BUENOS AIRES | IGNACIO QUARTINO
Si las curiosidades de la tevé uruguaya pasan porque a raíz del cambio de horario Telenoche 4 circunstancialmente se emite de día, en Argentina hay un ciclo llamado Seis en el siete a las ocho, que se ve todos los días a las nueve de la noche.
Con el tiempo, el nombre del ciclo se simplificó a 678 y actualmente, aunque esté lejos de alcanzar los picos de audiencia del ShowMatch de Marcelo Tinelli, su contenido genera tanta o más polémica que el baile del caño, que luego se traslada a las mesas de café de los bares porteños.
Se emite por Canal 7, la emisora estatal argentina, y está integrado por seis panelistas que defienden a ultranza el modelo "K" y la postura de gobierno ante los temas que marcan la agenda informativa del día.
Con tal línea editorial, el programa pareció ser un traje a medida para proyectar una discusión mediática en la bipolarizada sociedad argentina. Es por eso, que al poco tiempo que debutó generó pasión y rechazo en similares proporciones, que puede ser trasladable al enfrentamiento entre Clarín y el gobierno.
María Julián Oliván fue, entre marzo de 2009 y principios de 2010, conductora del programa, luego de haber recorrido las redacciones de La Nación, la revista Noticias, entre otros, y en televisión trabajó con referentes como Jorge Lanata, Juan Castro y en el ciclo La Liga, producido por Cuatro Cabezas.
Una vez que decidió dar un paso al costado, la periodista asumió, junto al sociólogo Pablo Alabarces, el desafío de publicar un libro. El objetivo que se planteó fue demostrar que 678 no es sólo un programa que puede tildarse de "oficialista" sino que la propuesta creó otra realidad en el medio argentino.
-¿Cómo define 678 desde el punto de vista del contenido?
-Empezó como un ciclo de la TV pública argentina de análisis de los medios, con una mirada distinta a lo que hacía el resto. Luego se transformó en un programa para que la opinión pública conociera la voz oficial. Muchos pueden pensar que es la voz del gobierno, otros pueden pensar que los integrantes del programa coinciden con el oficialismo o, también, que el gobierno se hace de herramientas discursivas que propone 678. Más allá de esos enfoques, lo concreto es que son funcionales al gobierno y hoy, lo que hace 678 es mantener su formato pero desde una óptica que intenta enfrentar el discurso hegemónico de los medios de comunicación. Lo más común es que en las radios se discutan las tapas de Clarín y La Nación. Este programa evita hacerse eco de esas portadas y establecer una contra-agenda de contenidos, revelando noticias que no salen en ningún lado y que en general son positivas para el gobierno.
-Al tratarse de un programa producido por Diego Gvirtz, ¿qué diferencia tiene con respecto a TVR?
-Son programas diferentes. 678 tiene una vuelta de humor en casi todos los informes con el aditamento que seis personas discuten políticamente lo que pasa en los medios, pero no tanto desde el punto de vista del chusmerío como puede pasar en TVR. En 678 los personajes que interesan son políticos o aquellos que representan un modelo de país o ideológico.
-¿Hay que definirlo como un programa oficialista o como una propuesta afín al gobierno?
-Para mí 678 aporta mucho más que una mirada oficialista. Si se redujese sólo a eso sería como un programa institucional de cable bancado por el gobierno. Pero no es el caso. El ciclo aporta una interesante mirada semiológica sobre el discurso y eso es lo que analizamos en el libro. Hacer masiva la discusión sobre si está bien o no determinadas políticas que enfrenta el gobierno, es mérito de 678. Lo que pasa es que todo esto se enmarca justo en medio de la pelea entre el gobierno y Clarín. Pero es absolutamente saludable que esta discusión no se dé sólo en un entorno académico si no que se analice de manera masiva. Obviamente, se puede hacer un análisis sobre de qué forma el programa es funcional al gobierno y a las peleas que éste tiene con Clarín. Te podés quedar ahí u observar el aporte que se hace.
- ¿Es positivo que el ciclo haya generado rechazo y amor en similares proporciones?
-Si te ponés en la cabeza de un productor televisivo debe ser una virtud. Visto desde la perspectiva de conductora es un defecto. No me gusta que me odien, porque no siento que, desde mi lugar, haya hecho algo para atacar a los colegas que piensan distinto que yo. No tengo esa lógica porque no funciono así, y por eso me fui.
-¿Es un insulto que a un periodista lo tilden de oficialista?
-Es un mote que puede ser tomado como un insulto porque en este país está bien ser opositor. En mi caso, cuando escuché que me decían oportunista, que me di vuelta por la plata, la verdad que me molesté. En 678 cobré menos que cuando trabajaba en los multimedios y nunca antes me pegaron tanto. No sé qué beneficio tuve, pero yo elegí estar ahí en la discusión de la ley de medios. Por eso, rotular a una persona de oficialista por estar en 678 es una careteada, más cuando existen muchos periodistas que se enriquecieron siendo opositores.
-¿Cuál fue el trato que recibió por parte de la gente mientras conducía el programa?
-Me felicitaron más de lo que me criticaron pese a los prejuicios. En cambio, entre los periodistas a casi nadie le gusta el programa, pero no perdí amigos por trabajar ahí. Los que son amigos siempre te bancan; si no les gustó, disienten con respeto.
-Hubo movilizaciones y marchas de apoyo de fans 678 a través de Facebook defendiendo al gobierno y la ley de medios. ¿Son militantes políticos o auto-convocados?
-Te puedo asegurar que es gente que está muy copada con el programa y eso es parte del fenómeno que me motivó para escribir el libro. Además, son de todas partes del país.
-¿Cree que el resto de los integrantes del programa quedarán marcados por estar en ese programa una vez que el gobierno cambie?
-No creo que pase eso y no debería ocurrir porque hay gente que hizo cosas mucho más graves en otras épocas y después siguieron en el medio. Espero que con la nueva ley de medios (comenzó a regir a partir de octubre en Argentina y continúa el debate por una medida cautelar dictada por la justicia que ampara al Grupo Clarín) se abra el espectro y el campo laboral para los comunicadores. En mi caso, no trabajo más desde hace nueve meses porque me dejó de gustar, pero siempre tuve la libertad de elegir.
EXPERIENCIA LÍMITE. María Julia Oliván se define, antes que nada, como una periodista de raza. En el libro deja constancia de algunas experiencias que atravesó, como vivir un mes con el sueldo de un jubilado que le hizo bajar tres kilos. O viajar 12 horas con una maestra rural para llegar a la escuela, en la frontera con Bolivia, y hacer guardia con gendarmes para mostrar cómo el monte salteño es el paso "de los mulas". El libro relata otras aventuras que protagonizó pero estas dos las realizó mientras integraba el staff periodístico de La Liga, que emite Telefé.
En ese ciclo, María Julia también tuvo la oportunidad de hacer un informe sobre el conflicto bilateral, en uno de los momentos más álgidos de las relaciones entre Uruguay y Argentina, como fueron los primeros meses de 2006. Oliván viajó a Fray Bentos para escuchar la opinión de los pobladores sobre el conflicto y de ahí se llevó una reflexión que recuerda: "Un hombre me dijo que los uruguayos creen en sus gobernadores porque están seguros que cuando ellos promueven algo es para el bien de su pueblo, mientras que los argentinos no confían en sus políticos". Esto la llevó a pensar porqué los argentinos desconfían tanto de las personas que votaron un tiempo antes: "Los uruguayos no pensaban que la papelera se construía para que ellos se mueran. En Argentina, en cambio, parece que el negocio es ponerse siempre contra del gobierno".