", concluye.

Él no se siente, ni quiere ser, un abanderado de la lucha por los derechos civiles. Aunque sabe que "los negros se sienten felices al hablar de Rada, como los uruguayos al hablar de Forlán". Dice que solo cuando lo atacan se defiende. Incluso, se le han adjudicado falsas peleas como la que se dice que tuvo en un almuerzo de Mirtha Legrand. La conductora le habría dicho que era la primera vez que un negro se sentaba en su mesa. Él se habría parado e ido. "Pero no fue así, eso es mentira", aclara. "Con Mirtha tengo una excelente relación, almorcé como treinta veces y hasta le compuse una canción para un programa suyo de radio", cuenta mientas se acomoda los lentes.

Otro negro, Ray Charles, le dio a Rada el momento más adrenalínico de su vida, cuando lo invitó a oficiar de telonero en un show en el Ópera de Buenos Aires.

Es que el talento de Rada va más allá de un Grammy y cientos de premios. Un periodista de la revista Radiolandia fue a consultar a Paul McCartney sobre su opinión del rock argentino. Llevo varios temas grabados, uno de ellos era `No te vayas, Francisquito` (una canción dedicada al hijo de Hugo Fattoruso), de Ruben Rada. Según dice el cronista, el músico de The Beatles dijo que era lo más auténtico. Porque lo de Rada era un candombe y lo de los otros era un rock que podía cantarse en inglés.

Aún así, se negó a ser el telonero de McCartney en Uruguay. "Hay una cosa muy importante que es el derecho de autor, y eso no se puede ceder. Había en Agadu 500.000 dólares por este concepto, pero el 25% le correspondía al telonero y solo querían pagar unos diez mil", indica.

Si es por él, y por su amor a la banda inglesa, lo hubiese hecho gratis (sin quebrantar los derechos). Es que la música es su pasión. Le gustan bandas nacidas en los `90 como La Vela Puerca y No Te Va Gustar, y Fernando Cabrera ("el mejor poeta"). También lo de antes. "Cuando me pongo a escuchar música me prendo un puchito de marihuana", cuenta y dice que siempre debe primar, "como en todo en la vida, la calidad".

Por eso de "la calidad", él mismo se criticó cuando junto a Cachorro López incursionó en la música comercial y llegó a vender 50.000 discos en Uruguay con ¿Quién va a cantar?. "Pero desde ahí me di cuenta que tenía que ganar dinero con lo que hacía porque vivo de esto", remata.

En 2009 amagó con retirarse, pero el pedido de sus músicos por seguir viajando no le dio chance a abandonar el escenario. Cada vez que se sube a un avión piensa en el retiro, pero cada vez que el público lo aplaude, como lo hizo hace pocas semanas en el stand de Uruguay en Corea del Sur, se carga de ánimo. Y "también la plata es un incentivo", dice y devela una estrategia: "A veces pido mucho dinero para que no me llamen y me terminan llamando igual".

Como también lo llamaron del programa Décadas, del que es co-conductor, y eso que el ya va para su séptima década. Pero la edad no es impedimento para que exprese que aún tiene tareas pendientes. Quiere componer un disco de blues y se lo imagina junto a Hugo Fattoruso. Desea viajar con su espectáculo de tango (ver nota aparte). Y tiene que terminar un compilado de candombe, del que ya tienen grabado unos quince temas y aún le falta la mitad. "Quiero que quede como acervo cultural de Uruguay, que quede para siempre". Porque la música, por más miedo, nunca muere.

Tango de piel negra

The Beatles, Ray Charles y Carlos Gardel, son los músicos que más han inspirado a Ruben Rada. Si bien sobre "el Mago" del tango hay discrepancias sobre su lugar de nacimiento, nadie duda que Rada es Uruguay. No es casualidad, por tanto, que el Negro le haya dedicado un candombe (típicamente uruguayo) a Gardel. "En el primer disco que se grabó de tango en Argentina participaron dos negros", recuerda Rada y hace referencia a que la palabra `tango` significaba "reunión de negros". Pero este ritmo sufrió los vaivenes de la época y se convirtió en un estilo de salón, sin lugar para los afrodescendientes. "Eliminaron al negro, como la historia lo hizo con Ansina, quien quedó relegado a ser el que le cebaba el mate a Artigas", dice. Pero Rada tiene el tango arraigado. Le divierte y "como buen uruguayo", dice, "le gusta las letras pesadas que lo hacen llorar". Por todo esto es que su actual proyecto es el espectáculo Tango, milonga y candombe; música negra del Río de la Plata. Ahí se propone el mestizaje musical, en un show que se llevará a cabo el 27, 28 y 29 de agosto, a las 21 horas, en el Teatro Solís. Luego le gustaría exportar esta fusión a países como Venezuela y Colombia.

SUS COSAS

Su galardón

En 2011 Rada viajó otra vez a Estados Unidos. Esta vez no era para buscar trabajo, sino para recibir el Grammy a la Excelencia Musical. "El premio llegó como un recibo de jubilación", bromea y dice que lo deben haber escuchado por Internet. La Red es "una forma de que te conozcan más rápido, aunque también se pierde la gracia del disco".

Su público

En el último tramo del programa El Teléfono, Rada leía un cuento. Los niños se quedaban a escucharlo. "Yo le tengo terror a los niños porque cuando no les gusta algo te lo expresan enseguida", decía Rada. Pero Horacio Buscaglia le enseñó a cómo contar lo que tiene para decir. Este junio ganó el Graffiti a mejor álbum de música para niños con La escuela de Rada.

Su equipo

Hasta los diez años fue hincha de Nacional. Lo había convencido su padrino, del que no recuerda ni su nombre. Un día se cansó y sus hermanos lo hicieron de Peñarol. Desde entonces sigue al equipo y en los últimos años es un infaltable en la Tribuna Olímpica. Su máximo ídolo futbolístico también jugó en Peñarol: Víctor Rodríguez Andrade.

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