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Para Luis Ventura, el periodismo es "ante todo" un fenómeno comercial en el que lo que importa es vender. Sin vueltas a la hora de responder, tómelo o déjelo.
L.G.
A ver..." Ese es un latiguillo habitual en Luis Ventura para comenzar una respuesta, sin demostrar molestia jamás, si siente que el que pregunta no capta su misma sintonía. Director de Paparazzi y "número dos" de Intrusos detrás de su colega y amigo Jorge Rial (al que también acompaña en el programa radial Ciudad Goti-K), buscado y temido dentro de la farándula, colaborador de Sábado Show, en medio del almuerzo recibe una llamada al celular cada cinco minutos. No para de trabajar. Su estilo podrá ser rechazado o aceptado (de hecho, tiene más de 300.000 seguidores en Twitter) y él lo sabe y lo asume. "De mí podés decir que soy un animal, pero nunca que miento". Eso sí, agrega, de la realidad toma lo que quiere.
-¿Cómo calificaría a Intrusos?
-Puede ser un show periodístico o un periodístico del show, depende de para donde se dispara. Hay veces que es un programa para reírse y a veces tenemos uno para profundizar periodísticamente. Donde hay periodistas todo es posible.
-Llama la atención que siempre o casi siempre sean los mismos invitados, del mismo ambiente...
-¿Y eso que significa?
-Rocío Marengo, Mónica Farro, ¿por qué no una Norma Aleandro, por ejemplo? ¿No es, después de todo, un programa de espectáculos?
-Primero, insisto, en que Intrusos no es un programa de espectáculos. Es un show periodístico. Y vienen los mismos por una cuestión de medición. Norma Aleandro a lo mejor no medirá o no es permeable a determinado tipo de convocatorias. Es una realidad. Muchas veces cuando preguntan ¿por qué la televisión está tan vulgarizada? Es por una cuestión muy simple: medición. Es lo que quiere ver la gente. Hay que partir de una base: el periodismo ante todo es un fenómeno comercial. No hay que creerse la objetividad y eso porque es todo mentira. Si no vendés El País mañana, a vos te rajan y se cierra el diario. Si perdés de vista eso, estamos en problemas. Un programa de televisión y una revista es lo mismo. Hay que vender primero y después vemos de qué manera se puede hacer el mejor contenido. ¡Pero a partir de la venta! Si ponés a alguien que no te venda, durás un mes, dos meses.
-¿Cuáles son los límites éticos que se ponen a la hora de dar una información?
-A ver… ¿Vos cuando vas a comprar pan te ponés un límite ético? ¿O cuando vas a jugar al fútbol? Los límites son los que te enseñaron en tu casa y lo que aprendiste en el colegio.
-Discúlpeme, pero no entiendo.
-Es decir, yo no me planteo límites éticos cuando ejerzo mi profesión, ni cuando voy a tomar agua ni cuando voy a hacer un mandado. Cada uno camina por la vida con la educación que recibió. Con un genocida o un torturador no puedo tener un límite.
-¿Y en otro caso? Hace años emitieron una cámara oculta que revelaba la supuesta homosexualidad de Marcelo Corazza (el ganador del primer Gran Hermano argentino).
-A ver... yo te cambio el enfoque: ¿la homosexualidad es un delito, un pecado, una enfermedad?
-No.
-¿Y cuál es el tema de plantearlo, cómo se puede sentir afectado?
-En muchos lugares, la homosexualidad aún le cierra las puertas a mucha gente.
-Ese ya es un tema de los que cierran las puertas, no mío.
-¿Y no hay replanteamientos luego de episodios como el de Juanita Viale?
-No entiendo.
-Viale perdió un embarazo a término. Un mes antes se había enfrentado a una gran exposición mediática a partir de unas fotos publicadas en su revista. Según médicos, la pérdida de un embarazo a esa altura puede darse por factores de estrés, tensión, de presión...
- …o idiotez por parte de alguien que no sabe priorizar qué es más importante: si tener un hijo sano o esconderse de las cámaras.
-Ajá…
- …
- …
-Porque si vos dejás lo que tenés que hacer porque hay un fotógrafo parado en la vereda de tu casa, me parece que es no saber evaluar lo más importante de tu vida.
-¿Pero no hay límites? ¿Al menos en temas como la enfermedad y la muerte?
-En algunos casos sí y en otros no. La muerte y enfermedad son parte de la vida. La han narrado directores de cine, escritores, ¿por qué no el periodista? ¿Por qué Juanita Viale puede ser la peor `malparida` en la televisión y yo no puedo contar que, embarazada, se encontraba a escondidas del marido con un exministro de Economía?
-¡Pero una cosa es la ficción y otra es la realidad!
-Ah, entonces desde la ficción me la podés contar, me lo podés vender, me podés picar los sesos...
-...
-No sé si me explico.
-Sinceramente, me resulta difícil entenderlo.
-A ver... Desde la ficción vos podés contar la peor atrocidad...
-¡Porque no es cierto!
-... pero lo podés transmitir, le podés hacer el coco a los pibes, que a los 8, 12 años no sé si se dan cuenta. ¿Por qué le bajás esa línea? ¿Por qué no ponés un tipo a drogarse o a enseñar a hacer posturas de kamasutra en la ficción? Porque me parece que hay límites, y ellos no los tienen. ¡Y me piden a mí que los tenga!
-Usted concluye que como la realidad siempre supera a la ficción...
-Por supuesto que la supera. Y yo tomo lo que quiero de la realidad. Y va de acuerdo a la estimación y al ojo de cada uno.
Ataque. "Todo el tiempo hay una puesta en escena", dice Ventura. De esa manera, parece lanzar paladas sobre la veracidad de las peleas mediáticas que tanto alimentan a programas como el suyo. De inmediato, cambia el enfoque: "¿Vos te pensás que en la realidad no pasa eso? Está la vida de Graciela Alfano, cara de ángel, vida de diablo".
Justo ese tema, el supuesto romance entre Alfano y el dictador Emilio Massera -o mejor dicho, las injustificables declaraciones de la vedette-, sacudieron al ambiente farandulero. "Ella se metió sola en una nota boluda, cuando dijo eso que no se había acostado con los 30 mil desaparecidos. A mí me pareció una mojada de oreja y una boludez suprema, sobre todo de quien venía. Bueno, es la hora de profundizar quién es esta mujer".
Por más que Alfano terminó pidiendo disculpas por sus dichos y negando la relación con Massera, la Justicia inició una investigación para determinar el origen de muchos de sus bienes. Ventura dice manejar "un montón de información"; asegura que mucha la publicará y otra la guardará para cuando sea citado como testigo en este caso, situación que no es nueva para él ("Vivo en tribunales, me han querido ensuciar, tengo los teléfonos pinchados, me han advertido que me cuide..."). Hay quien aplaudió que los programas de "chimentos" se metieran en el pasado reciente. Por Intrusos pasaron diputadas y testimonios de víctimas de la represión militar. La visión positiva fue más o menos la siguiente: es bueno que un público "distinto" conozca de estas cuestiones. Pero también hay quien fustigó lo que fue llamado "la banalización de los derechos humanos" (ver nota aparte).
-Se ha dicho que el manejo de este tema en Intrusos es banalizar los derechos humanos.
-A ver... A mí lo que me molesta es que no se valore si es cierto o no. Que lo único que se tenga en cuenta es quién lo dice. Y, porque lo decimos nosotros, ¿no tiene valor? ¿Hay que esperar a que lo digan ellos que hace treinta años no lo hicieron?
-¿Quiénes son ellos?
-Los que insisten en eso. ¿Por qué este tema tiene tanta difusión ahora y no cuando ellos intentaron, dijeron o lo callaron? O sea, algún valor tenemos. ¿Por qué difundo lo de Alfano? Por una cuestión muy simple: no estoy difundiendo un romance, estoy difundiendo a una persona que señalaba gente, y eso, en aquellos momentos, era un certificado de -por lo menos- un mal momento. No se conoce ni el 20% de lo que es ella. No sé si no tendría que estar presa.
-¿Todo vale por el rating?
-No. Para mí no. Yo me callo la mayoría de las cosas, que le podría sacar jugo y no lo hago. No sé si cuento el 25% de lo que sé. A mí me ofreció 35 mil dólares Editorial Sudamericana para escribir un libro de chimentos. Estoy seguro de que sería un negocio bárbaro. Y no lo hago por eso mismo que preguntás: no todo vale.
El ya varias veces citado Pablo Sirvén no tiene una buena relación con las cabezas de Intrusos. En una columna que publicó en La Nación hace dos semanas, titulada sugestivamente "Irrumpe el chimento de lesa humanidad", a poco días de haber estallado el último escándalo de Graciela Alfano (que por sus muy particulares aristas no fue uno más), calificó a este programa como un ciclo que "fluctúa entre el fisgoneo permanente, el apriete frecuente y las diatribas del más grueso calibre".
Más allá de destacar que el "chimento de lesa humanidad" en cuestión no era ningún misterio y que la diva no hizo más que enterrarse sola ante cada frase, "lo que eriza la sensibilidad de cualquier persona centrada es el bien montado circo televisivo en torno de estos lamentables sucesos en una perfecta sincronización entre programas que nunca antes se habían sinergizado de esa manera: desde los ciclos de chimentos y de archivo hasta los noticieros y las usinas K de denostar (6,7,8, Duro de domar y Televisión registrada) pasando por la tapa de los diarios".
"Asombra que dirigentes que expresan una representación popular, legitimen con sus presencias espacios y comunicadores de tan pésimos antecedentes", escribió.







